Jesucristo crucificado en una cruz con vista al impresionante barrio popular de Petare en Caracas: la procesión anual de Viernes Santo reunió a varios miles de personas de esta zona considerada una de las más grandes favelas de América Latina donde la vida es a veces también un camino de cruces.

Después de dos años de interrupción por la pandemia del covid-19, la obra que representa el vía crucis con su crucifixión fue retomada este viernes.

La escenificación religiosa comienza con Poncio Pilatos lavándose las manos y soldados romanos azotando a Jesucristo, mientras rocían sangre falsa sobre los espectadores.

Luego, los actores interpretando su papel a fondo, caminan en procesión hacia la cima de la barriada donde se hace la crucifixión de Jesucristo junto a bandidos buenos y malos.

«Es un acto de fe, con fe se logra todo. Se puede hacer todo. La vida es dura aquí para el que no la aguanta», explica Ricardo Romero, uno de los que interpreta el papel de bandido bueno y quien es policía en Petare.

– Emoción y lágrimas –

La mayoría de los 400.000 habitantes de Petare viven en la pobreza, en casas enredadas entre sí y atravesadas por un laberinto de calles estrechas y pasajes peatonales, y muchos son creyentes de estas actividades religiosas.

«Me llama la atencion la fe de la gente, como a pesar del sufrimiento diario, de los esfuerzos que hacen para (tener) agua, luz, alimentos, transportes…como la gente se identifica con este dolor (de Cristo)», cuenta Fabiola Hernandez, de 46 años, y maestra religiosa.

Venezuela también atraviesa la mayor crisis económica de su historia con un PIB per cápita que ha caído al nivel de Haití después de 8 años de recesión económica.

La barriada, particularmente afectada por la crisis, vive con frecuentes cortes de agua y electricidad. También es una zona donde la violencia es cotidiana con las pandillas que hacen la ley, mientras que la mayoría de los habitantes son «trabajadores duros», subraya Hernández.

En la cima de la colina, frente a una gran multitud solidaria, Jesús y los dos «bandidos» están instalados en cruces de tamaño natural y los actores representan las últimas horas de la vida de Cristo.

«Donde hay gente que sufre allí tiene más sentido el vía crucis», indicó a la AFP el obispo de Petare Juan Carlos Bravo Salazar, trazando un paralelo entre «el sufrimiento de Jesús» y «el vía crucis en nuestra vida cotidiana».

“Hace 30 años que hacemos el vía crucis en Petare (…) donde sufrimos con toda esta situación, entre la injusticia y la delincuencia, con la realidad de estos barrios marginales (…) los problemas cotidianos de la pobreza, agua, luz…», sostuvo el obispo.

«Las (miles de) personas que asisten a la procesión no vienen de otra parte, vienen del barrio. La crucifixión de Jesús es un signo de esperanza. Dios no vino a quitarnos el sufrimiento, sino que nos ayuda a sobrellevarlo», culminó.

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