La violencia e inseguridad no da tregua en Ecuador. Robos, asesinatos, secuestros, extorsiones y otros delitos son comunes a diario en las calles del país suramericano; así como también los enfrentamientos en las prisiones.

Esta semana comenzó con el asesinato, el lunes, del dirigente político Pedro Briones, del partido izquierdista Revolución Ciudadana, tras recibir dos balazos en el parque de la parroquia San Mateo de la ciudad de Esmeraldas. 

El mismo día hubo protestas en la Penitenciaria del Litoral y de la Cárcel Regional de Guayaquil, por el traslado a otra prisión de José Adolfo Macías Villamar, alias ‘Fito’, líder del grupo criminal ‘Los Choneros’.

El martes hubo una amenaza de bomba en la Terminal Terrestre de la ciudad de Guayaquil. La Policía logró llevar a cabo una detonación controlada de los artefactos encontrados.

Las cifras que ha dejado la violencia son contundentes. En 2022, el país suramericano vivió su año más violento, con 4.823 homicidios intencionales en los 12 meses. Eso significó una tasa de 26,68 asesinatos por cada 100.000 habitantes, según datos confirmados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), citados por el diario Expreso.

En comparación con el año previo, las muertes violentas el año pasado se duplicaron, puesto que en 2021 la tasa de homicidios fue de 13,89 por cada 100.000 habitantes, según reveló en mayo pasado la Policía Nacional.

Pero este 2023 se perfila más violento aún que el 2022. Según información de la Policía Nacional y del Ministerio del Interior, entre el 1 de enero y el 2 de julio de este año, Ecuador registró 3.568 homicidios intencionales. De mantenerse la tendencia, el país podría cerrar este año con una tasa de cerca de 40 asesinatos por 100.000 habitantes.

Elecciones empañadas

Este es el escenario a las puertas de las elecciones presidenciales y legislativas anticipadas, que se realizarán el próximo domingo 20 de agosto y que fueron convocadas luego de que el presidente del país, Guillermo Lasso, decretara muerte cruzada y disolviera a la Asamblea Nacional en mayo pasado.

En el camino a los comicios, no han escapado de la violencia los políticos. Previo al homicidio de Briones, el pasado miércoles 9 de agosto fue asesinado, a la salida de un mitin de campaña, el candidato presidencial Fernando Villavicencio, del movimiento Construye, que está liderado por la exministra María Paula Romo. Ante ello, el partido propuso al periodista Christian Zurita Ron como su reemplazo.

Dos días antes del crimen de Villavicencio, la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Diana Atamaint, denunció que las autoridades del ente habían recibido amenazas contra su integridad.

El pasado 23 de julio, fue asesinado el alcalde de la ciudad de Manta, en la provincia costera de Manabí, Agustín Intriago. La semana previa también mataron a Rider Sánchez, quien era candidato a la Asamblea Nacional por la alianza política Actuemos.

Una situación similar se vivió previo a las elecciones locales de febrero pasado, cuando varios candidatos sufrieron atentados y algunos de ellos fueron asesinados. Entre los que perdieron la vida estuvieron Omar Menéndez, quien procuraba la alcaldía del cantón Puerto López, en la provincia de Manabí; y Julio César Farachio, que iba por el municipio de Salinas, en Santa Elena.

Descenso en el ‘ranking’

La situación que actualmente vive el país suramericano ha sido catalogada por el expresidente de Colombia y exsecretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, Ernesto Samper, como la «colombianización» de Ecuador, porque se reproducen «los mismos problemas» que el país vecino vivió en la década de 1980.

Pero además señala, en un artículo de opinión publicado en El País, que también es similar a lo ocurrido en México en unos años más tarde. Su comparación se da a propósito del asesinato de Villavicencio, que se asemeja al ocurrido contra el excandidato presidencial colombiano Luis Carlos Galán, el 18 de agosto de 1989; y al del aspirante a la Presidencia de México Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994.

