Por Leticia Rodríguez Taborda

“Hubo allí siglos de interacción cultural con África subsahariana y distinta ha sido la vida cívica e igualitaria de Uruguay, donde tempranamente Oribe terminó con el esclavismo y donde jamás hubo discriminación legal por causa de tal o cual raza o religión”.

Con motivo de la violencia simbólica y sistémica que sufrimos las personas afro en Uruguay, quiero compartir con ustedes algunos documentos históricos que hacen eco de una realidad aún invisible para muchas personas. Si bien existe una cantidad importante de documentación sobre la discriminación legal, voy a dirigirme a describir la vida de personas negras en esa sociedad soñada por el editor del diario El País hacia 1850. Especialmente para contrarrestar el relato hegemónico que tratan de transmitir algunos medios de prensa de Uruguay.

Extraigo algunos textos de nuestros más notables historiadores.

En el libro Historia de la sensibilidad de J.P. Barrán nos podemos encontrar con las siguientes citas.

El “uso frecuente de amas de leche estaba tan difundido que el 67% de los avisos que salían en la prensa (1853) son pedidos de amas de leche”. De “un total de 94 amas, el 60% era de color”.

Otro texto dice: “El jefe de Policía Santiago Botana, en 1860, instauró la inscripción obligatoria en el registro policial donde se tenía que mantener la libreta de conducta al día. Era de buena conducta que las mujeres se quedaran en la casa de los patrones. Si esto no se cumplía, tenían que ir a vivir al Asilo de Mendigos”. El Asilo era, según  nuestros antepasados, el infierno de Montevideo.  “Los malos tratos que se infligieron y el destino final que se les daba a nuestros viejos, donde se les mandaba a morir para que los patrones no tuvieran que tener el triste espectáculo en sus casas”.

En 1868 en el periódico La Tribuna nos encontramos con el artículo “Tundas necesarias”.

“Un amigo mío que es un excelente muchacho suele sacudir de cuando en cuando algunas buenas felpas a sus criados. Pero, hombre, le decía el otro día un amigo, es extraño que tú, con un carácter tan suave, maltrates así a los que te sirven. ¡Qué quieres! respondió aquel: los criados son como los relojes; es preciso darles cuerda de cuando en cuando”

En el libro Anales Históricos II, de Eduardo Acevedo, nos encontramos con que en 1853 la prensa de la época denuncia los atropellos cometidos a los soldados héroes de la patria, pertenecientes al escuadrón de pardos y libertos. A uno de ellos se lo penó con 1.500 azotes, lo que equivalía a la muerte. El coronel Palleja, mártir de la Guerra de la Triple Alianza, refutó a la prensa que solo fueron 500 azotes y que eran necesarios para mantener la disciplina.

Martín Aguirre, editor del diario El País, dice: “El discurso importado de la izquierda estadounidense según el cual en todas partes del mundo hay un ‘racismo sistemático’, no solo es una evidente exageración panfletaria, sino que aplicado a nuestra realidad, no hace más que dañar nuestra convivencia nacional”.

Empero, cualquiera que estudie un poco de historia sabe que eso no es así.

Estimado Martín: le dejo como recomendación una serie de libros que le enseñarán mucho. Libros que se nota que en su formación académica no le señalaron sus docentes como fuentes de estudio.

Mbundo: Malungo a Mundele, de Jorge Romero Rodríguez, Historia Afrouruguaya, de Óscar Montaño, y Negros en la Nación Blanca, de Jorge Reid Andrews.

Dichos manuales le ayudarán a comprender que el racismo no solo fue importado de Europa, sino que además sufrió varias mutaciones y nuevas formas de Xenofobia.

Además comprenderá el gran racismo sistemático que ha sufrido América Latina entera sumado a cierto proceso segregacionista que existió en Uruguay.

Quizás no se haya enterado de los clubes de la raza que existieron hasta hace muy pocos años, tenían distinción ingreso. La gente negra no podía ingresar a los clubes sociales blancos en casi todos los departamentos del país. Quizás no sabe que existe aún una política segregacionista por parte de muchos empresarios blancos que no gustan de contratar a personas afro en sus trabajos, claro que esta medida es solapada.

Ya que estamos; aprovecho a consultarle: ¿cuántas personas afrouruguayas trabajan en su sala de redacción?

Le comento que la globalización como tal la instauró la trata transatlántica y su derivación en la explotación económica que hasta hoy perdura en gran parte de América y especialmente en Brasil, por si no lo sabía.

Pero está claro para nosotras, hombres y mujeres afrouruguayos que trabajamos día a día, que este editorial que usted escribió es la clara de huevo del corporativismo entre las acciones llevadas por el presidente de la República y el medio de prensa ya mencionado. Ya que es una vergüenza nacional que Uruguay no participe en la Conmemoración Internacional de Durban.

No es un gesto solidario que el presidente no participe en un evento tan importante para los 300.000 afros que viven en Uruguay. Es un agravio. Es una violencia simbólica. Usted, Martín, debería saber cuál es la situación de la población afrouruguaya hoy.

Saber que la participación de Sudáfrica en aquel 2001 en esa Conferencia Mundial Contra el Racismo fue protagónica por parte de Uruguay y de su población afrouruguaya. Gracias a la articulación de Organizaciones Mundo Afro, en esa conferencia, las personas de ascendencia africana de toda la extensa diáspora decidieron utilizar el término afrodescendientes para comenzar a reparar el tejido social dañado por la cosificación generada históricamente por la palabra “negro”,  palabra que no permitía generar una identidad con África desde el concepto de derecho humano de la autoadscripción cultural.

Es muy complejo entender cuando no se quiere tener sensibilidad sobre estos temas. Es muy complejo cuando el privilegio de ser blanco, rico y tener medios de prensa habilita a la soberbia. Es muy doloroso todo lo que aún nos falta para que esto se entienda como una cuestión de vida y calidades de vida que seguro usted no conoce aunque tenga amigos negros.

Le invito a reunirse con las organizaciones afro para comprender más que el racismo sistemático no es solo palabras. Es falta de acceso, oportunidades, violencias sistemáticas, problemas psicológicos a causa del racismo, así como muerte temprana generada aun por quienes sostienen este país siendo jornaleros, y zafrales que trabajan en el campo. Se nota que hay mucho que no conoce. Pero no se preocupe, nosotras, las que vivimos el racismo cotidiano, las detenciones policiales porque ser negra es tener una “apariencia delictiva”, estamos acá para recordarle que tenemos voz y la vamos a hacer sentir. Estamos también para denunciar que existimos y somos parte de esta historia. Estamos también construyendo el país con amor y políticas de diversidad que quizás nunca pueda comprender. Ojalá algún día se dé cuenta de su privilegio y pueda generar otras formas de percibir y escribir. Mientras tanto, estamos aquí para contestarle que la manija diversa está activa.



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