La Federación Internacional de Escritoras y Escritores por la Libertad (FIEL) publicó un comunicado en el que denuncia persecución, militarismo y exterminio en El Salvador.

«Desde el 27 de marzo de 2022 hubo y continúa un despliegue de fuerzas armadas y policía no solo en las zonas controladas por pandillas, sino también donde residen ciudadanos de bajos recursos», dicen al inicio del comunicado.

Ese día el presidente salvadoreño Nayib Bukele decretó régimen de excepción a nivel nacional. El objetivo era, según dijo, combatir las pandillas. Desde entonces detuvieron a más de 16.000 personas. De estas, cerca de 7.000 fueron a prisión tras la formulación de cargos.

En El Salvador se suspendieron las garantías constitucionales, entre ellas la libertad de asociación y el derecho a la defensa. Además se extendió la posibilidad de detención provisional. El régimen, además, permite a las autoridades la intervención de las telecomunicaciones sin necesidad de que sea autorizado por un juez.

«Le hemos cumplido al pueblo salvadoreño», tuiteó Ernesto Castro, presidente de la asamblea legislativa, tras el anuncio del decreto de gobierno. «Aprobamos el #RégimenDeExcepción que permitirá que nuestro Gobierno proteja la vida de los salvadoreños y enfrente de manera frontal a la criminalidad».

Sin embargo, FIEL piensa de otra manera y denuncia una «aplicación innecesaria de la fuerza» para detener a miles de personas «hasta con lujo de crueldad frente a sus hijos». Al día de hoy no se sabe dónde están algunas de las mujeres detenidas y varios jóvenes murieron en los centros de detención en condiciones sospechosas y turbias.

Las detenciones se están dando «sin orden judicial, con trato cruel, inhumano y degradante», sentencian. Varias organizaciones de lucha por los derechos humanos se pronunciaron contra esta medida y, en consecuencia, algunas dirigentes y activistas cayeron presas.

Pronunciamiento

La FIEL se manifiesta «contra el régimen de excepción y a favor de las libertades democráticas». Por ello «condenamos las acciones violentas y asesinas del Estado salvadoreño, a la vez consideramos que sí es necesario dar fin al problema de la violencia y delincuencia que sangra al pueblo, pero primero hay que atacar las causas estructurales que lo originan, y no es justificante la combatividad de la violencia a través de la violencia con el agravante de aplicarla a la sociedad civil inocente».

«De nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre», sentencian.



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