Por Gonzalo de León
@GonzaaDeLeon19
La población uruguaya es, en su gran mayoría, descendiente de europeos. Españoles e italianos, sumados a algunos portugueses, son las principales descendencias que hay en el país, pero, por supuesto, hay excepciones.
Uno de esos asteriscos en los datos pertenece al protagonista de la historia de hoy, que tiene madre uruguaya y abuelos españoles e italianos, pero su padre es bielorruso. Él es Bruno Lemiechevsky.
Este delantero, nacido hace 31 años en Montevideo, creció en el barrio Las Acacias, “cerca de la cancha de Peñarol”, e hizo baby fútbol en la Sagrada Familia. Hasta que, a los 10 años, se mudó a España junto a su familia.
Vivió en Cerdanyola del Vallès, pueblo ubicado muy cerca de Barcelona, y jugó al fútbol formativo en el club del nombre homónimo, además de hacerlo luego en UD Molletense y Vilassar de Mar.
“Con 15, 16 años, ya jugaba con el primer equipo”, recordó Lemiechevsky en diálogo con FútbolUy.
Su sueño era dedicarse al fútbol, y con 19 años viajó a Bielorrusia junto a su padre y su tío para conocer el país y, “entre broma y broma”, le ofrecieron “hacer una prueba en un equipo de Primera División”.
“Fui en octubre o noviembre, entrené una semana y me dijeron que vuelva en enero para hablar del contrato”, contó. Y es así como en 2016 firmó con el Slavia Mozyr.
“Conocía el pueblo donde había vivido mi familia, pero donde fui a jugar no conocía nada. La familia por parte de mi padre habla en ruso y yo, sin embargo, no sabía decir nada, solo gracias, chau y por favor”, detalló.
Nada más llegar, “el entrenador [les] hacía correr en la mañana alrededor del hotel a -20 grados”.

Bruno Lemiechevsky jugando en Slavia Mozyr de Bielorrusia. Foto: Instagram @brunolm24
Era “un club profesional”. “Tenían todo: médico, fisio, gimnasio, sauna, piscina de agua fría. Entrenábamos todos los días. Nos daban todo lo que necesitábamos: ropa, medicina, complementos”, comentó.
La liga bielorrusa “era muy física”. Siempre salen jugadores buenos, pero los venden enseguida. Los seis primeros equipos son los más fuertes y hay estadios muy buenos”, aseguró.
Con respecto a la vida en el país que pertenecía a la Unión Soviética, indicó: “En los momentos que hace mucho frío, tenés pocas actividades para hacer y poco contacto con la gente, por eso son muy fríos. En invierno no veías a nadie en la calle”.
“La gente es súper amable, me trataron de diez. Desde el primer día que llegué, los vecinos se me acercaban y me decían ‘¿necesitás esto?’, ‘¿necesitás lo otro?’, ‘cualquier cosa me llamás’. Son muy humildes y viven tranquilos”, afirmó.
“A mí me gustó mucho. Hay que tener la mente abierta y adaptarse a las culturas. Me adapté rápido, tuve compañeros que me ayudaron mucho”, apuntó sobre su experiencia.
Sin embargo, en 2018 “quería cambiar de aires, probar otras cosas”. “Me salieron ofertas de España para jugar en Segunda B [Tercera División], entonces eso te hace pensar, pero no salieron como quise y, al final, quedé un par de meses sin equipo”, mencionó.
Agentes le “ofrecieron cosas que no se cumplieron”. Pero, tras unos meses parado, entrenándose solo, le llegó una propuesta del FK Atlantas Klaipeda, de la Primera División de Lituania.
“Estaba en Barcelona entrenando por mi cuenta y me llamó un agente ucraniano que me había visto jugar. En ese momento estaba parado y decidí ir”, recordó.
El club “era un poco descoordinado, no era muy organizado”. “Tuvimos problemas de pagos”, contó. Lemiechevsky solamente jugó un semestre durante el 2018 y en 2020 el equipo desapareció.
La liga bielorrusa “es más” que la lituana. “El nivel estaba bien, pero no había tanta competencia”, comentó.
Sobre su experiencia en Lituania, señaló: “Siempre pienso en positivo. Del uno al 10, un seis, un siete, porque al final jugué y cobré, aunque con retraso. Conocí estadios y ciudades nuevas. No sé si volvería a ir, pero tampoco es que la sufriera demasiado”.
“Sentí como que la gente era más fría, alejada. No sentí el mismo trato que en Bielorrusia, nadie te da una mano”, dijo, y mencionó que la ciudad de Klaipeda es “turística” porque “tiene mar”.
Para 2019, decidió cambiar de aires y recaló en el Kramfors-Alliansen, de la Quinta División de Suecia.
“No me salía nada y yo estaba buscando volver a Bielorrusia o ir a algún país del este. Me llegó esa con un dinero aceptable y, para no estar entrenándome solo, decidí ir y conocer un sitio nuevo”, relató.