¿Pero cuándo comenzó esta ola de violencia que hoy azota a Ecuador? En 2017, cuando Rafael Correa entregó la Presidencia a su sucesor, Lenín Moreno, la nación tenía un panorama totalmente distinto. Ese año, ocupó el puesto 57 a nivel mundial (de 163 países) y el quinto a nivel de Latinoamérica y el Caribe, solo superado por Chile, Uruguay, Costa Rica y Panamá, en el Índice de Paz Global, un indicador que mide el nivel de paz y la ausencia de violencia de un país, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, con sede en Sídney y oficinas en Nueva York, Ciudad de México y La Haya.

En 2023, el país descendió al puesto 97 en ese ranking a nivel global y al 11 entre sus vecinos de Latinoamérica y el Caribe, detrás de Costa Rica, Uruguay, Argentina, Chile, Panamá, Paraguay, Trinidad y Tobago, Jamaica, Bolivia y República Dominicana.

Según una base de datos del Banco Mundial (BM), en 2017 el país tenía una tasa de 6 homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes. «Éramos referencia, Ecuador se conocía como una isla de paz«, comentó el exmandatario, en entrevista con RT la semana pasada.

En 2018, según esa misma data del BM, se mantuvo en seis asesinatos por cada 100.000 habitantes, en 2019 subió a 7, en 2020 a 8 y en 2021, año en el que Guillermo Lasso asumió la Presidencia, llegó a 14 (o 13,89 según la Policía Nacional). El aumento continuó estos dos últimos años.

Incluso EE.UU. ha degradado al país en los avisos de viajes a sus ciudadanos. En enero de 2018, el Ministerio de Turismo de Ecuador celebraba que el país norteamericano ubicara al territorio ecuatoriano en «Nivel 1», que sería el de mayor seguridad o con el que invitan a los viajeros a «ejercer precauciones normales»; no obstante, actualmente está en «Nivel 2«, es decir, que llama a «ejercer mayor precaución».

«La delincuencia es un problema generalizado en Ecuador. Los delitos violentos, como asesinatos, asaltos, secuestros y robos a mano armada, son frecuentes y generalizados. La tasa de delitos violentos es significativamente mayor en las zonas donde se concentran las organizaciones delictivas transnacionales», dice el aviso del Departamento de Estado, en el que piden a los estadounidenses no viajar a algunas partes del país, como el sur de Guayaquil; las ciudades de Huaquillas y Arenillas, en la provincia de El Oro; a Quevedo, Quinsaloma y Pueblo Viejo, en Los Ríos; y a varias zonas de Esmeraldas.

«Infiltración en el Gobierno»

Para Correa, hay varios factores que han contribuido con el aumento de la violencia en su país. «Desmantelaron todo, decían que era (un) Estado obeso. Eliminaron el Ministerio Coordinador de Seguridad, eliminaron el Ministerio de Justicia, encargado de las cárceles, ahora las cárceles están bajo control de las mafias, eliminaron el Ministerio del Interior [que luego fue restituido], encargado de la seguridad ciudadana y el control policial», entre otras acciones, enumeró el expresidente.

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Asimismo, opinó que no se tomaron las medidas adecuadas contra el crimen organizado, que «ahora se ha infiltrado en el Estado». «Es claro que hay infiltración en el Gobierno, en la fuerza pública; y vemos unos niveles de violencia sin precedentes», enfatizó.

«Tampoco se tomaron las precauciones, por ejemplo, cuando hubo una mutación del negocio de la cocaína, no hubo ya mercado por el fentanilo en EE.UU. —que está matando a los estadounidenses, una droga mucho más potente, mucho más barata—, y empezaron a mandar más cocaína hacia Europa y el territorio de paso es el Ecuador, eso se sabía y no hicieron absolutamente nada», explicó el expresidente.

Para Samper, quien en su artículo muestra sintonía con los comentarios del exmandatario, «los malos gobiernos después de Correa, coincidiendo con la internacionalización de los carteles mexicanos de la droga que también llegaron a Colombia, dejaron libre el camino para el desembarque de estas organizaciones criminales«, que han traído la corrupción y la violencia derivada del narcotráfico.

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