Por Sofía Durand Fernández
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Para la hija de Charly Álvarez, las vacaciones en marzo son «re frías». Todo aquel que sube al Teatro de Verano y a los tablados durante los meses más cálidos del año, se resigna a que la playa quede en segundo plano. Tal vez será por eso que cuando Álvarez anunció su retorno a Los Diablos Verdes y a Carnaval, su familia no estaba muy convencida, aunque sostiene que lo apoyan en todos sus proyectos.
Si bien describe su retorno como algo muy emotivo, Charly no estuvo alejado del todo. Pertenece al colectivo Diablos Verdes, donde milita. Este año, factores como la vuelta de Eduardo Díaz y Leonardo Preziosi, y la inclusión de José María Novo, lo impulsaron a darle una nueva oportunidad al concurso.
«Revoluciones», el espectáculo de este año de Los Diablos Verdes, incluye cuplés como el de una murga de derecha liderada por Valeria Ripoll y Javier García, ambos pertenecientes al Partido Nacional e interpretados por Denise Casaux y Álvarez respectivamente. También hay un espacio dedicado a la salud mental, que según el artista, conmueve al público a tal grado de que se acerquen a agradecerle.
Álvarez ha podido ver la evolución de distintos aspectos de Carnaval. Desde la inclusión de mujeres a los espectáculos, hasta la mejora en la calidad técnica de los tablados. Sin embargo, también sostiene que la frecuencia y cantidad de tablados que hace el conjunto es mucho menor que hace 20 años: «El carnaval tiene esa necesidad de llegar a los barrios, pero también tiene esa misión. Creo que el verdadero corazón del carnaval está los tablados. Amo al concurso y tiene una exigencia cada vez mayor, pero el compromiso con el concurso es totalmente diferente al que uno puede llegar a tener en la calle, con la gente y con el tablado».
¿Cómo viviste la vuelta al Carnaval con los Diablos?
Primero que nada, fue reencontrarse con muchísima gente y amigos con los que compartí muchos años. A veces uno no se da cuenta, pero no dejás de pertenecer a esta gran comunidad carnavalera, a pesar de que te hayas alejado tres o cuatro años. Yo convivo en el año con muchos amigos y afectos que he hecho en Carnaval. Entonces esta vuelta me reafirmó que no puedo dejar de ser parte de esta fiesta, aunque no participe, porque esos afectos están en mi vida. También un reencuentro hermoso con la gente y con la hinchada de Los Diablos , que es muy exigente con el discurso que tiene que tener la murga arriba del tablado.
Sumado a eso, dentro del grupo hay mucha gente joven y hay cuatro pibes a los que tuve en mis brazos cuando eran niños. Entonces, este regreso al carnaval está lleno de mucha emoción, de mucho sentimiento y carga vivida. La estoy pasando bárbaro.
¿Te acercaste por voluntad propia o te fueron a buscar?
Yo estaba muy feliz militando con la murga. Llamame cada tanto, militamos y la pasamos bárbaro, pero no estaba ni ahí con salir. No era algo que me hubiera planteado. Y si me lo hubiera planteado no habría sido en la categoría Murga porque sé el esfuerzo que implica. Tampoco me lo habría planteado con una murga que tiene que dar prueba. Pero las circunstancias se fueron dando.
Volvió a escribir Leo Preziosi, que fue quien hizo las letras históricas de una década de Los Diablos. También se dio la posibilidad de que José María Novo se pudiera integrar a esta propuesta. Estos fueron factores fundamentales que ayudaron a decidirme, a mí y a mi familia. Mi familia no estaba muy de acuerdo con que se volviera a salir en Carnaval. Pero no estoy para nada arrepentido, estoy muy feliz y es un esfuerzo que sigue valiendo la pena.
Durante estos años continuaste haciendo presentaciones y teatro. ¿Qué diferencia hay entre subirse a un escenario de teatro y a un tablado?
Hay una cosa que tiene el carnaval, a diferencia del teatro, y tiene un poco más de cercanía con el fútbol, que es la euforia que genera. El arranque de una primera o segunda rueda del Teatro de Verano, la arenga y también la forma de vivenciar las actuaciones. Yo siento que con Los Diablos estoy promulgando mis ideas cuando estoy hablando, y eso no necesariamente me pasa en teatro. Yo en teatro puedo hacer una obra de la que me puedo distanciar.
Para mí, es una forma de militancia también. Los Diablos no salieron en Carnaval el año pasado, sin embargo, la murga estuvo presente militando durante toda la campaña política, yendo a todos los comités de base a los que pudimos ir. Esta murga tiene que estar presente más allá del concurso, y ese compromiso me llega desde otro lugar. Por eso yo siento que en Los Diablos estoy hablando mucho más desde mi lugar como uruguayo. Podría decirte que con teatro uno también busca comunicar su forma. Yo creo en los artistas a los que les interesa comunicar sus ideas a través del arte.
