Los compradores de los buzones que vende el gobierno pensarán que Uruguay está en el centro de las decisiones internacionales. En un mundo en guerra, Uruguay vota contra la invasión a Ucrania y a los pocos días, con la resolución ya impresa y repartida, cambia el voto. Patético. Ahora, además, desde el viaje Bustillo a Washington, aparecen señales de presión de EEUU.

Quienes, en cambio, cuestionamos la idoneidad del canciller en estos temas internacionales, nos preocupamos, no nos sorprendemos. La diplomacia oriental parece haber tomado el camino del marketing que preside el gobierno. Condena al comunismo en Cuba, lo felicita en China y está a la deriva y al margen de los grandes temas.

El gobierno, en pleno proceso inflacionario (9,5%), anuncia que en tres meses ajustará las pasividades entre 2% y 3%. Sigue criticando los 15 años que le precedieron, pero hasta ahora solamente ha inaugurado obras, presupuestadas, iniciadas y ejecutadas por el gobierno anterior.

Al canciller parecen cautivarle las reuniones con secretarios de Estado yanquis. Lleva visitados uno por año. Claro, fue a ver al de Trump, Mike Pompeo, cuando le quedaban días en el cargo. Ni siquiera tenía dónde anotar el nombre de Bustillo.

Hace pocos días visitó a Anthony Blinken. En plena guerra de Ucrania. Imagino la ansiedad que tendría el jefe de la diplomacia de Biden en reunirse con Bustillo, más allá de lo complejo de la agenda del jefe de la diplomacia. Las sanciones contra Rusia han tenido peores consecuencias en EEUU que en la sancionada: la peor inflación en los últimos 40 años.

El comunicado conjunto menciona la creación de una instancia de consulta bilateral anual. O sea, Bustillo podrá ir todos los años a ver 15 minutos al secretario de Estado. ¡Ah! Además felicitó a Uruguay por su peso en la OEA. No aclara si por su voto en el Consejo o por cuando se desdijo a posteriori.

Ahora, por algo lo recibió, algo querría trasmitir, además de agendar una reunión el año que viene. ¿Será China? Porque uno ve un cambio de marketing en esto, ¿no?

El Tratado de Libre Comercio con China ha sido el leit motiv de nuestra política exterior. Ya hemos pasado vergüenza con este tema. Antes de empezar la negociación, es menester firmar una carta de intención. O sea, una lista de los productos que cada país excluye de las normas generales del futuro tratado. Hemos dicho siempre que hay mucho de voluntarismo ingenuo por parte de Bustillo en los plazos anunciados. ¿Habrá convencido al presidente? ¿O fue al revés?

Tuve el honor de presidir la primera delegación uruguaya que viajó a la República Popular China, previo al establecimiento de relaciones. Me acompañaban, entre otros, Reinaldo Gargano y Luis Hierro López. China es una gran potencia. Pero para quienes nos apasiona el tema internacional, es materia de permanente estudio. Esta semana comencé a tomar un curso (Prof. Gabriel Quirice). Muy recomendable.

Ahora, algo raro está pasando con el tema del TLC con China. Justo empieza a hacer ruido a partir de la vista de Bustillo a Washington.

Siempre sostuvimos que los plazos que anunciaba el canciller eran irreales. Y lo fueron. Los chinos negocian manejando el tiempo con otro criterio. De hecho el propio ministro había dicho que se firmaba antes de fin de año. Luego dijo que en ese plazo, por lo menos, firmarían la carta de intención.

No firmaron ninguna de las dos cosas, ni antes de diciembre ni en los primeros cuatro meses del año. Y nadie explica qué pasó. Era una ingenuidad de novato haber pensado otra cosa. Pero ahora es distinto. Ahora, después del viaje a Washington, no se habla más del tratado. Viene el presidente de Ecuador a negociar un Tratado de Libre Comercio (¿?). ¿Cambiamos China por Ecuador?

El presidente de la Cámara de Representantes, Ope Pasquet, un calificado y serio estudioso de los temas, proclama que se opone a un tratado con China. Sostiene que tras la guerra de Ucrania no corresponde negociar con China. Como todo lo de Pasquet, se puede discrepar, pero sustenta con peso sus opiniones. Respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores: silencio.

¿Es una opinión personal?  Porque no es un socio cualquiera de la coalición. Por trayectoria y por su investidura. ¿Cambió algo tras la visita de Bustillo a Blinken? Si Bustillo no hubiera cambiado de opinión sobre el tratado, habría hablado.

¿Será que se dio cuenta de que no podía prometer cosas incumplibles? ¿O que ya, por presión foránea, no sirve acordar con China? Para EEUU 15 minutos al año con el canciller no es un alto precio para pagar un cambio de actitud ante China.

Ojalá esta vez sí nos equivoquemos. Pero hasta ahora los hechos siempre nos han dado la razón.



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