Los informes que llegan desde Pereira y Barranquilla, ciudades donde se disputan partidos por el torneo más importante del continente son muy elocuentes: gases lacrimógenos, fuertes estruendos, corridas en los alrededores de los estadios, salidas de los hoteles donde se alojan las delegaciones bloqueadas con manifestantes.

Mientras todo eso sucede, juegan Junior y River Plate. Eso mismo, como si nada está pasando. El show must go on.

Pudo evitarse, pero la Conmebol se negó a suspender el partido pese a la crisis que vive Colombia.

Es vergonzoso y lamentable que se juegue en estas condiciones. Sin embargo la pelota sigue rodando.

 

Puede costarle muy caro el capricho de Conmebol de exigir a los equipos de jugar en Colombia, aunque tiene explicación, mantener a Colombia como sede de la Copa América. 

No importa si el gas lacrimógeno de la calle ingresó al campo de juego del partido que disputan River – Juniors, ni que afecte a los protagonistas. Quieren seguir jugando.

La falta de sensibilidad del organismo rector del futbol sudamericano ante la situación que atraviesa el pueblo colombiano es poco creíble.

El partido de Nacional

La delegación tricolor le manifestó a la Conmebol su postura de no salir del hotel por falta de garantías.

El partido está pactado para la hora 23.00 de Uruguay en Pereira, una ciudad convulsionada, al igual que todo Colombia, por las protestas contra el gobierno, la represión policial y la muerte.

Un grupo de hinchas se hizo presente en la puerta del hotel tricolor para bloquear la salida y la utilería de Nacional aún no pudo partir en el horario pactado rumbo al escenario del partido.

Así informaba el periodista Sebastián Giovanelli desde su cuenta de twitter.





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