Foto: Gastón Britos / FocoUy

Muchos ciudadanos nos preguntamos muchas veces, cómo es eso de los fueros parlamentarios, y nos auto decimos respuestas que muchas veces no son las que deberían ser.

Vemos en la televisión, escuchamos en la radio, o leemos en la prensa gráfica, que tal o cual legislador quieren ser investigados por la Justicia, pero sin embargo no va al juzgado como lo tenemos obligatoriamente que hacer cualquiera de nosotros cuando nos llega una citación.

Dicen que tienen “fueros parlamentarios”, y la mayoría de nosotros, interpretamos que se trata algo así, como una impunidad que “ellos mismos se votaron” para ser seres superiores que pueden cometer delitos y no tener ni siquiera que pisar el juzgado.

En realidad no es así, o por lo menos, no debería ser así, ya que en todas las leyes, lo que las hace falibles, siempre hay un “espíritu perseguido por sus autores”.

Es por eso que ante un fallo, siempre una de las formas de apelar, es yendo al espíritu de la misma, para que los argumentos parecieran más sólidos e intentar revertir resoluciones en instancias posteriores.

Dicen oficialmente, que los fueros fueron ideados, para  “salvaguardar la independencia del Parlamento como Poder del Estado, evitando que sus integrantes se vean sometidos a situaciones extorsivas, o como lo dijo la Suprema Corte de Justicia en sentencia de fecha 9.11.1970, los límites de esa irresponsabilidad no tienen otro designio que garantizar la libertad de acción individual o corporativa que desarrollan los legisladores en el cumplimiento de sus cometidos”.

¿Suena lindo verdad? Parece importante, con frases portentosas, y en todo momento apuntando a la defensa del Estado Uruguayo y al Poder Legislativo.

Desde mi humilde punto de vista, la ley que ampara al legislador, que le da ese privilegio, porque no deja de ser un gran privilegio que tiene, en los hechos, se ha transformado por el mal manejo de la norma, en una chicana inmunda, que da impunidad a quienes se ha presumido han cometido delitos, y por ende, podría tratarse de delincuentes más importantes que la mayoría de los delincuentes que han sido juzgados y condenados por no tener esos privilegios.

Parecerá absurdo lo que digo, pero es en la práctica sí, hay legisladores que hoy están al margen de la ley, se tiene la convicción que han cometido delitos, pero sus pares, estudian el pedido de desafuero y resuelve, vaya a saber con cuál criterio, que no deben comparecer ante el llamado de la justicia para ser investigados. Eso es impunidad, ya que los elementos que manejan los legisladores para emitir sus votos a favor o en contra del legislador requerido por la justicia, en la mayoría de los casos son políticos partidarios y en innumerables veces, existe el TOMA Y DACA POLÍTICO, que permite te doy esto y me das aquello, que es tan terrible, como un mismo delito.

Y para sostener mi pensamiento, voy a reproducir lo dicho por el Diputado Iván Posada del Partido Independiente al referirse a este tema y mencionar un ejemplo que no deja de ser deprimente a favor de la impunidad legislativa.

“La reciente tesis –avalada por un Tribunal de Apelaciones en lo Penal con una discordia– en el sentido de que los ministros de Estado gozan de una inmunidad vitalicia por los delitos que hayan cometido durante su mandato –en la hipótesis de que no hayan sido juzgados políticamente– ha generado estupor y desazón en la opinión pública. Y ello porque a la gente le resulta difícil aceptar que el constituyente haya consagrado en la Carta Magna un callejón de impunidad a favor precisamente de quienes tienen la responsabilidad de conducir los asuntos colectivos, quebrantando por una vía el postulado de igualdad de los individuos ante la Nación, y por la otra, legitimando la delincuencia dentro del Estado de Derecho”

Dicho esto, creo que debemos impulsar esa reforma que derroque los fueros parlamentarios, se ha mal usado y ahora se trata de un poder inmenso por encima del poder judicial.

Hoy el voto de cualquier legislador es superior a un pedido de procesamiento o formalización.

Hoy no se juzga, se pacta políticamente si ese legislador, al cual la fiscalía pidió que se pueda presentar a defender su inocencia, simplemente se quede muy tranquilo escondido dentro del Palacio Legislativo.

Hay muchos ejemplos muy desagradables de legisladores que logran su impunidad simplemente por una decisión política partidaria.



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