Se busca entender por qué la dolarización persiste en algunos sectores y «ver si hay algo que podamos hacer»

Además de iniciativas tributarias y regulatorias para incentivar la desdolarización de precios y del ahorro, desde el Banco Central (BCU) se entiende importante
atacar a la «dolarización cultural». El gerente de la Asesoría Económica de la entidad, Gerardo Licandro, explicó que hay «un problema de coordinación», ya que
«hay una alternativa que es mejor, pero nadie tiene incentivos para cambiar de forma individual». Si bien el camino es hacia una economía menos dolarizada, se
aclaró que el objetivo no es que el billete verde desaparezca, ni ir hacia la prohibición, ya que el dólar tiene un rol que jugar en la economía

«Tenemos dólares en la cabeza», sostuvo el gerente de la Asesoría Económica del BCU, Gerardo Licandro. Esa frase refleja una realidad de Uruguay, algunos precios -en especial los de rubros de alto valor- están representados en dólares y a nadie se le ocurriría fijarlos en pesos uruguayos. Vehículos, inmuebles,
electrodomésticos, viajes, son los casos más frecuentes, pero la lista es bastante más amplia.

Esa «dolarización cultural» es una de las principales cuestiones que se precisa atacar en el marco de la política de desdolarización que ha iniciado el BCU, según comentaron técnicos de la entidad durante una reunión con periodistas especializados en economía de la que participó CRÓNICAS. Este encuentro forma
parte de las más de 40 reuniones, eventos, seminarios que se han realizado desde el BCU con distintos actores claves de la sociedad para avanzar en el objetivo de lograr una «moneda de calidad».

Al igual que en otras oportunidades, Licandro insistió en el argumento de que una inflación elevada y una alta dolarización de la economía afectan al crecimiento de largo plazo del país, y representa un costo importante para los sistemas financieros y las empresas.

«La dolarización compite y afecta el mercado en pesos» y «genera ineficiencia para las empresas» ya que se asume endeudamiento en una moneda que ante
shocks externos negativos se aprecia, incrementando su endeudamiento «en el momento que le va peor».

Ni bobos, ni conspiradores Licandro reconoció que entre las cosas para hacer, «lo primero pasaba por la política monetaria» y así se realizaron importantes
cambios, como la modificación del instrumento de política monetaria volviendo al uso de la tasa de interés, el incremento de la frecuencia de las reuniones del Comité de Política Monetaria y una mayor «transparencia» en la comunicación del BCU.

Pero también era necesario trabajar sobre tres factores: la dolarización de precios, la dolarización del ahorro y la dolarización cultural.

Como se comentaba al inicio de la nota, la dolarización de precios trata de que los valores de muchos productos y servicios se fijan en dólares, fundamentalmente aquellos de mayor valor. Relacionado a ello, hay una «dolarización del ahorro», que si bien tuvo una reducción importante (principalmente luego de la ley de inclusión financiera), sigue siendo una «asignatura pendiente» ya que un 80% del ahorro se encuentra nominado en dólares.

Pero un punto destacado por las autoridades del BCU fue el de la «dolarización cultural». Licandro comentó que se trata de «un problema de coordinación», ya
que hay una alternativa que es mejor, pero nadie tiene incentivos para cambiar de forma individual.

«No nos dolarizamos porque somos bobos o conspiradores malvados, simplemente hay acciones individuales que nos están llevando a resultados que no son buenos».

De hecho, agregó que en la mayoría de las conversaciones con los actores sociales se reconocen los beneficios que tendría una desdolarización de la economía, sin embargo, nadie lo hace porque «no hay incentivos». Por ese motivo, en las reuniones mantenidas se apuntó, por un lado, a «convencer a los operadores de la bondad del cambio», pero también para «entender por qué la dolarización persiste a nivel de los sectores y ver si hay algo que podamos hacer. La idea es que de la charla surjan incentivos para que –una vez que la inflación haya bajadopoder generar esto», subrayó.

Desde el BCU reconocen que la desdolarización «no va a ser total», ya que el billete verde «tiene un rol en la economía», ya sea para los exportadores o para el
ahorro en las familias, donde a diferencia de lo que ocurre con las empresas, en caso de shocks externos contar con ahorro en dólares representa una ventaja.
«No queremos que desaparezca (el dólar), ni estamos intentando prohibirlo. Sin entrar en polémica (…) queremos decir que esto no es Argentina», subrayó.

Incentivos Licandro explicó que en todas las reuniones que se mantuvieron, siempre está presente la falta de confianza en la moneda local, los
niveles de inflación, lo caro del crédito en moneda nacional y el costo de las coberturas cambiarias. También se proponen cambios en las compras públicas y en
la comunicación que realizan los distintos organismos estatales.

Desde el BCU se remarca la importancia de continuar la senda de bajar la inflación, ya que ello por sí mismo desdolariza la economía, aunque lo hace de forma
«lenta y gradual». En ese sentido, el trabajo actual de la entidad apunta a apurar ese proceso dando incentivos a los agentes del mercado.

Además de mantener la agenda de reuniones con los distintos actores involucrados, se modificarán los comunicados del BCU, dando una mayor importancia al
peso uruguayo (por ejemplo, se podría expresar el PIB per cápita mensual en pesos), y se planificará el diseño de instrumentos «pensando algún tipo de producto para los sectores paradigmáticos» (vehículos e inmuebles).

Por ejemplo, una opción sobre la mesa es la de un plan para la compra de automóviles de baja gama en pesos. Otras modificaciones que se
analizan son de carácter tributario, como la aplicación del IRPF a las rentas al capital, que si bien ya tienen un diferencial entre la tasa en moneda nacional (7%) y
extranjera (12%), como se calcula en base a tasas de interés y las tasas en dólares están cercanas al 0% y en pesos en un 10%, en definitiva termina pagando más impuesto en moneda nacional.

También se analiza la posibilidad de aplicar cambios al IVA sobre los créditos al consumo.

Dos índices para medir el avance de la pesificación En el camino trazado para desdolarizar la economía, el BCU presentó dos indicadores que
apuntan a medir los avances en esa dirección: el Índice de Avance de la Pesificación (IAP) y el Índice de Riesgos Asociados a la Dolarización (IRAD).

Según se explicó desde el BCU, el IAP permitirá evaluar eventuales logros en la reducción de la utilización del dólar como moneda en la economía uruguaya, midiendo la participación de la moneda nacional en la actividad económica.

Por su parte, el IRAD mide los potenciales riesgos a la estabilidad financiera derivados de la dolarización. Este índice se basa en cuatro componentes que se
elaboraron usando información disponible al público como son el descalce bancario; el de los hogares; el de las empresas; y el descalce del sector público.
Crónicas Nº 2019



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