Miles de alpinistas pasan su vida soñando con coronar el Everest, la montaña más alta del planeta, sin lograrlo, y el sherpa nepalí Kami Rita acaba de hacerlo por vigésimo sexta vez, rompiendo por quinta vez su propio récord.
Tomás Lobo

El pasado 7 de mayo, en la instalación de la cuerda fija que ayudará a llegar al techo del mundo a los aspirantes de esta temporada, el legendario guía de 52 años retornó a la cima a la que ha llegada más veces que cualquier persona.
Poco antes de caer la noche, Kami volvió al punto que pisó por primera vez hace casi tres décadas, cuando apenas tenía 24 años, pero cargaba el peso de una milenaria cultura de seres humanos acostumbrados a las alturas.
«Me gustaría aclarar que no hago esto por el récord, si no por los escaladores que vienen a Nepal con grandes sueños, y gastan sus ahorros de toda una vida por volverlos realidad», declaró el héroe meses atrás, entrevistado por el portal Dream Wanderlust.
En aquel diálogo, Kami confirmó que el éxito de la escalada depende en gran medida del rigor de los sherpas que, como él, conducen a los montañistas a través de senderos tortuosos hasta alturas tan inquietantes que son conocidas como la «zona de la muerte».
De hecho, muchos tienen que renunciar sin adentrarse demasiado en dicha zona, pues avanzar siquiera unos pasos -o unos minutos- más podría costarles la vida, y quedar como tantos otros en una montaña que rara vez está de buenas.

MADRE DEL UNIVERSO
El Everest es conocido en Nepal como Sagarmatha («La frente del Cielo»). Los sherpas del Tíbet le llaman Chomo-lungma («Madre del Universo»). En China hay quien le dice Shengmu Feng («Pico Santa Madre»), y los británicos lo bautizaron inicialmente como pico Waugh.
En 1865, la Royal Geogra-phical Society homenajeó al topógrafo sir George Everest nombrando con su apellido a la montaña que pasaba a ser la más alta del mundo, hito hasta entonces en poder del Kang-chenjunga, también en el Himalaya.
No queda claro si los británicos George Mallory y Andrew Irvine fueron los primeros occidentales en coronar el imponente macizo, el 8 de junio de 1924, porque nunca regresaron para contarlo: el cuerpo de Mallory fue hallado en 1999, en la cara norte del Everest.
Al fin, el sherpa nepalí Tenzing Norgay y el alpinista neozelandés Edmund Hillary lograron el primer ascenso oficial por la arista sureste, en 1953, y siete años más tarde los mon-tañistas chinos Wang Fuzhou, Gongbu y Qu Yinhua hicieron el primer ascenso documentado desde el lado norte.
Sin embargo, la montaña que ha sido coronada unas 10.000 veces ha reclamado más de 300 vidas, la más reciente hace apenas unos días, cuando falleció el escalador ruso Pavel Kostrikin antes de regresar al campamento base del Everest, tras colapsar en el Campo II.
Lo dicho, la Madre del Universo no se anda con juegos…

MUTANTES
Kami Rita no subió en solitario los 8.848,86 metros sobre el nivel del mar. Nadie lo hace. O al menos nadie debería hacerlo. Llegó a la alto al frente de otros 10 sherpas, esa especie de mutantes con una capacidad inusual para soportar la falta de oxígeno.
Dueños de una gran fortaleza física, los miembros de esta etnia están repartidos entre India, Nepal y China, y su especial modificación genética los hace ideales para guiar a alpinistas o llevar consigo grandes cargas. De hecho, así comenzó Kami a los 12 años, como porteador.
Oriundo de la aldea de Thame, Kami traía la profesión en sangre: su padre fue uno de los primeros sherpas profesionales y su hermano mayor, Lhakpa Rita, logró 16 ascensiones al Everest.
Como integrante de la agencia Seven Summit Treks, el recordista ha escalado otros «ocho miles», como el K2 y el Lhotse, el Manaslu y el monte Cho Oyu. En 2018 ascendió al Everest por vigésimo segunda vez, rompiendo la marca de Apa Sherpa y Phurba Tashi Sherpa.
Amén de exigente, esta es una actividad lucrativa para quienes viven de ella, con todo y que se juegan la vida en cada aventura. Un guía experimentado puede ganar hasta 12.000 dólares al año, un principiante ronda los 7.000 y un porteador de altura 4.000.
El Departamento de Turismo de Nepal concedió esta temporada 316 permisos de escalada, cifra inferior al pasado año (408), cuando el país batió su récord de concesiones en plena segunda ola de covid-19, lo cual le valió duras críticas.
Sin embargo, llegar a la cima del Everest es y será el sueño de todo amante del alpinismo, quienes seguirán intentando conseguir, aunque solo sea una vez en la vida, lo que el gran Kami Rita Sherpa ha logrado 26 veces ya. Y contando…
(Sputnik)



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