Por Sofía Durand Fernández
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El primer recuerdo relacionado al Carnaval que Imanol Sibes guarda son los trajes grandes y coloridos de los murguistas en los tablados. En la casa de sus abuelos «siempre hubo mucho tambor», ya que el abuelo tenía un comparsa y si bien en su familia no había murguistas, siempre iban a los corsos de barrio. «Esas cosas, en algún lugar, se te empiezan a meter de a poco», dice en entrevista con Montevideo Portal.
Imanol descubrió que subirse a las tablas lo apasionaba en su adolescencia. Comenzó a ir a los tablados y a escuchar murga todos los días. Según él, a los padres les llamó la atención la decisión —»hasta hace dos minutos quería jugar al fútbol, ahora quiere ser murguista»—, sin embargo, siempre le brindaron apoyo. En 2014, fundó junto a un amigo «¿Quién le pegó a la perra?», una murga joven: «la Murga Joven es escuela porque te permite explorar. Hagas lo que hagas en Murga Joven, va a estar bien», sostiene. Con tan solo 21 años dio el gran paso y pasó a integrar Doña Bastarda.
El 10 de marzo de 2025 se consagró como la figura máxima de Carnaval con 28 años y festejó el primer premio de «La Bastarda». El espectáculo que presentaron fue En la mala, que abordaba la temática de las personas en situación de calle. Había sido un año difícil para ellos a raíz de la muerte de Fidel Abellá, director del conjunto. «La murga sacó una fortaleza interna que le permitió acomodar el barco», explica Sibes.
Además del arte, Imanol es contador público y afirma que ambas conviven además de brindarle «otras perspectivas». A su vez, el año pasado fue parte de «Celebrar», un espectáculo dirigido por Eduardo «Pitufo» Lombardo y con la presencia de la Orquesta Filarmónica de Montevideo en el Teatro Solís.
El espectáculo que Doña Bastarde va a presentar en el Concurso de Carnaval 2026 se llama Patria o muerte y, según él, va a tratar «distintas inquietudes que a nivel social están latentes».
De cara al Carnaval 2026, ¿qué tanta presión te da haber sido la figura máxima del año pasado?
Es una mochilita, claramente. Lo sentís y te lo hace sentir la gente, que te para en la calle o te cruza en la feria. Pero con La Bastarda tratamos de tomarlo con tranquilidad y transformar esa presión en algo lindo, si no te volvés loco.
¿Qué hay que esperarse de Doña Bastarda este Carnaval?
En el acierto o en el error, La Bastarda siempre dijo lo que tenía ganas de decir. Creo que va a ir por el camino de una murga que pone arriba del escenario un montón de temáticas. Capaz que no una problemática central como el año pasado, pero sí distintas inquietudes que a nivel social están latentes y que tratamos de abordarlas de forma que le quede algo a la gente.
¿Fue un extra haber ganado con un espectáculo que trata un tema tan complejo como el de las personas en situación de calle?
Te voy a contar una anécdota. Ayer estábamos en la puerta de SUTEL (Sindicato Único de Trabajadores de la Enseñanza de Uruguay), por arrancar el ensayo, y pasó una mujer en situación de calle que se quedó charlando un rato. Le cayó la ficha: SUTEL, remeras de la murga, y se nos puso a hablar del espectáculo. Un año después y siguen pasando cosas. Yo creo que es una responsabilidad; uno por ahí a veces pierde la dimensión de los lugares a los que llega un espectáculo o de la reflexión que genera en la gente, se acostumbra a hacerlo muchas veces en carnaval y pierde esa sensación.
¿Qué te enseñó participar en Murga Joven?
En mi caso, ahí aprendí todo: a escribir, a hacer puesta en escena, incluso te diría que a cantar. Creo que para un montón de gente, la Murga Joven es escuela porque te permite explorar. Hagas lo que hagas en Murga Joven, va a estar bien. De hecho, siempre está la discusión de qué es murga, qué no es murga. Ahí vale todo. Es un lindo aprendizaje, porque a veces uno trata de no ir por lugares que capaz son muy riesgosos.
¿Es importante que los que hoy están en Murga Joven vean que se puede llegar a los lugares a los que vos llegaste?
