Montevideo Portal
El abogado y profesor de la Escuela de Negocios IEEM de la Universidad de Montevideo Juan Martín Olivera realizó un extenso posteo en sus redes sociales en el que narró cómo rescataron a su sobrino, un niño de tres años, de una piscina.
Olivera recordó que el pasado 1° de enero el menor estuvo varios minutos debajo del agua en una piscina en un complejo hotelero de La Paloma. “Cuando lo sacaron no respiraba y estaba morado”, añadió.
“En lo íntimo, estoy persuadido de que se trató de un milagro de Dios, por la gracia obtenida por tantos intercesores, encabezados por el padre Jorge Méndez. Pero si me pedís pruebas, tengo que responder con honestidad: no lo sé. Y ya sabés: no hablo de lo que no sé”, dijo Olivera en referencia a lo que posteó al comienzo de la publicación: “Procuro hablar de lo que sé y cuando no sé, lo digo”.
El abogado contó que su sobrino estaba jugando con decenas de niños en el jardín del hotel cuando desapareció. Olivera contó que una mujer intuyó que podía estar en el fondo de la piscina y, al verlo, su marido se zambulló.
“En el grupo de amigos que estaba veraneando estaba uno de mis exalumnos del MBA del IEEM, Martín Domínguez, que sabía hacer RCP. Fue él quien empezó de inmediato con las maniobras. Sin Martín, la historia terminaba ahí. Lucas expulsó agua con cloro y recuperó algo de color, pero aún estaba lejos de estar a salvo”, añadió el abogado.
Luego, una pediatra de Tacuarembó, Ofelia López, siguió con el proceso de reanimación, mientras que el resto de la familia de Olivera coordinaba el traslado a un centro asistencial de Rocha.
Al mismo tiempo, llamaron a la Policía, que escoltó los autos y abrió paso en “las calles de un balneario en hora pico”.
“En la policlínica, el caos de vehículos y gente era abrumador. La doctora Romina García fue la primera en recibir a Lucas. El doctor Pablo Sosa (médico general) y la doctora Sandra Gabriela Coll (pediatra) asumieron la difícil tarea de estabilizarlo, con la asistencia de los doctores Milagros Dotti y Martín Pessi y de las enfermeras Laura Bein y María Bregonsi”, añadió.
Luego iniciaron la “travesía” de llevar al niño hasta el sanatorio Cantegril en Punta del Este. El trabajo de la Policía, junto con el de los médicos, precisamente Sosa, quien le dio asistencia en la respiración al niño durante el viaje, hizo que el trayecto se hiciera de la mejor forma.
Olivera reconoció que hubo trabajo coordinado y eficaz tanto de las personas que menciona en su posteo, como de otras tantas que para él son anónimas. “El 4 de enero Lucas despertó y lo extubaron. Lloró primero. Reconoció a sus padres y, con lógica implacable, pidió helado de chocolate y jugar con autitos. El 9 de enero, una semana después del incidente, Lucas fue dado de alta sin secuelas: ni respiratorias ni neurológicas”, contó.
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