Argentina registró en febrero una suba inflacionaria de 4,7 %, mientras que los efectos de la guerra en Europa comienzan a verse reflejados en productos de consumo básico como el pan.

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, ha anunciado que se dispone a librar desde este viernes una «guerra contra la inflación», un problema que el Gobierno no ha logrado resolver a pesar de la serie de medidas que ha activado, lo que pone en jaque al bolsillo de los asalariados. 

De hecho, el Índice de Precios al Consumidor (IPC), elaborado por el Instituto de Estadística y Censos (Indec), registró en febrero un alza del 4,7 % y acumula el tercer mes de incremento, alcanzando el 52,3 % interanual

El dato es menos alentador si se tiene en cuenta que el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania ya impacta en el precio de los alimentos y los combustibles en todo el mundo, algo de lo que no está exento este país. En particular, el rubro de alimentos y bebidas tuvo el mayor impacto inflacionario el mes pasado (7,5 %). 

El presidente enunció este martes su compromiso de plantear batalla a la subida precios en un acto oficial, media hora antes de que se publicaran las cifras del Indec. El hecho de que el mandatario evocara el viernes como fecha de inicio se explica por una sencilla razón: el día anterior se definirá en el Senado la autorización del Congreso al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para reestructurar la deuda de 44.500 millones de dólares tomada por la gestión de Mauricio Macri (2015-2019), otro escollo que impide la recuperación. 

«Espero que esta semana podamos empezar a poner en orden el tema de la deuda, y prometo que el viernes va a empezar otra guerra, la guerra contra la inflación en Argentina», dijo Fernández, al tiempo que aseguró que va a «terminar con los especuladores». 

Según el presidente, los efectos que causa el conflicto bélico europeo no llegan al país «en forma de balas», sino que lo hacen bajo la forma de «complicaciones económicas».

«Quisiéramos que eso no nos pasara ahora, porque nos cuesta mucho recuperarnos», indicó el presidente, recordando que el Frente de Todos ha heredado la inercia inflacionaria que dejó el macrismo tras haber gobernado el país «sin guerra y sin pandemia». 

Medidas que no alcanzan

En cualquier caso, las declaraciones del líder peronista no calman los ánimos en la población, teniendo en cuenta que hasta ahora las estrategias de la Casa Rosada para contener la subida de precios, en especial de los alimentos, no han dado resultados.

Desde la Secretaría de Comercio Interior, que dirige Roberto Feletti, se han puesto en marcha o se han actualizado diversos programas de control como Precios Cuidados, Cortes Cuidados, Vuelta al Cole, entre otros. Se trata de una serie de canastas de consumo masivo que pretenden ser un ancla y una referencia para el resto de los precios en el mercado.

En una reciente entrevista con el canal Net, Felletti afirmó que el Gobierno ya está trabajando para que el aumento de los precios internacionales, entre ellos el del combustible, derivado de la operación Rusia en Ucrania, no presione sobre los locales.   

La tarea parece un tanto difícil, ya que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), tanto Ucrania como Rusia «proporcionan el 19 % del suministro mundial de cebada, el 14 % del trigo y el 4 % del maíz». Para el organismo, este contexto puede provocar una crisis alimentaria a nivel mundial.

Desde que se iniciaron las operaciones rusas en Ucrania, el precio del trigo se elevó un 60 % en 15 días, lo que tenido repercusiones en Argentina. En febrero, el kilogramo de pan subió un 25 % y, recientemente, los productores reportaron al medio El Destape que la bolsa de harina está llegando con subas de hasta el 100 %, lo que en pocos días se verá reflejado en el precio final que paga el consumidor, que actualmente promedia los 300 pesos (2,75 dólares). 

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Peor para los que menos tienen

En este contexto de crisis post pandémica, el sector de la población que más sufre estos daños colaterales es el más humilde. 

El titular de la organización Consumidores Libres, Héctor Polino, indicó que la disparada internacional de granos es para Argentina positiva por un lado, pero negativa por el otro. «Esto es beneficioso para el país, porque exportamos soja, trigo, maíz y permitirá el ingreso de mayor cantidad de dólares», señala, aunque advierte que estas ganancias extraordinarias que benefician al sector agroexportador «generan un aumento de los precios locales». 

El especialista dijo a Radio Nacional que el principal problema radica en que cuando se modifican las causas que posibilitaron un aumento de precio, éste no vuelve para atrás. «Estamos ante una situación muy complicada, con mucha especulación. Y los que terminan más perjudicados son los de menores ingresos», añade.

Por lo pronto, la Casa Rosada analiza un paquete antiinflacionario que se podría lanzar en los próximos días y que podría incluir la ampliación de precios cuidados por sectores para garantizar la producción; precios máximos para productos de primera necesidad, como la harina; así como llevar el tributo que se paga por la exportación del aceite y harina de soja del 31 al 33%, para subsidiar el precio de la harina de trigo y del maíz. 





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