Históricamente, el rendimiento de los equipos futbolísticos uruguayos ha sido generalmente irregular, tan pleno de hazañas sorpresivas como de decepciones que cuesta explicar, lo que normalmente lleva a colocar un enorme signo de interrogación sobre las expectativas ante cada partido celeste.

Puede pasar cualquier cosa en mayor medida que con otros equipos más previsibles, menos hazañosos pero menos decepcionantes. Mucho hemos escrito sobre por qué los uruguayos prefieren jugar como no favoritos, como ‘punto’, que como favoritos o ‘banca’; lo atribuyen a ‘rebeldía’, aunque en realidad es un ‘buen negocio’ desde el punto de vista psíquico y psicosocial jugar como no favorito o punto que como favorito o banca: como punto hay más por ganar que por perder; como banca hay más para perder que para ganar; se arriesga más prestigio y autoestima jugando como banca que como punto; la abuela, el barrio y la prensa pueden criticar más lo perdido como banca; los ‘otros significantes’ se inclinan más fácilmente al elogio cuando se es considerado punto; más fácilmente a la crítica si se va de banca; se arriesga menos autoestima y prestigio como punto; es la posición psicosocialmente más cómoda y fácil para gente que, como los uruguayos, es tan dependiente de los juicios de los más próximos, aunque le cueste reconocerlo y quiera parecer independiente de esos juicios.

Da mucha pereza y trabajo tener que esforzarse contra alguien que no dará lucro por el esfuerzo de superarlo, pero que dañará mucho si no se supera; ganarle al favorito es totalmente lucro; no se arriesgará perder prestigio ni autoestima en ese partido en la misma medida como se lo hace cuando se es favorito. No hay tal ‘rebeldía’; es la máscara conveniente del cálculo de probabilidades respecto de lo que nos rendirá el papel de punto o el de banca, con la casi obvia preferencia por el de punto. Por eso, de punto, los uruguayos serán una jauría de sabuesos rebeldes que le querrán mostrar a quienes los creen punto que los otros no son tan banca; pero, como banca, querrán mostrar desidia o fingir que no se esfuerzan ante los punto, paralizados por el miedo a perder autoestima y prestigio en condiciones favorables; que la abuela, el barrio y la prensa se hagan un festín. Y, si no ganan sin mostrar esfuerzo, arriesgarán perder porque no podrán ya alterar su actitud para impedir el desastre como banca ante puntos. Uruguay enfrenta doble esfuerzo en partidos y torneos: la bondad de los ‘banca’, y su miedo a perder con los puntos, como banca.

Por eso Uruguay juega mejor ‘finales’ que partidos en series clasificatorias, donde todos los partidos se enfrentan rivales y ‘fantasmas propios’; Uruguay puede ganarle a Brasil en Río y perder el partido siguiente con Perú en Montevideo. Le convienen las finales a todo o nada, donde puedan no ser banca, como en las clasificaciones, situación que los aterroriza; como punto, pueden alimentar su perfil de épicos rebeldes, y evitar, escondiéndolo precisamente en ese ventajoso perfil, su complejo de ‘banca inseguro’.

Uruguay tiene esa virtud épica de ‘punto’ y esa debilidad vergonzante de ‘banca inseguro’; intenta esconder esa debilidad en aquella virtud; pero no puede: las estadísticas revelarán a ambas; el imaginario periodísticamente alimentado tratará de disimular la debilidad sobredimensionando la virtud; la gente ha tendido a creerse la narración periodística, anclada en las hazañas como ‘punto’, y desmemoriada de las decepciones como ‘banca’. Además, el lugar histórico del Uruguay (y de sus antecedentes territoriales) siempre derivó prestigio de sus hazañas como David, no como Goliat; de su lugar de ‘enano gruñón’ y principista, Artigas incluido. En realidad, a cualquier descendiente de judeocristianos y grecorromanos le acomoda más el papel de David, se identifica con él; en el caso de los uruguayos, esa identificación cultural profunda se nutre, además, de una particular experiencia histórica geográficamente anclada, en un espacio-tiempo extendidos.

 

Las ignorantes críticas al VAR

Hay ocasiones en que los periodistas deportivos, normalmente gente con poca formación general, pero mucha elocuencia comunicativa y cierto prestigio con sus audiencias, se ven llevados a hablar de temas que exceden lo estrictamente deportivo, temas donde su baja formación general y a veces sus coeficientes intelectuales adquieren particular gravedad en la formación de la gente común, que, equivocadamente, traslada la confianza que les tiene a los periodistas de lo estrictamente deportivo a esos otros temas (i.e. violencia en el deporte, deporte y pandemia, política deportiva, etc.); temas mucho más importantes para la vida social que la actuación de determinado jugador, un cambio del entrenador o un fallo arbitral; y sobre los cuales los periodistas deportivos saben mucho menos y a los que aplican también sus pobres herramientas discursivas. Con terrible influencia en la formación de la gente y desde su pobre calificación para hacerlo, creída como buena.

