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De acuerdo a los científicos, las colonias de microrganismos marinos son responsables de evitar que cientos de miles de toneladas de metano terminen libres en la atmósfera, contribuyendo enormemente a mitigar el calentamiento global.

Un grupo de científicos de diversas instituciones estadounidenses descubrió una serie de comunidades bacterianas que habitan en las profundidades marinas con la increíble capacidad de consumir metano, un gas tóxico y altamente contaminante responsable del calentamiento global, a velocidades y cantidades nunca antes registradas en cualquier organismo.

Durante la investigación, los académicos recolectaron microbios consumidores de metano procedentes de siete filtraciones geológicamente diversas. Al analizarlos, una colonia de bacterias que crece sobre estructuras de piedra carbonatada con forma de chimenea en la filtración de Point Dume, frente a la costa sur de California, llamó su atención por la gran capacidad de metabolizar el gas de efecto invernadero.

En las pruebas de laboratorio, las chimeneas fueron colocadas en reactores de alta presión que recrean las condiciones del fondo marino, y se midieron los niveles de metano consumidos por las bacterias que las habitan.

Los datos obtenidos de las observaciones fueron comparados con los de otras colonias recuperadas de entornos geológicos diversos, que van desde el mar de Cortés, en las costas del noroeste mexicano, hasta la costa de Nueva Inglaterra, en la región noratlántica de EE.UU. El análisis mostró que las bacterias californianas son capaces de metabolizar metano casi 50 veces más rápido y en cantidades muy superiores a las del resto de las muestras.

Según detallan los científicos en su estudio, publicado en línea recientemente en la revista PNAS, a pesar de que las piedras carbonatadas se distribuyen ampliamente en el fondo marino, las estructuras que sirven de hogar a millones de microrganismos devoradores de metano, y que pueden alcanzar una altura de hasta metro y medio, son raras de encontrar.

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A diferencia del sedimento marino, las rocas carbonatadas son porosas y están llenas de conductos, motivo por el cual pueden albergar una comunidad muy densa de microbios consumidores del contaminante. «Los microbios de estas rocas carbonatadas actúan como un biofiltro de metano que lo consume todo antes de que salga del océano», apuntó Peter Girguis, coautor de la publicación.

Los resultados de la investigación, subrayan los autores, ponen de manifiesto el rol fundamental que tienen los microrganismos del fondo marino para evitar que cientos de miles de toneladas de este gas nocivo para el medioambiente termine libre en la atmósfera, contribuyendo así en gran medida a regular la temperatura terrestre.

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