Para potenciar el desarrollo, la especialización y el posicionamiento internacional de uno de los productos estrella del sector ovino nacional, hace 10 años se creó el Consorcio Regional de Innovación de Lanas Ultrafinas del Uruguay (CRILU). En 2010 los productores, la industria y la ciencia se aliaron para iniciar un proceso con desafíos, oportunidades y logros que fueron analizados en radio por el Ing. Agr. (PhD.)

Fabio Montossi, investigador del Programa de Investigación en Carne y Lana del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
El CRILU es una alianza público-privada conformada por representantes de la Sociedad de Criadores de Merino Australiano del Uruguay, el INIA, la industria
textil-lanera y empresarios del sector privado. Busca coordinar y complementar capacidades para promover el desarrollo sostenible de la producción, industrialización y comercialización de lanas ultra-finas uruguayas.

«La palabra consorcio representa lo que se buscó desde el principio con el CRILU: que los productores estuvieran presentes desde el momento cero. Eso también determinó el modelo de cogobernanza y de co-financiación que tiene. Veníamos de 20 años de muchos cambios y en 2010 fue necesario definir el rumbo que queríamos para el rubro ovino y eso implicaba innovar con un modelo de trabajo conjunto entre instituciones públicas y privadas», señaló Mon-tossi.

El investigador explicó que el sector ovino en Uruguay se desarrolla en zonas de basalto que tienen suelos marginales donde no se pueden plantar cultivos, ni hacer forestación. En este sentido, destacó que «los productores supieron encontrar un nicho para las ovejas en esas áreas que ocupan el 25% del territorio nacional y desde el Consorcio tuvimos que generar tecnologías y soluciones que permitieran obtener un producto final de alto valor de esos predios».

Abocarse a las lanas ultrafi-nas fue un paso innovador, en la medida que se anticipó a las necesidades e inquietudes del mercado mundial. «Cuando comenzamos a trabajar recién se avizoraban las primeras señales de que las demandas y tendencias en el mundo se inclinaban hacia las lanas ultrafinas. De cierta forma, nos adelantamos», subrayó.

Con resultados palpables, la década de trabajo del CRILU ha permitido que las lanas ultrafinas uruguayas sean «cada vez más cercanas a la seda» y que se diferencien por «procesos de producción que respetan valores y buenas prácticas, como el bienestar animal». «Los consumidores premium ya no compran un
producto, compran una experiencia. Eso es lo que ofrecen nuestras lanas con los procesos productivos que tienen detrás», dijo Montossi.

El experto también valoró que, a pesar de que el sector lanero uruguayo pasó de producir 80.000 toneladas a 23.500 toneladas en los últimos 22 años, las
lanas más valoradas por el mercado, que son las inferiores a 18 micras de finura, fueron en aumento, pasando de 3.200 toneladas a 7.500.

«Esas lanas no existían en Uruguay y ese crecimiento exponencial que tuvieron no fue aleatorio. Estuvo apoyado en el trabajo del CRILU y en un cambio en la
lógica productiva y de mercado.

En base a una evaluación independiente se estimó que, a nivel de los beneficiarios directos, los proyectos Merino Fino del Uruguay y el CRILU en un periodo
de 20 años generaron 50 millones de dólares y eso tuvo un efecto ola sobre el resto de los productores y la industria textil-lanera nacional», resaltó Montossi.
Sobre el final, el investigador se mostró optimista sobre el futuro. «La lana sigue siendo uno de los productos del top 10 de exportación del Uruguay y el rubro ovino tiene al menos una tradición de 400 años en el país.

Hacia adelante vienen tiempos disruptivos que van a requerir flexibilidad y adaptación a los cambios, y ningún sector de la economía nacional va a ser ajeno a
eso. El caso del CRILU es una linda historia para contar porque, en cierta medida, nosotros entendimos esto y nos fuimos reinventando en el proceso», concluyó.



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