Pero no generalicemos excesivamente, ya que nos referiremos específicamente a la entusiasta cadena de ignorancias y falacias impunemente proferidas por quien comentó el partido Brasil-Ecuador desde Porto Alegre, por las Eliminatorias, el viernes 4 de junio de 2021, de noche (y que finalmente arrastró a su fanatismo anti-VAR a su relator, que si no concordaba con él, se peleaba). La frase que es el caballito de batalla para esa clase de sujetos es que el VAR “desnaturaliza al fútbol”. Jamás nadie le ha dado un contenido concreto a la expresión, pero a gente sin formación y que no razona mucho durante los partidos, esa frase le puede convencer retóricamente, por la vaga nube de sentido que trae el juicio. Veamos.

¿En qué el VAR desnaturaliza al fútbol? Y ¿en qué medida, si eso ocurriera, sería malo? ¿Cuántas desnaturalizaciones ha adoptado ya el fútbol con notorias ventajas para su realidad como deporte, como espectáculo, como actividad humana social? Más allá: ¿en qué medida, en todas las actividades, la humanidad ha superado la naturalidad de su ambiente y, mediante la ciencia, la técnica y la tecnología, la han autonomizado progresivamente de su hábitat natural?; ¿es el hombre, como dijo Marx, el único que ‘naturalmente’ domina progresivamente su ambiente natural, sin solo adaptarse funcionalmente a él, aquel que mediante la cultura y la civilización, se autonomizan-de y subordinan en parte a la naturaleza de la que provino? Demasiado para un periodista deportivo, quizás, pero no para que su audiencia pueda librarse de la influencia de quien monopoliza micrófonos y opiniones y se abusa de usted.

El VAR no desnaturaliza el fútbol. Solo ayuda a que las reglas que definen goles, penales, off-sides, expulsiones, y otras decisiones mayores en la naturaleza del juego, se definan con mejores medios para medirlas y para registrarlas, con lo cual las decisiones se vuelven mejor fundadas que sin ellas y más objetivamente sustentadas para todos.

También las lupas con las que se busca amplificar detalles inaccesibles a los ojos humanos naturales, son artificiales; lo mismo los lentes de sol con los que nos protegemos, los lentes amplificantes para leer, o los de distancia; o los mixtos. Son artificiales, pero nos permiten ver más y mejor, más confortablemente y resguardando nuestros sentidos. Los microscopios y luego los electrónicos documentaron un submundo micro de fundamental incidencia en nuestra vida; ¿y los telescopios y los vehículos espaciales que acercan los límites y el espacio-tiempo? Han desnaturalizado nuestro mundo?; ¿o más bien nuestra misión es humanizarlo desnaturalizándolo de su naturalidad prehumana, que debe desacralizarse para que podamos progresar más allá de esa naturalidad heredada? Nada menos natural que la pelota de fútbol, cada vez más sofisticadamente construida, con más combinación técnica de materiales elásticos. Pero cada vez trasladan mejor la intencionalidad del impacto, y varían menos según el clima. Nada menos natural que un campo de fútbol, que jamás crece así naturalmente en ningún espacio-tiempo. Y todos reclaman que no sean campos ‘naturales’.  ¿Y los zapatos de fútbol? ¿Y los entrenamientos para jugar especializadamente? Los deportes mismos son un modo antinatural de realizar actividades físicas que, naturalmente, eran actividades de supervivencia: correr, saltar, arrojar objetos, nadar, luchar, pelear. La cultura y la civilización las han transformado en otras cosas, simbólicamente diversas, una vez que esas funciones de supervivencia son sustituidas por otras actividades artificiales más eficaces. Naturalmente antinaturales, como toda la cultura y la civilización humanas.

Culpar al VAR de la anulación por adelantamiento del penal atajado a Neymar, cuando la culpa es de la regla y de su cumplimiento por el juez, es de gran ignorancia y falta de criterio al razonar, así como el VAR será de gran utilidad para que no vuelvan a ocurrir hechos como la anulación del gol del Cabecita Rodríguez para Uruguay contra Paraguay. Como toda la natural antinaturalidad humana.



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