Hace poco más de dos semanas, con la situación aparentemente empantanada, Putin advirtió a occidente: «ahora van a ver cuánto significa para Rusia la seguridad». Pocos días después comenzaba una incursión militar rusa que, en unos días, llega a las puertas de Kiev. En columnas anteriores se analizaba el conflicto en su gestación. Hoy es posible tirar unas primeras interpretaciones, tanto desde el punto de vista político como militar, de lo sucedido hasta ahora.
Jorge Jouroff | UyPress

Los medios, sobre todo occidentales, se esfuerzan por presentar el conflicto como si fuese solo entre Ucrania y Rusia. Sin embargo, para comprender las raíces del conflicto hay que buscar tanto en razones históricas entre los dos países como en relaciones de poder a nivel internacional, en el marco de un reordenamiento del orden mundial y en la pérdida de hegemonía de Estados Unidos, y en su injerencia en el conflicto.
En ese marco, ya no es una guerra local, sino que Ucrania juega, lo haya querido o creído su presidente o no, el papel de peón en un juego mucho más complejo. Este juego involucra a Estados Unidos y sus aliados, fundamentalmente Europa y su expresión militar, la OTAN, a Rusia y, tangencialmente, a China. Es necesario comprender también que los aliados no forman un frente único, sino que tiene sus propios planes y aspiraciones, tienen contradicciones entre sí, pero la dinámica de los hechos y un objetivo superior los vuelve a unir. Esto vale tanto para Estados Unidos y Europa como para Rusia y China.

La historia
En primer lugar, una cosa es Ucrania como país y otra cosa son los ucranianos como etnia. El país, una definición política, administrativa y territorial, comprende varias etnias, como rusos, moldavos, ucranianos, etc. Pueblo eslavo, los príncipes de Kiev fueron fundadores de Moscú, y primeros gobernantes: Yuri Dolgoruky es reconocido tanto en Rusia como en Ucrania. Cuando se consolida el imperio ruso, los cosacos pasan al servicio del zar, con determinados privilegios.

Luego del triunfo de la Revolución de Octubre, y la toma del poder por los bolcheviques, Ucrania integra la Unión Soviética: una unión de repúblicas socialistas, con un gobierno central en Moscú. Por tanto, existiendo una unión supra repúblicas, el tema de las fronteras entre ella no era relevante, pues todas estaban en la Unión, bajo un gobierno central. Durante la segunda guerra, los nazis y en particular la inteligencia alemana, el Abwer, fomentaron, en base al nacionalismo, todos los odios que pudieron, y organizaron inclusive un ejército pro nazi con ucranianos anti bolcheviques y anti rusos, que reclamaban la independencia de Ucrania.

Incluso nombraron un comandante, Vlasov. La victoria del ejército rojo terminó con el tercer Reich y estos elementos, pero luego la derecha pro nazi resurgió, y por supuesto contó con el apoyo extranjero y gubernamental, como el batallón de Azov, por ejemplo.  Hoy estos nacionalistas están en el gobierno de Ucrania.  La caída de la Unión Soviética fue otro hito: Gorbachov inició una serie de cambios, desde arriba, que terminaron en un enfrentamiento entre Gorbachov y Yeltsin, quien utilizó su poder como presidente de Rusia para, junto con Ucrania, Bielorusia y Kazijistan, firmar la disolución del gobierno central de la Unión Soviética.

El gobierno central cayó por falta de recursos, y las repúblicas quedaron con las fronteras como estaban. Gorbachov propuso una Confederación de repúblicas, conservando un gobierno central con potestades sobre las fuerzas armadas y las relaciones exteriores, cosa que Yeltsin rechazó, creándose repúblicas independientes, con fuerzas armadas y política exterior propias.
Así, la política exterior pasó a estar determinada por el gobierno de cada república, y el gobierno dependiendo de la correlación de fuerzas internas. Los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) querían una rápida integración al occidente capitalista, que se aprovechó, y lograron la entrada al paraguas de la OTAN. El resto de los países, grosso modo, formó la CEI, una confederación de republicas con un pacto defensivo común.

El partido nacionalista ucraniano quería una integración a occidente, pero en la transición se pactó, con Estados Unidos, que no entraría en la OTAN, pues Rusia no podía permitir el emplazamiento de misiles contra su territorio por parte de una alianza contra Rusia. En un símil, sería como si Estados Unidos permitiera un emplazamiento en México, y todos sabemos lo que sucedió con la llamada crisis de los misiles en Cuba. A pesar de ello, Ucrania solicita su ingreso a la OTAN en 2008, es decir, hace catorce años. Porqué se lo considera ahora, y porqué Estados Unidos promete respaldo y provoca la reacción rusa, alimentando la confrontación: un factor clave a considerar en el análisis.

