En CTI siguen viendo mayoría de pacientes sin vacunas y no creen que la nueva variante impacte.

por Clara Lussich | El País

Los centros de terapia intensiva en Uruguay han vuelto a la normalidad. Después de casi cuatro meses de ingresos y fallecidos diarios por COVID-19 en la inmensa mayoría de los CTI, los intensivistas ahora bajaron sustancialmente su ritmo de trabajo y ver a un paciente que ingresa por el virus está comenzando a ser una rareza. Hubo 356 nuevos casos ayer, un récord para los últimos meses, y hasta el momento son 20 los internados en CTI a causa del COVID. El número es mínimo si se compara con los 587 que llegaron a ser en junio, pero viene en aumento.

Sin embargo, el miedo de volver a vivir lo mismo está en el personal de la salud que trabajó durante los meses de marzo, abril, mayo y junio, y hoy hay una amenaza que tiene nombre de letra griega: la variante Ómicron.

La evolución de la pandemia en las últimas semanas viene en ascenso. Esta semana hubo un promedio de 256 casos diarios y la semana pasada el promedio fue de 238. “Se ve cómo día a día los casos superan los 200. Ahora ya estamos siempre rondando los 300. Se trata de un aumento sostenido y es cierto que hay mucha gente en cuarentena o esperando un hisopado. También buena parte de los infectados padecen la enfermedad de forma leve con muy pocos síntomas”, dijo a El País el infectólogo Eduardo Savio. Según el especialista, es posible que la Ómicron ya se encuentre en Uruguay “y aún no se haya detectado”. “Estamos caminando hacia un ascenso tal como se dio en otros países al principio”, advirtió.

En cambio, el virólogo Santiago Mirazo explicó que a partir de que “es muy difícil secuenciar los casos en tiempo real”, la probabilidad de que ya haya casos de Ómicron “existe, y si no está al doblar la esquina”.
Para el virólogo, dado el aumento de los últimos días es “esperable” tener pequeñas subas en los casos “en un contexto de endemoepi-demia” como el que atraviesa Uruguay.

 

COVID en CTI.

A pesar de la nueva etapa de la epidemia, en el CTI de la mutualista Casmu se vive un clima agitado el viernes por la mañana. Se escuchan muchas voces todo el tiempo que se intercalan con pitidos de los res-piradores, máquinas que miden el pulso y otras para la presión. En esta parte del hospital hay 12 camas, y cuatro están ocupadas por pacientes COVID. “Probablemente sea el único centro que hoy tiene a tantos positivos”, explica el médico intensivista Julio Pontet, que además es presidente de la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva que se ocupó de dar los reportes de ingresos, altas y fallecidos durante toda la ola de 2021.
Este viernes Pontet está sereno. Es un día normal de trabajo para él, a pesar de que las enfermeras entran y salen de las cabinas en las que están los pacientes con una velocidad casi atlética.

“Durante todo el tiempo que estuvimos charlando ya habríamos lamentado algún fallecido si esto fuera abril o mayo; también habrían ingresado dos o tres y más de uno habría hecho un paro cardíaco”, dice Pontet levantando las cejas por encima del tapabocas, después de un recorrido de 40 minutos por la unidad.

De los cuatro pacientes internados en el CTI del Casmu por COVID-19, hay tres que no están vacunados. “El que sí lo está es el único que no fue intubado”, explica Pontet y agrega: “Eso no es ninguna casualidad”. Hoy son solo cuatro, pero en esta misma unidad llegó a haber 50 pacientes a causa del virus hace algunos meses.

El presidente de la SUMI señala con las dos manos a los pasillos del CTI y dice que “esto es un lujo total”, mientras el hijo de uno de los internados por COVID se sostiene la cabeza al escuchar el diagnóstico que le da la doctora que trata a su padre. Al terminar de hablar con ella le colocan todo el equipo de protección necesario para acercarse a él. Tapabocas N95, otro por encima, una bata azul para cubrir su ropa, zapatines sobre sus championes y guantes. Con eso, entra a ver a su padre que ahora está inconsciente y necesita de un respirador mecánico para sobrevivir.
“Estamos en un período de transición en cuanto a la presencialidad, dejando ingresar a los familiares a las unidades”, explica el médico y cuenta más de una anécdota sobre las malas noticias que tuvo que informar a través de un teléfono durante “el casi colapso” del tercer nivel de atención en Uruguay.

La situación ha cambiado, de eso no hay duda. Pontet cree que son tres los factores que dieron calma a los CTI: el entrenamiento que tienen los médicos con la enfermedad, el conocimiento de los protocolos y el manejo de los pacientes y, lo más importante, la cobertura de vacunación. Ahora, más del 80% de los pacientes en terapia intensiva infectados con el virus no están vacunados y, aunque no se les pregunta el motivo por el que prefirieron no hacerlo, Pontet sostiene que en muchos casos son pacientes “que podrían no haber ingresado” con vacuna. Al preguntarle si siente algún tipo de impotencia tratando a este tipo de pacientes, subraya: “No los juzgamos porque ese no es nuestro rol. Pasa lo mismo con un persona que ingresa por un intento de suicidio. No somos quién para determinar si actuaron bien o mal”.

Lo que se espera.
Viendo lo que sucedía en Europa al comienzo de la pandemia, Uruguay pudo prepararse un poco mejor que el resto del mundo para el horror. Hoy, el viejo continente parece haber retrocedido y la nueva variante está empezando a tomar los hospitales y, específicamente, los cuidados intensivos. Si bien entienden que Ómicron es una amenaza para la situación sanitaria general, los científicos locales no se asustan por lo que pueda ocurrir en los CTI. El motivo son los no vacunados. Países como Alemania tienen a un 30% de su población sin vacunar, mientras que Uruguay ostenta un 5% -si se excluye a los menores de 11 años, que aún no están habilitados para hacerlo- y esa seguramente sea la clave para que el caos de Ómicron no llegue al tercer nivel de atención, tal como ocurrió con Delta.

MSP busca dar más refuerzos
El Ministerio de Salud Pública (MSP) se ha fijado un objetivo muy claro: aumentar la cobertura de terceras dosis. La cantidad de refuerzos parece no aumentar con el paso de los días y la cartera sabe que allí está la principal arma que tiene Uruguay para combatir a la variante Ómicron. Hasta el momento, el 41% de la población se vacunó tres veces contra el COVID-19. “Uruguay necesita aumentar su vacunación con terceras dosis”, dice el último aviso publicitario del MSP.



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