El espectáculo de este año, «Revoluciones», tiene un cuplé en el que hablan de una supuesta murga de derecha. Existe una discusión alrededor de la política, el carnaval y las murgas. Los diablos también son críticos con el oficialismo.
Hay algo que tenemos que dejar bien en claro: no somos una murga oficialista, somos una murga de izquierda. Y si la izquierda comete errores, nosotros lo vamos a denunciar. Porque para nosotros la izquierda no es corrupta, por ejemplo. En 2019, en La Consecuente, que estaba formada por viejos Diablos, sacamos un cuplé hablando de Sendic, y fue muy duro. Hubo actores de la izquierda a los que no les gustó, pero nosotros no estamos para hacerle mandados a nadie, ni a la izquierda, ni a la derecha. Quizá sí estamos para hacerle trabajo a los trabajadores, capaz que les podemos hacer los mandados. Siempre vamos a estar del lado del obrero y del que está día a día en la calle luchando.
Con respecto a la murga opositora, ¿qué mejor excusa para poder hablar de la izquierda desde una murga opositora? También me decían, «bueno, hicieron una murga opositora, pero le dan palo a la izquierda». Claro que le damos palo a la izquierda, pero la derecha nos da tanto material que no nos queda espacio. Por eso hicimos este cuadro de la murga opositora en el que lo interpretan dos personajes de la política, que son los que llevan adelante todo ese cuplé. Pero a lo largo del espectáculo hay un tema final donde se habla de los trabajadores también.
Hay una parte sobre el final con la que me siento muy identificada porque es algo que en algún momento a todos nos pasó y que tiene que ver con la salud mental, con problemas cotidianos o situaciones que cuando se van sumando pueden llegar a ser un poco más complicadas. Creo que lo tocamos sin hacer sin hacer efectismo con ese tema, de muy buena manera y lo suficientemente sutil, pero a su vez directa, para que la gente lo reciba. Es un espectáculo que toca muchas aristas, más allá de la política.
Sos tú quién encarna ese cuplé sobre salud mental. ¿Te pasó de que se te acercaran personas a hablarte sobre ese tema?
Estoy gratamente sorprendido. Los primeros días salimos con la fórmula de la murga opositora que no tenía esa otra parte. Pero cuando fuimos al Teatro de Verano y empezamos a hacer en los tablados esa parte de la salud mental, he visto gente llorando en platea. Había un director de teatro que siempre me decía que el actor debe llegar al límite del llanto para que el que lo descargue sea el público. Se ve que está saliendo bien, porque yo he visto a mucha gente llorar, y mucha gente se me acerca después del espectáculo para hablarme y decirme lo identificado que se sienten con esa situación. Lo que contesto es que yo también me siento muy identificado con esa sensación, fue lo primero que me pasó con ese cuplé cuando lo empezamos a cantar y a interpretar. Cuando vino ese texto y lo empezamos a trabajar, a mí me llegó.
Creo que en todos los tablados me pasa de que no puedo dejar de meterme en la piel de ese personaje. Supongo que eso le llega mucho a la gente y la reacción es increíble. Los tablados son el gran alimento del carnavalero. El alimento emotivo que debe tener el carnavalero son los tablados, es donde realmente vos ves las necesidades de la gente, donde ves que la gente agradece los temas que tocaste y también los reclamos. Nos pasó de que viniera gente de la hinchada diciendo que no estábamos hablando del liceo de La Teja, que le falta un bachillerato, o no están hablando de tal cosa o tal otra.
Hacés un dúo increíble con Denise Casaux. Hace 20 años, tal vez resultaría impensado que una mujer tenga ese protagonismo en una murga. ¿Cómo fue trabajar con ella?
Sí, igual yo siempre fui muy hincha de las mujeres que salieron en murga, de las históricas. A mí nunca me sonó mal, en una época se hablaba de que suena mal el timbre.
En el caso de Denise fue un placer. A mí me gusta mucho trabajar con nuevas energías. Tenemos formaciones totalmente diferentes, ella viene de un palo diferente en las formas y en los temas que tocamos. Cuando hay química está buenísimo, porque no nos conocíamos y empezamos a laburar. La química no necesariamente se tiene que dar solo arriba del escenario, cuando se da abajo, en la convivencia, ayuda muchísimo, sobre todo cuando coincidimos en las ideas. Sería muy difícil trabajar en conjunto si no coincidimos con ideas que la murga promulga. Creo que estamos haciendo un gran trabajo y todavía nos queda un gran paño por recorrer, porque recién fuimos a la primera rueda, falta una segunda rueda y ojalá tengamos la suerte de pasar a la Liguilla. Eso implica que tenemos que seguir haciendo crecer nuestros personajes, haciendo crecer el espectáculo, y seguir buscándole cositas. Los tablados te dan mucho material para eso.