Bruno Lemiechevsky jugando en FK Atlantas Klaipeda de Lituania. Foto: Instagram @brunolm24
“El nivel era bajo, amateur. Ya no se entrenaba todos los días, pero me pagaban puntual”, dijo de la liga, en la que estuvo solamente un semestre.
Vivía en un pueblo en el que “no había casi nada, una cafetería y poco más”, pero que “era lindo”. “El idioma no lo aprendí, hablaba en inglés. No me dio tiempo a adaptarme”, aseveró.
“No me arrepiento de haber ido porque capaz que si me quedaba en casa no me salía ninguna oferta”, comentó.
Y tras esa experiencia, “a base de unos contactos”, le surgió la oportunidad de ir a jugar a Andorra. Primero lo hizo en Sant Julia, donde tuvo “un año muy bueno” y fue parte del equipo ideal de la temporada, y luego en Inter Escaldes, con el que disputó una fase previa de la Champions League.
“Me dieron apartamento y comida. No se entrenaba todos los días, pero nos daban gimnasio. Querían mejorar la situación del club”, dijo sobre su primer año.
En Inter Escaldes estuvo dos temporadas y jugó competiciones internacionales: “Es un premio por todo el trabajo que hacés. Quién me iba a decir que iba a estar jugando una fase previa de Champions después de todo lo que pasé. Todo el trabajo que uno hace, entrenar bien cuando no tenés equipo, el sacrificar muchas cosas… el premio es ese”.
“Se habla en catalán y español, y la vida es la misma”, detalló sobre su experiencia, y recordó: “Tuve la suerte de ir con un amigo de la infancia; jugábamos y vivíamos juntos”.
Al igual que en los otros países, jugó con frío, pero en este caso no bajaba más de -5 grados: “Me cuesta más el calor que el frío”.
A comienzos de 2021, optó por retornar a España y firmó con el CP Villarrobledo, que estaba en Segunda B (Tercera División), y meses más tarde bajó una categoría para jugar en el CD Santanyi de Mallorca.
“En Segunda B jugué contra el segundo equipo del Atlético Madrid y Getafe. El nivel era muy alto, sobre todo técnicamente. Tácticamente, los equipos estaban bien trabajados”, rescató sobre su pasaje de un año y medio por el fútbol español.
Luego de esa experiencia, decidió nuevamente salir y recaló en Italia para jugar en Li Punti, un club de la isla de Cerdeña que compite en Eccellenza, la quinta categoría.
Allí estuvo una temporada y luego se cambió para el Calangianus y un año más tarde para el Tempio, en el que se mantiene hasta hoy en día e iniciará su segunda campaña; también es de Cerdeña y Eccellenza.

Bruno Lemiechevsky jugando en Inter Escaldes de Andorra. Foto: Instagram @brunolm24
“Es un nivel parecido” al de España. “Hay equipos que tienen un poco más de dinero y levantan el nivel. Hay clubes más y menos organizados. En el que estoy yo es muy organizado. El primer año vine a un club más humilde”, remarcó.
Donde vive es “muy lindo”. “La cultura es como en España, así que la adaptación fue fácil. Se vive bien, hay mucho turismo porque acá están algunas de las mejores playas de Europa. La gente es muy amable”, señaló.
Contó que llegó a jugar hasta con “36, 38 grados”.
Consultado sobre su situación laboral en el ascenso italiano, comentó: “Por suerte, vivo del fútbol. Hay gente que igualmente labura. En mi equipo, pocos. Los grandes viven todos del fútbol, menos uno o dos que tienen la mañana libre y aprovechan”.
Añadió que siempre se dedicó “100% al fútbol”. “En Bielorrusia no te dejaban, todos tenían su sueldo. En Lituania lo mismo. En Andorra sí que te dejaban, sobre todo a los andorranos; a los que vienen de afuera ya con el fútbol les da”, ahondó.
“En Andorra estuve tres meses trabajando, pero no fue por el sueldo, sino porque mi compañero decidió trabajar y, para no tener las horas vacías, decidí trabajar, pero a los dos o tres meses lo dejé”, recordó.
Bruno se refirió a las hinchadas que conoció en cada país en el que jugó: “En Bielorrusia hay buena pasión, pero no es el deporte número uno. En Andorra y en Mallorca no hay nada de pasión por el fútbol, pero en el equipo que estoy ahora sí hay”.
Los futbolistas uruguayos, “si pueden y tienen la oportunidad de conocer el mundo y ver cómo son las otras ligas, lo recomiendo al 100%”, comentó sobre las ligas en las que estuvo.
Y cerró con una reflexión: “Que la gente, cuando vaya a otros países, tenga la mentalidad abierta. Que no se olvide de su cultura, pero que disfrute conociendo otras”.
Por Gonzalo de León
@GonzaaDeLeon19