Sí, en Murga Joven te enfrentás a grupos que son murguistas, cantores o lo que sea, y están espectaculares, hacen propuestas excelentes. Pero después hay grupos de amigos del liceo que tienen en común que les gusta la murga y después se terminan transformando en grandes murguistas. Si quieren ir por ese camino, métanle porque está de más. Si quieren tomárselo para la diversión y la joda, también está bien.
La Bastarda tuvo que enfrentar la pérdida de Fidel Abellá, ¿cómo los encontró parados y cómo hicieron para salir adelante?
Voy a citar a mi querido amigo Camilo Abellá, que siempre dice que La Bastarda es una murga resiliente. Salvando las distancias, en estos años nos ha tocado enfrentarnos a situaciones duras, ya sea una sanción en el reglamento o pérdidas familiares. En el caso de Fidel, era una persona que centralizaba mucho y prácticamente de un día para el otro hubo que salirle. Cuando tenés un grupo con un sentido de pertenencia tan grande, por ahí se hace bastante más fácil repartir las tareas. O a veces sin repartirlas: “bueno, yo le salgo a esto, vos salile a esto y después vamos acomodando la estructura”. Hoy en día creo que la murga armó una estructura de trabajo muy sólida y está buenísimo, porque te permite seguir trabajando durante el año y llegar mejor preparado a carnaval. A Fidel lo extraño mucho, me encantaría poder conversar con él y mostrarle todo esto que nos pasó. Pero, sin duda, la murga sacó una fortaleza interna que le permitió acomodar el barco.
En 2025 formaste parte de «Celebrar», un espectáculo dirigido por el Pitufo Lombardo y que contó con la participación de la Filarmónica. ¿Cómo viviste esa experiencia?
Fue tremenda, con dos directores en escena: Pitufo y Martín García, el director de la Filarmónica. Fue un despliegue musical enorme. Además, con una selección de murguistas que siempre admiré, murguistas que imitaba cuando estaba en el liceo. Fue una experiencia muy enriquecedora. En mi caso tuve que actuar y contar una historia, entonces para mí era un desafío pararme en el Solís, en esa inmensidad, con una murga y una orquesta detrás. Ojalá que se repita porque fue un gran espectáculo.
¿Hay algo que hayas aprendido de esos grandes murguistas y que tengas siempre presente?
Con varios tuve muchos intercambios. Yo soy una persona que me exijo bastante, entonces cuando estábamos cerca del estreno y venían los ensayos finales, había que sacar las escenas muy pegadas: era una escena, después una canción, luego otra escena y otra canción. Me pasó en un ensayo que me equivoqué y tuve una pequeña crisis emocional. Me sentí muy respaldado por toda esta gente que admiro. Cuando pasa el tiempo, lo mirás en retrospectiva y lo agradecés un montón porque te pasa en todos los procesos artísticos, sobre todo en carnaval, que venís con una vorágine de querer sacar todo y llegar en fecha. Entonces tener un compañero que te frene, te dé una palmada en la espalda y te diga “dale, que ya va a salir”, está bueno. En «Celebrar» pasaba todo el tiempo.
Pasar de los tablados al Solís y también a otro formato artístico fue un desafío, ¿te ves en un futuro, además del carnaval, haciendo algo de ese estilo?
Sí, me gusta. Este año confirmé que me gusta mucho estar en el escenario. De hecho, estuve nominado como actor revelación en los Florencio Sánchez, que para mí fue muy grande. Es un empujoncito para animarse a transitar esos caminos. Estoy abierto a que surjan más cosas artísticas y a seguir trabajando con la murga, pero descubrí que el escenario me llena desde varios lugares.
Además de tu trayectoria artística, sos contador. ¿Cómo te sienta ese balance en tu día a día?
Creo que me acostumbré a desdoblarme un poco, a tratar de separar. Me llevo bien con mi profesión; ahora estoy en un proceso de dejar el trabajo en el que estoy hace más de cinco años y trabajar como un contador más independiente. Pero siento que la variedad te da otras perspectivas. Trato de hacer convivir la pata artística con esta otra más administrativa. El problema es cuando se te junta todo: llegás de los tablados y tenés que ponerte al día con los trabajos, o estás en el trabajo escribiendo cuartetas para la murga. Pero lo llevo bien, salvo cuando ando estresado.
