A la anestesióloga acostumbrada a dejar dormidos a sus pacientes, la «desvela» la seguridad de los pacientes. Y esa preocupación —o mejor dicho esa ocupación— es parte de la dosis que Karina Rando quiere inyectarle al Ministerio de Salud Pública cuando asuma el cargo máximo de la cartera, en marzo.
El presidente de la República, Luis Lacalle Pou, confirmó este lunes que Rando (hasta ahora directora general de Coordinación del MSP) será la nueva ministra de Salud tras la renuncia de Daniel Salinas. Se convertirá, de esta forma, en la tercera mujer en la historia de Uruguay en ocupar la titularidad de esta secretaría de Estado.
Ana Evelyn Karina Rando —52 años, anestesióloga y magíster en Salud Pública— no eligió que la llamaran por el tercero de sus nombres. Karina era la manera como la decían sus padres, un comerciante y una administrativa que habían juntado peso a peso para matricular a su hija en el colegio Crandon. Pero sí eligió ser, junto a su hermano, los primeros de su familia en alcanzar la titulación universitaria y, en su caso, acercarse a una disciplina que la atrapó desde niña.
Porque la pequeña Rando se escapaba a la sección de literatura infantil de la Biblioteca Nacional, donde pasaba horas leyendo Los Siete Secretos, esas aventuras de la escritora inglesa Enid Blyton en que los niños eran los protagonistas. Allí empezó a emergerle la curiosidad por la investigación y por el bienestar de los niños que, tras un viaje a Europa en la pre-adolescencia y las posteriores revistas sobre refugiados de Naciones Unidas que recibía en su casa, decantó en el gusto por la medicina.
«Cuando estaba en el último tramo de la Universidad (de la República) entré como ayudante a la cátedra de Fisiopatología. Muchos de mis docentes eran anestesistas. Y a mí me tocaba administrarles la anestesia a los animales para que no sufrieran durante el tratamiento. Po-co a poco me empecé a interesar cada vez más por las reacciones del cuerpo cuando había una intervención, cómo se afectaba la presión arterial, el sistema cardíaco…», cuenta la futura ministra a quien el acercamiento a la política fue el resultado de sus cargos técnicos y no militantes.
Una vez recibida, Ran-do fue escalando en la cátedra de su especialidad médica hasta alcanzar el grado de profesora agregada (grado cuatro), al que renunció para dedicarse al que fue su mayor desempeño profesional: anestesióloga coordinadora del programa de trasplante hepático en Uruguay.
Cuando el hoy senador cabildante Guido Manini Ríos fue director de Hospital Militar, Rando era la coordinadora del programa de trasplante que funciona, para todo el país, en esa institución. Es por eso que Manini Ríos recomendó a la anestesióloga para el cargo de Salud Pública cuando Cabildo Abierto se quedó con esa cartera en el reparto del gabinete entre los socios de la coalición multicolor.
Rando contaba, a su vez, con algunas características que la destacaban para esa elección entre sus correligionarios: tenía una maestría en Salud Pública, había sido la referente de un programa que atendió a más de 260 trasplantados (ella también participó en otros 100 trasplantes en el exterior), se caracterizaba por gestionar equipos y llevar un orden que, quienes la conocen, dicen que es parte de su manera de ser.
De hecho, en plena emergencia sanitaria del covid-19, ella era de las jerarcas que les pedía a los directores departamentales de Salud que completaran planillas, revisaran datos y los analizaran para actuar. Incluso presentó un proyecto de rescate en ambulancias para pacientes accidentados de tránsito en las rutas. Otra vez su preocupación-ocupación: la seguridad del paciente.
Entre una decena de trabajos académicos, el uso erróneo de ampollas de anestesia en pacientes le valió el reconocimiento de Salud Pública y de la Academia Nacional de Medicina.
Con ese bagaje, deberá sustituir al ministro que, según las encuestas de opinión pública, está mejor evaluado por la ciudadanía, tras una pandemia que insumió el trabajo de la cartera en casi la mitad del período de gobierno.
El Observador



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