Hoy queríamos expresarnos sobre el otro Uruguay, el que parece que muy pocos quieren ver pero que lamentablemente existe.

La mayoría de los uruguayos vive en el otro Uruguay, el que sufre permanentemente la escasez de recursos, de dineros suficientes para lograr tener por lo menos lo esencial para vivir decorosamente.

La lucha permanente por subsistir es cada día más normal y miles de uruguayos se van acostumbrando a esa lamentable situación de cuidar el peso al máximo para poder por lo menos llegar a fin de mes.

No me estoy refiriendo a esos miles de compatriotas que no tienen trabajo y que por consiguiente viven casi indigentes, esperando la ayuda del Estado o los vales de alimentación; en realidad me estoy refiriendo a la masa trabajadora que teniendo un empleo y cumpliendo a la perfección el horario y la tarea que le asignan, igualmente les sirve para muy poco la remuneración mensual que recibe.

Periódicamente veo familias que se van desintegrando de a poco, haciendo malabares para comer todos los días, para vestirse y cumplir con los esenciales gastos que tenemos todos.

Bastaría con ir a la UTE o ANTEL y ver cómo una de las gestiones más populares y masivas que se reciben es separar la factura cuando se les juntan dos meses de consumo y pagar una sola para que no les corten.

Bastaría con que se hagan públicos la cantidad de cortes de consumo de energía eléctrica o de teléfono que diariamente llevan a cabo las compañías para darse cuenta que la gente no puede pagar todo, sino que tiene que elegir muchas veces cuál es el servicio que se deja cortar.

Cuándo comienzan las clases de primaria y ya se comienza a sufrir por parte de muchos, porque hay que comprarles las túnicas o los útiles escolares y es una extra que todos los años tenemos que cumplir.

Hay muchas familias que piden crédito para comprarles los útiles a sus hijos y ponerlos en condiciones para comenzar el año escolar y que después pasan seis u ocho meses pagando cuotas de ese crédito, lo que le aumenta el costo del equipamiento hasta un 40% o 50 %.

¿Cuántas familias hay que llevan a sus hijos a lo de sus padres para que puedan alimentarse decorosamente? Y son gente que trabaja, que cobra un sueldo, que paga sus impuestos, pero que de ninguna manera le alcanza para vivir dignamente.

En los últimos 20 años la clase social que más mejoró ha sido la clase alta, es decir, que seguimos beneficiando al que más tiene y aquel viejo dicho popular de hace tantas décadas que el que tiene dinero hace más dinero sigue siendo una realidad.

En Montevideo es muy sencillo ver la pobreza y en el interior la mayoría de la gente vive en estado de pobreza.

Los barrios de las capitales departamentales en su mayoría son una muestra cabal de todo esto que estamos hablando.

Gente humilde, de trabajo, de familia; que pasa realmente muy mal y siempre, permanentemente haciendo malabares para que te alcance el dinero.

La mayoría de las veces aquellas familias que tienen niños vemos cómo sus padres no comen o no se compran un par de zapatos para poder darle a sus hijos lo más elemental.

Toda esta situación que es real ya que la eh visto permanentemente en decenas de lugares no es vista ni tratada por quienes tienen el poder de hacer los cambios que pedimos a gritos.

Por allí pasan los candidatos a diputados o a intendentes y hasta los que quieren ser ediles y solo piden el voto en base a varias promesas, sin luego concretar una ayuda indispensable.

Miren que estoy hablando de gente que trabaj,a de cajero en un supermercado, de TA-TA, o que cumple tareas en una Intendencia del interior, gente con trabajo estable, que cuando llega a fin de mes y cobra 16 o 20 mil pesos se tiene que arreglar con eso hasta el mes siguiente.

Yo siempre digo que el país, nuestro querido Uruguay, está mal administrado, ya que cuando llego a una pequeña localidad o a una villa del interior del país, o veo lo que ocurre en los cinturones de pobreza que hay en la capital no puedo sacarme de la cabeza los despilfarros y acomodos que tengo conocimiento ocurren en los organismos del Estado.

Muchas veces sueño en poder arreglar las cosas, en lograr que quienes tienen el poder de gobernar tomen conciencia de esta realidad en que vivimos muchísimos uruguayos, pero veo que pueden cambiar los partidos políticos, o los nombres de los principales dirigentes, pero hay un sistema que no cambia.

Y a raíz de este grave problema social que es la escasez de dinero para vivir dignamente llegan los otros grandes problemas que también conocen los gobernantes pero miran permanentemente para otro lado.

A los problemas sociales se le suman invariablemente la angustia y la depresión, un mal colectivo que es aún peor que el cáncer.

Una persona sin objetivos, que mira al horizonte sin esperanzas y que cae en enfermedades psicológicas como lo es la angustia y la depresión, es muchas veces un muerto en vida.

Y muchas veces nos hemos preguntado por qué el Uruguay ha llegado al más terrible podio de suicidios.

Jóvenes y adolescentes que se quitan la vida, una de las peores angustias sin dudas que vivimos los uruguayos.

Espero de corazón y con el mayor de los entusiasmos lo digo, que se tome conciencia de esta realidad para cambiar la forma de administrar los dineros públicos y en base a esa austeridad y honestidad que reclamamos se cambie el destino de los dineros públicos y que vaya en beneficio de mejores y justos salarios.

Todo es una gran cadena porque dicen las empresas que no pueden pagar mayores salarios porque sus ganancias no lo permiten, ya que se quejan que les cobra grandes porcentajes de impuestos el gobierno.

Entonces es un círculo vicioso financiero que hay que saber cortarlo y ponerlo en forma positiva.

No pierdan las esperanzas, no caigan en angustia o depresión, vamos a unir las voluntades para multiplicar la información y que todos los uruguayos tengan el derecho a estar informado y de esta manera tomar conciencia que no se puede permitir que nos sigan robando nuestros administradores el dinero que tanto nos cuesta ganar.



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