Otro factor clave es la elección de Zelensky, un actor cómico, no un político, como presidente de la nación. Este se apoya en los nacionalistas ucranianos, muchos de los cuales habían apoyado a los alemanes y tenían una política anti rusa. De allí surgen las persecuciones y conflictos en las provincias del Dombass, qué si bien pertenecen a Ucrania, tienen una población rusa de alrededor de cuatro millones de personas. En esa región se encuentran las dos repúblicas separatistas, Donetz y Lugansk, y es por allí por donde detona el conflicto.

Los primeros avisos
La caída de la Unión Soviética implicó también, de modo más amplio, el problema de las transiciones de una economía centralizada, dependiente del estado, a una economía de mercado. En otro plano, la formación de repúblicas planteó también las pautas de política exterior y conducción militar. Dicho de otro modo, en el actual estadio de mundialización de la economía, replantea también las alianzas políticas de los nuevos estados, su lugar en el orden mundial y las alianzas militares.
El sistema capitalista, contrariamente a lo imaginado por los liberales a ultranza, no se desarrolla «espontáneamente», sino que históricamente ha sido llevado de la mano de los estados más desarrollados; diplomacia, guerra y comercio han sido las dos caras de la misma moneda.  Y para ello hay que pensar una estrategia.
La caída de la Unión Soviética dejó a Estados Unidos co-mo potencia dominante, pero no la única. Se plantea entonces el problema de cómo integrar entonces estas economías, pero manteniendo el liderazgo de occidente, en particular Estados Unidos. Es decir, planteaba un problema estratégico, político y militar.
Es durante la administración Clinton, que en 1995 el asesor de seguridad nacional Zbigniew Brzezinsky, afirmaba: «No constituye ninguna crítica señalar que, hasta ahora, la administración Clinton no ha proyectado ni una visión estratégica ni una sensación clara de dirección en una materia tan fundamental para el futuro de Europa como es la ampliación de la OTAN.»

Vale pena citar un extenso párrafo de su fundamentación:
«La administración Clinton se plantea hoy tres preguntas importantes y relacionadas entre sí, todas ellas originadas por el fin de la guerra fría: ¿Cuál debe ser la extensión de la alianza euro-atlántica? ¿Cuál debe ser el papel de Alemania en Europa tras la guerra fría? ¿Cuáles deben ser, por último, las relaciones de Europa y de la OTAN con Rusia?

Es esencial contestar a las tres cuestiones para que el prolongado compromiso de Estados Unidos con Europa se vea coronado por el éxito. No contestar decisivamente a la primera pregunta podría crear incertidumbre respecto a la segunda y suscita inquietantes perspectivas respecto a la tercera. Por consiguiente, la respuesta debe ser conjunta.

Es un axioma que la seguridad de Estados Unidos y la de Europa están vinculadas. Los europeos, casi unánimemente, quieren mantener la alianza euro-atlántica, pero eso significa que ambas partes deben definir lo que hoy constituye «Europa» y cuál es el perímetro de seguridad de su alianza. También exige que se dé forma a una relación más estrecha entre Europa y Rusia, que facilite el afianzamiento de una Rusia democrática.

Esta tarea es de una envergadura similar a la que afrontaba Estados Unidos a finales de los años cuarenta. Y es pertinente recordar que la formación de la OTAN no fue simplemente una respuesta a la amenaza soviética; también la motivó el reconocimiento de que era necesaria una estructura duradera de seguridad euro-atlántica para la asimilación en el sistema europeo de una Alemania en proceso de recuperación. Hoy, tras la reunificación de Alemania y la liberación de Europa central, la expansión de Europa -favorecida por una poderosa Alemania- necesita afrontar directamente la cuestión de la ampliación de la OTAN.»

Es el mismo asesor que, cuatro años más tarde, recomendaba cercar a China e impedir que se convirtiera en una potencia global; una de las opciones que manejaba era la guerra preventiva; como diría en un lenguaje cuasi poético, «matar al bebe en la cuna».  Como se ve claramente, desde los thinks tanks estadounidenses ya se avizoraban los problemas fundamentales que deberían afrontar los gobernantes electos, transformando estas ideas en políticas concretas.

En la segunda nota analizaremos el desarrollo de la política exterior de Estados Unidos y su influencia en el conflicto.

Fuente: UyPress



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