Cuando uno cree que ha visto todo, siempre hay algo más. Este gobierno no deja de sorprendernos. En todos los campos. Prohíbe el acceso a los actos de la muerte de Artigas salvo a los dirigentes del Partido Nacional. Canta autoloas a su éxito en la ONU y nos enteramos de que no participó (y boicoteó) la Conferencia Mundial Contra el Racismo.

Con ello Uruguay viola una tradición de 20 años. Es más, es la primera vez que no va y el único país de América Latina que no fue. El único. ¡Uruguay! La reunión, en la que la delegación uruguaya se negó a participar, se realizó en conmemoración de los 20 años de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y toda Forma Conexa de Intolerancia.

Hace dos décadas, bajo presidencia de Jorge Batlle, se celebró la primera conferencia, en Durban, luego se ha conmemorado año tras año. Por primera vez, Uruguay no va, pero además anuncia que hará gestiones para procurar su fracaso. Quedó solito. Así venimos: vendemos la imagen de un país que se inserta en el mundo y vamos quedando cada vez más solos. Ahora en el tema del racismo.

Como en lo interno la LUC, nuestra diplomacia muestra un mundo al revés. La razón de no ir a la conferencia contra el racismo es “luchar contra la discriminación”. Parece ser que tras 20 años de aquella histórica conferencia en Durban, ahora, la nueva diplomacia descubre que la misma tuvo ingredientes racistas.

Es propio de este gobierno que todo lo de antes estuvo mal. Obviamente todo lo que viene de gobiernos del Frente Amplio. Pero ahora resulta que se equivocaron Jorge Batlle, Mujica y Tabaré: creyendo  defender los derechos humanos y condenando el racismo lo defendían y atacaban los derechos consagrados en diversas convenciones internacionales. Lo descubrió Lacalle.

Se equivocaron Opertti, Gargano, Gonzalo Fernández, Pedro Vaz, Almagro, Nin Novoa y Talvi. Tuvo que llegar Bustillo para que con su experiencia diplomática descubriera que luchar contra el racismo es un acto racista. ¿O será que Uruguay está perdiendo independencia y soberanía? Porque hay tres países que se opusieron: EEUU, Israel y Uruguay.

Porque es raro que el anuncio en Nueva York, el presidente y su canciller no lo hicieron en la ONU, sino en la sede de un organismo no gubernamental, vinculada a un poderoso lobby en el país del norte. El argumento es que se buscaba discriminar en forma racista al Estado de Israel. Si fuera un esfuerzo que implicará un racismo antijudío, yo no lo apoyaría, creo que no hace falta probarlo.

Fui presidente de la Asociación Uruguaya contra el Racismo y el Apartheid; presidente en Uruguay de la Comisión pro Refusniks; negocié junto al presidente del Comité Central Israelita, Pedro Sclofsky, con el canciller soviético Eduard Shevardnadze la salida de la URSS de casi un millón de judíos hacia Israel. Recibí el Premio Jerusalem en 1997. No compartir mis ideas se puede, pero de racista nadie me puede acusar. Nadie.

Se ha lanzado una impresionante una impresionante campaña de marketing internacional para sostener que la Conferencia de Durban estaba pensada contra Israel. Falso. Por más vueltas que se le de, se lean y relean aquellos documentos, no hay una frase, un punto o una coma que pueda ser sesgada hacia país o etnia alguna. No hay modo de sostener seriamente que los documentos de la conferencia de Durban encerraban conceptos antisemitas, o mejor dicho antiisraelíes.

La Conferencia, de hace 20 años, se realizó en Durban, porque fue allí donde había sido detenido detenido, 30 años antes, Nelson Mandela iniciando sus 27 años de encarcelamiento. Obviamente estuvo presente en la conferencia. ¿Alguien puede creer que Mandela fuera racista? A ese punto ha llegado el delirio de nuestra diplomacia.

Que pena. No estaban preparados.



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