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Mientras el presidente interino desmintió cualquier acto ilegal de la comunicación, sectores de la oposición promueven su destitución.

La crisis institucional y el conflicto postelectoral que padece Perú se intensificó con la polémica provocada por una llamada entre el presidente interino, Francisco Sagasti, y el escritor Mario Vargas Llosa que ya ha derivado incluso en rumores de trámites de destitución del mandatario, quien debe entregar el poder a su sucesor el próximo 28 de julio.

Con más del 99 % de las actas contabilizadas, el candidato izquierdista Pedro Castillo se impone con 8.817.280 votos, frente a los 8.756.882 que obtiene la derechista Keiko Fujimori, por lo que la diferencia es de apenas 60.398 sufragios. La candidata de Fuerza Popular ha iniciado una serie de reclamos con el fin de invalidar los resultados y dar vuelta a la elección.

En medio de esta disputa, y sin que Castillo haya sido declarado formalmente como el ganador, el controvertido periodista Beto Ortiz aseguró que Sagasti se había comunicado con el Premio Nobel de Literatura para que le pidiera a Fujimori que desistiera de las impugnaciones, lo que implicaría una «intervención indebida» del presidente en el proceso electoral, ya que viola los principios de neutralidad que debe cumplir.

De inmediato se dispararon las versiones de que el Congreso iniciaría un trámite de «censura» contra Sagasti, es decir, de destitución, a pesar de que solo le quedan seis semanas al frente del Gobierno. Al mismo tiempo, comenzaron a organizarse movilizaciones en favor del mandatario ante el temor de que se agudice la crisis que arrastra un país en el que la inestabilidad política se ha vuelto norma.

En Perú, seis expresidentes han sido acusados de corrupción. Además, en los últimos cinco años ya hubo cuatro mandatarios porque ninguno logra terminar en tiempo y forma con los periodos para los que fueron electos o son designados de manera interina por el Congreso. Por ello, parte de la ciudadanía considera «irresponsable» promover la salida de Sagasti en vísperas de que asuma un nuevo presidente democráticamente electo.

Explicaciones

Sagasti tuvo que reconocer que, efectivamente, había llamado a Vargas Llosa, quien hizo campaña en favor de Fujimori, pero reveló que también había hablado con otras personalidades afines a ambos candidatos con el fin de morigerar la tensión social provocada por unas elecciones con un resultado tan ajustado.

«La tarea de un jefe de Estado es hacer que el país mantenga la serenidad y la calma en momentos difíciles y complejos. En ese esfuerzo me puse en comunicación con varias personas que, entendía, tienen contacto con ambas candidaturas», explicó en sus redes sociales.

Sagasti agregó que a todas las personas con las que se comunicó les pidió lo mismo: bajar la tensión y esperar los resultados oficiales.

«Deploro que se distorsione y malinterprete una acción orientada a mantener la tranquilidad en un ambiente tan polarizado, complejo y difícil, plagado de mentiras y distorsiones, como el que estamos viviendo. No dejaré pasar ninguna mentira ni tergiversación de mis palabras y acciones por los enemigos de la democracia. Seguiré en mi esfuerzo de buscar lo mejor para nuestro país, y lo haré hasta el último minuto de mi gestión», advirtió.

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Álvaro Vargas Llosa también aclaró el sentido de la llamada de la discordia. En una entrevista con Radio Programas de Perú, el primogénito del Nobel aseguró que el diálogo había sido de carácter privado y no tenía ningún elemento indebido, inconstitucional o ilegal que justificara las versiones periodísticas sobre una posible destitución, aunque también reconoció que en estos momentos este tipo de conversaciones generan suspicacias y desconfianza.

«Entiendo que el presidente, como probablemente los 33 millones de peruanos, se da cuenta de que hay un ambiente muy delicado, una situación muy tensa que está bajo una atención internacional milimétrica y es perfectamente lógico que en ese clima cualquier autoridad, y sobre todo el presidente de la República, tenga la inclinación de actuar en diálogo con distintos personajes y personalidades del país para tratar de poner paños fríos», dijo.

Además, reveló que, después de hablar con Sagasti, su padre le pidió que le ratificara a Fujimori su apoyo incondicional a las impugnaciones que está realizando para que se revisen los resultados de la elección, y que su posición es que el proceso electoral solamente podrá darse por concluido cuando la Junta Nacional Electoral declare un ganador.





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