¿Qué cambios has visto en Carnaval?
La calidad de los tablados es muy superior. La calidad técnica que tienen los tablados de barrio y la intendencia da gusto. Llegás a algunos y hay 13 micrófonos. Antes yo llevaba mi propio micrófono inalámbrico, fui de los primeros que empezó a utilizarlo en el año 99. Hoy en día, llegás y tenés el material. Esos detalles ayudan mucho, sobre todo para poder llevar una puesta en escena más completa, porque son elementos con los que contás en el concurso y con los que tenés que ensayar. Entonces cuando vos vas a un barrio y tenés esos elementos podés brindar un espectáculo muchísimo más completo. La calidad del sonido también hace que la gente entienda muchísimo más lo que estás diciendo.
El otro cambio es que si tenés un promedio de tres tablados diarios, es genial. Sin embargo, antes, en el tercer tablado, recién abríamos la garganta. La cantidad de tablados ha disminuido, porque antes estaban abiertos de domingo a domingo, ahora la mayoría abren de jueves a domingo. Creo que hay cuatro o cinco abiertos los lunes, martes y miércoles. ¿A quién le repercute directamente? Al componente que gana por tablado. Sin embargo, creo que llegamos a más gente que antes, debido a la comunicación digital que hay atrás de Carnaval, ya sea por YouTube o televisión. Quizá habría que motivar más al carnaval de los barrios y hacer que hayan cada vez más tablados y no menos.
Por lo que vos decís, estimula la creación y hacia dónde tienen que apuntar.
Diablos Verdes apunta al público del tablado, a llevar el mensaje a lugares donde hay difícil acceso a la cultura. El carnaval tiene esa necesidad de llegar a los barrios, pero también tiene esa misión. Creo que el verdadero corazón del carnaval está los tablados. Amo al concurso y tiene una exigencia cada vez mayor, pero el compromiso con el concurso es totalmente diferente al que uno puede llegar a tener en la calle, con la gente y con el tablado. Siempre hablamos de que hay que ganar la calle.
¿El primer puesto del concurso es una prioridad?
Uno siempre va por todo, pero la liguilla estaría buenísima, por ejemplo. Nunca sabes cómo están los demás. Siempre vas a apuntar a hacerlo mejor para ganar o para estar lo más arriba posible. Pero esas son circunstancias que no solamente tienen que ver con tu conjunto. Con el tiempo uno lo que pretende es que todos hagan su mejor espectáculo y que el que tenga más condiciones pueda ser el campeón. Yo voy a ver a mis colegas y los disfruto tanto que me cuesta un poco la competencia.
Tengo amigos en otra categoría que me muero por ver, pero los quiero ver en vivo y no por la tele. Eso también hace que vos quieras que les vaya bien. Vi a Aldo la otra vez y le dije, «Aldo, me morí con lo que hiciste», por ejemplo. Creo que eso es hermoso y te distancia un poco del tema concurso. Igual queremos ganar, obviamente. Pero hay otras prioridades.
¿Volviste para quedarte?
No sé, por ahora estamos viviendo este año de buena manera. Yo pertenezco al colectivo Diablos Verdes, capaz que el año que viene me toca hacer el asado. Por ahora estamos disfrutando, pero creo que las cosas siempre se van dando. Te podés proyectar, pero en este momento no me quiero proyectar con Carnaval.
Durante el año tengo mucha actividad en teatro. Ahora repongo dos obras en abril, seguramente dos obras más para mitad de año y es mucho trabajo. Es un desgaste mental bastante alto, yo estoy al palo todo el año, y Carnaval implica una carga extra además de pasión y emotividad. Es difícil poder conciliar todo, este año pude. Depende de cómo se vayan dando las circunstancias. Las pasiones a uno lo van llevando a lo largo del camino. Si uno logra congeniar varias cosas, los Diablos siempre van a estar presentes. Pero también hay otros conjuntos y hay otras categorías con las que uno tiene deudas pendientes.
¿En qué otra categoría saldrías?
No sé, pero hay una donde yo salí un año nada más y que pila de gente me dice que es una categoría en la que debería incursionar que es el parodismo. No es que me llame, pero sí puede ser una deuda pendiente del futuro, pero tampoco es algo que me enloquezca.
Por Sofía Durand Fernández
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