Michoacán (al centro oeste de México) cambió de manos del crimen organizado al Ejército y la Guardia Nacional, quienes tomaron las calles y prinicipales accesos del corredor de La Huacana-Múgica-Uruapan, convertido en el epicentro de la violencia en los últimos días.

La médida —en la convulsa entidad— ha provocado el despliegue de sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que pretenden frenar el avance de las fuerzas armadas.

El pasado 10 de mayo, 900 efectivos arribaron al estado michoacano para reforzar las labores de vigilancia que ya mantenían 3 mil 962 militares.

Pero las recientes acciones no han resultado del todo positivas, pues poco después del despliegue militar, en el centro de Nueva Italia se registró una persecusión de presuntos miembros del CJNG a militares. Además de la corretiza, los gatilleros les impidieron la instalación de un puesto de control.

El CJNG se hizo con el control de la región de La Huacana-Múgica-Uruapan y la transformó en un narcolaboratorio. Según la información oficial, la organización criminal adoptó esas tierras para la producción de metanfetaminas que trafica a Estados Unidos.

El mercado de los opiacéos ha desatado una lucha intestinal con Cárteles Unidos, en los municipios que conforman Tierra Caliente: Tepalcatepec, Buenavista, Parácuaro, Gabriel Zamora, Apatzingán, Morelia, Zamora y Nuevo Urecho.

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