¿Cómo es ver crecer a la hinchada y generar un vínculo?
Es fuerte. Me ha pasado de llegar al SUTEL y ver a un séquito de gente haciendo banderas y pintando cosas. Creo que también se transforma en una responsabilidad: tenemos que cumplir con la gente. Cuando llegás y ves a gente trabajando desde el amor que empezó a sentir por la murga, decís: “bueno, hoy capaz que el ensayo en vez de terminarlo a las 23:00, lo terminamos un poco más tarde”. A mí me pasa que, cuando se abre el telón en el Teatro de Verano y ves que está repleto, que hay luces de colores, decís: “todo esto lo hicieron para nosotros, ¿merecemos este amor?”. Entrás en esa también. Creo que el carnaval genera una fidelidad con la gente que, como todo vínculo, hay que cuidarlo y hay que ser muy agradecido con quienes siguen a la murga.
¿Cuál es la importancia de tener un vínculo cercano con tus compañeros de murga?
Te cambia completamente. En La Bastarda tenemos un grupo y jugamos al fútbol cinco todas las semanas. Cuando encarás giras o toques en el interior no es lo mismo tomártelo como un trabajo y decir “bueno, hoy tengo un toque en tal lugar” que encararlo como una salida escolar. Vas con todos tus compañeros de clase y lo vivís desde otro lugar. En mi caso, es de las cosas más lindas que me quedan de La Bastarda. Yo miro para el costado y veo a mi mejor amigo de toda la vida, veo a amigos que se han transformado en hermanos porque han estado en momentos de mi vida en los que los necesitabas. Eso te da otras herramientas a la hora de defender un espectáculo y una institución. Si armamos una estructura es porque también somos todos amigos, tenemos el mismo amor por la murga y por el otro.
Sos parte de la nueva generación de la murga. ¿Desde que entraste hasta ahora has visto algún cambio positivo? Sobre todo porque en los últimos años ha habido polémicas como Varones Carnaval.
Varones Carnaval fue un punto de quiebre. Por lo menos en mi caso, que no tengo una trayectoria larga. Creo que después de Varones Carnaval se vio un quiebre en los tablados, en la información que hay, en los puntos violeta, y eso está buenísimo. Lo mismo después del COVID: hay un montón de tablados en los que tenemos baño para murguistas. Antes, a veces, te tenías que cruzar todo un tablado para ir a un baño. Son cositas que hacen a la fiesta. Se habla mucho de las críticas al gobierno o del humor, y creo que eso, como la sociedad, se va transformando. Pero las cuestiones más esenciales de lo humano, como lo que pasó después de Varones Carnaval, son las que de verdad transforman la fiesta.
¿No hay una presión a la hora de estar escribiendo, de decir “con esto capaz que nos funan”?
Está, sí. Uno va tanteando. Yo soy de los que, por lo general, se pasa un par de kilómetros y siempre le digo a Camilo: “¿era una parada antes, no?”, y me dice: “sí, era una parada antes”. Pero creo que eso es parte de esta era en la que vivimos: hay que cuidar un poco lo que decimos. Con el espectáculo del año pasado también descubrimos que sí, que hay un límite, pero que también es clave ver cómo tocás los temas. Yo fui el primero que le dije a Camilo que me parecía que personas en situación de calle era un tema incómodo, fuerte, que nos iban a cancelar. Después terminó pasando todo lo opuesto. Y este año pensamos meternos con temas que por ahí son bastante tradicionales y sabemos que a un montón de gente no le va a gustar, pero también uno asume el riesgo. Entonces entrás a jugar en ese terreno de hasta dónde voy y qué riesgo asumo.
Pero creo que la murga también tiene algo de barro, por decirle de alguna forma, que está bueno que esté. A veces, si no se toman riesgos, también se pierden cosas. Me pongo un poco contador, pero como toda inversión, por lo general las inversiones que más rédito dan son las más riesgosas. Con el humor y con la crítica pasa lo mismo. Hay temas que son difíciles de abordar, pero que cuando se hacen bien, lo que vuelve es importante.
Por Sofía Durand Fernández
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