Hace un mes «todo
se desmoronó» para Boris, investigador de neurociencia en París. Al igual
que miles de sus compañeros, vio cómo sus proyectos de investigación se
derrumbaron después de que se suspendiera la cooperación con Rusia por su
invasión de Ucrania.

En los días siguientes
a la invasión, varias instituciones científicas de renombre mundial
suspendieron su cooperación con Rusia. 

Entre ellos, la
Agencia Espacial Europea (ESA), el CNRS (el mayor organismo de investigación
francés), el CERN (organismo europeo para la investigación nuclear) o incluso
el MIT (prestigioso instituto estadounidense). 

La decisión de cortar
los vínculos atestó un duro golpe a la diplomacia científica, sobre todo en el
sector aeroespacial, donde las potencias occidentales habían forjado estrechos
lazos con Rusia desde el final de la Guerra Fría. 

«La decisión fue
dolorosa», dijo la semana pasada Josef Aschbacher, director de la ESA,
cuyos 22 Estados miembros acababan de acordar la ruptura con sus homólogos
rusos de Roscosmos.

Ciencia sin
fronteras

Una de las primeras
víctimas de la suspensión de cooperaciones con Rusia fue la misión ExoMars, que
debía despegar este mismo año desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán,
con ayuda de una lanzadera y una estructura de aterrizaje rusas.

Un hecho amargo para
miles de científicos europeos y rusos que llevaban años trabajando en el
proyecto, clave para buscar vida extraterrestre. 

La suspensión de la
misión también fue un golpe para una comunidad global abierta, impulsada por un
ideal de ciencia sin fronteras y que acababa de recuperarse de la pandemia del
covid-19. 

En esa misma línea,
Boris, investigador del Instituto Nacional de Investigación en Salud y
Medicina de Francia, fundó un centro de ciencia cognitiva en Moscú. 

Sus estudiantes
viajaban por diferentes laboratorios de Europa, y él, que prefiere no dar su
apellido, fue a Rusia para dar conferencias.

«Fue un modelo
transfronterizo único en el campo de la neurociencia», explica a AFP este
estadounidense de origen soviético de unos 50 años que vive en Francia.

«La guerra nos
supera»

De la noche a la
mañana, se perdieron diez años de trabajo. Oficialmente, el proyecto no se ha
detenido, pero en los hechos, «todo está bloqueado». 

Debido a las
sanciones, los investigadores ya no pueden financiar su trabajo en Rusia. Otros
están amenazados por haber protestado en contra de la guerra o huyeron a
Armenia y Turquía.

«Nos hablamos
todos los días a través de Skype o de Zoom… Pero estamos perdidos, la guerra
nos supera», confiesa Boris, desolado.

Del lado ruso, el
aislamiento hace temer que el país salga perdiendo en la competencia científica
mundial. A principios de marzo, 7.000 científicos que trabajan en Rusia
firmaron una petición contra la guerra.

Poco antes, la
comunidad matemática había decidido que su principal congreso mundial no iba a
celebrarse en San Petersburgo, como estaba previsto. 

Carole Sigman, del
CNRS, señala también que la influyente Academia de Ciencias de Rusia
«pidió el cese de las hostilidades y se dirigió a los investigadores
extranjeros para evitar la ruptura de las relaciones científicas».

La investigadora
francesa destaca el auge de las demandas de visados de científicos sociales
rusos para venir a Francia.  

«No
abandonarlos»

Del lado occidental,
profesores de universidades conocidas como Harvard y Cambridge instaron a
«no abandonar» a sus colegas rusos en un artículo publicado en la
revista Science el jueves. 

Según ellos, una
«persecución indiscriminada» sería «un grave retroceso para los
valores occidentales, basados en el progreso científico y
tecnológico». 

Al contrario, varios
investigadores ucranianos, como el físico Maksym Strikha, de la Universidad
Taras-Shevchenko de Kiev, piden un «boicot total» a la comunidad
académica rusa.

Pero a pesar de ello,
los vínculos persisten. «El muro sigue siendo permeable», observa
Denis Guthleben, agregado científico del comité de historia del CNRS. 

Este organismo público
suspendió sus nuevas colaboraciones con Moscú, pero mantiene la actividad de
sus laboratorios internacionales en territorio ruso.

Con base
en AFP





Source link