Imagen de referencia. Isabel Allende presenta su nuevo libro ‘Violeta’. Lori Barra/Handout vía REUTERS
Imagen de referencia. Isabel Allende presenta su nuevo libro ‘Violeta’. Lori Barra/Handout vía REUTERS

Con casi 80 años, la pluma de Isabel Allende no se detiene; el encierro derivado de la pandemia no significó otra cosa más que una oportunidad para seguir contando historias. “Me di cuenta en estos dos años que puedo seguir encerrada indefinidamente, como un ermitaño”, comentó la escritora más leída de la lengua española, pues el tiempo, el silencio y la soledad del confinamiento fueron su compañía para darle forma a su más reciente novela: ‘Violeta’.

En el marco de la Feria Internacional del Libro (FILBo), Allende participó de manera virtual en la presentación de esta nueva obra literaria. ‘Violeta’ es la historia de una abuela que le deja una carta a su nieto mientras está en su lecho de muerte. La protagonista ha vivido exactamente un siglo: nace en 1920 cuando llegó la gripe española a Sudamérica y muere en la pandemia del covid-19 en 2020.

Lo cierto es que, si bien el fin del libro encajó con el inicio de la pandemia, esta última no fue planeada. Todas las novelas que escribe Allende las empieza un 8 de enero y para esa fecha en 2020 no se sabía del coronavirus ni lo que iba a causar. “Ni siquiera había pensado que Violeta iba a vivir 100 años hasta que vino el virus y entonces dije: ‘tengo que estirarle un poco la vida’ porque yo pensaba que iba a morir a los 98 como mi madre”, señaló la autora.

Y es que Violeta nace precisamente el mismo año en que llegó al mundo Francisca Llona Barros, madre de la escritora. “Se parece mucho Violeta a mi madre en cuanto a características”, manifestó la autora chilena, resaltando la belleza, la inteligencia, el talento y la visión para las finanzas; sin embargo, la mujer que le dio la vida “estaba llena de ideas que no pudo desarrollar”, pero que la protagonista de este libro sí lo hace.

En ese sentido, el feminismo es esencial. “En la generación mía, las mujeres eran educadas y salieron a trabajar a la calle, en la clase social de mi madre no — explica Allende —. Las educaban para ser señoritas en colegios de monjas; aprendieron a ser mamás y esposas de alguien y presentarse en sociedad”. De allí que Francisca Llona no tuviese las herramientas que la escritora sí le da a Violeta en su obra.

A pesar de eso, la protagonista no se salva de sufrir las calamidades de vivir en una sociedad patriarcal y Allende resaltó esa parte de la historia durante el conversatorio en la FILBo. “Susana es una mujer pobre, en una zona rural, que tiene un compañero que le pega a matarla hasta que logra escapar porque Violeta la rescata”, expuso la chilena a manera de contexto.

En ese momento, el personaje principal reconoce su historia de abuso y lo que más le daba vergüenza era la reconciliación, “o sea, perdonarlo una y otra vez, creerle una y otra vez que las cosas van a cambiar y no cambian; se van poniendo cada vez peor”, agregó.

Desde México hasta la Patagonia

El feminismo no es la única problemática que abarca la novela. Los personajes también se involucran en casos de corrupción, se mencionan hechos históricos como dictaduras y la situación que viven los indígenas que, “son los grandes olvidados” de América Latina. No obstante, Isabel Allende no pretende educar al público ni mucho menos dar un mensaje con ello, “pero no puedo contar una historia de personajes que viven en una burbuja como en las novelitas rosas”.

De modo que, la obra — al ser la memoria de alguien que ha vivido 100 años — involucra los hechos más importantes del siglo en un país que Allende decide no nombrar, pero que se parece mucho a Chile, Argentina o Uruguay. Incluso, para Claudia Morales, periodista que moderó el conversatorio, las problemáticas se relacionarían con eventos que ocurren en Colombia, pues las similitudes van casi que desde México hasta la Patagonia.

“La idea de no mencionar un país es que se pueda identificar más gente con la historia, pero también a mí me da una cierta libertad, una licencia literaria, que me permite mover un terremoto un par de años”, afirmó Isabel. Aunque realmente trata de no hacerlo.

— Creo que no hay que inventarle nada a la historia; ella habla por sí sola.

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