Reconocer la importancia de los cuidados, repartir este trabajo de forma más equitativa y reducir la carga que supone para las mujeres son los objetivos del Sistema de Cuidado de Bogotá, el primero de América Latina que aborda esta problemática desde la política pública local. 

Así lo explica en entrevista con EFE Diana Rodríguez Franco, secretaria de la Mujer de la Alcaldía de Bogotá, quien visitó Uruguay y Argentina para conocer las políticas de cuidados que llevan adelante los países rioplatenses y explicó la innovadora idea de crear «manzanas del cuidado» para favorecer la equidad. 

«Si el trabajo del cuidado no remunerado fuera remunerado equivaldría al 13 % del Producto Interno Bruto de Bogotá y al 20 % del PIB de Colombia», subraya Rodríguez. 

Siguiendo la estela de Uruguay, que en 2015 aprobó una ley para implementar un sistema nacional integrado de cuidados que atendiera las necesidades de mayores, discapacitados y niños, Bogotá desarrolla una innovadora política pública que se centra en las cuidadoras para que puedan «liberar» tiempo e invertirlo en estudiar, hacer deporte, integrarse a la vida política y social o para tener un «respiro». 

¿Qué son los cuidados? 

Aunque los «cuidados» pueden parecer un concepto abstracto, Rodríguez los ilustra de la siguiente manera: «Son lavar, planchar, cocinar, cuidar a personas mayores, niños o personas con discapacidad que requieren apoyo. Son esas actividades que permiten el sustento de la vida y sin el que no podríamos vivir». 

En Bogotá, 3,6 millones de mujeres hacen trabajos de cuidados remunerados. De ellas, 1,2 millones lo hace a tiempo exclusivo con un promedio de 10 horas por día. Es decir, la vida de un 30% de las mujeres de la capital colombiana gira exclusivamente en torno a cuidar, según los datos que se desprenden de un estudio realizado por la Alcaldía de la capital colombiana. 

Como en casi todo el mundo, en Colombia, explica Rodríguez, existe esa expresión de «mi mamá no hace nada, ella todo el día está en la casa», frase que pone de manifiesto la necesidad de hacer visibles estas tareas que están «absolutamente» invisibilizadas, aunque son el soporte de la vida y la sociedad. 

Esta afirmación, aún común, contrasta con la realidad, puesto que todas las personas hemos sido cuidadas, cuidamos y podemos requerir cuidados nuevamente de forma temporal o permanente en algún momento de nuestra vida, agrega Rodríguez. 

Urbanismo para cuidar

Una de las innovaciones del Sistema Distrital de Cuidado, como se denomina oficialmente, es la creación de manzanas del cuidado que concentran servicios de educación o salud con espacios públicos y de comercialización de emprendimientos de mujeres, explica la secretaria de la Mujer de Bogotá a EFE

La forma en la que las mujeres transitan la ciudad es completamente diferente a la de los hombres. «Los viajes de los hombres son lineales, de la casa al trabajo, las mujeres nos movemos en estrella porque vamos al jardín, al centro de cuidados para mayores, a recoger los medicamentos, etc.», dice Rodríguez. 

«El sistema de cuidado es una apuesta de urbanismo feminista, porque (…) decidimos reorganizar la ciudad en torno a las mujeres y las necesidades de cuidado», destaca la secretaria de la Mujer.  

El plan quiere convertir a Bogotá en «una ciudad de 30 minutos, una ciudad que se pueda caminar, una ciudad que tenga los servicios de cuidados cercanos». 

Terminar el bachillerato, hacer yoga o aprender algún oficio son algunas de las actividades que las cuidadoras pueden desarrollar en las manzanas del cuidado. Mientras ellas están en un rato de esparcimiento o aprendizaje, quienes requieren apoyos tienen espacios donde son atendidos con calidad. 

Otra de las acciones que se implementan en el marco de esta política pública es la «Escuela de cuidado para hombres», una original forma de sensibilizar sobre la importancia y la carga que suponen las tareas domésticas, puesto que «parte del problema es que no reconoces esa actividad con un nombre, lo das por sentado», afirma Rodríguez. 

Cuidados en Latinoamérica

Según datos de ONU Mujeres y CEPAL, en América Latina las mujeres dedican el triple de tiempo que los hombres a cuidar. 

Uruguay cuenta con un sistema de cuidados, consagrado por ley desde 2015, que reconoce el derecho a cuidar y ser cuidados. A su vez, en Costa Rica funciona una red nacional de cuidado y desarrollo infantil. 

Trabajar para un reparto más equitativo de las tareas de cuidado entre varones y mujeres, así como entre familias, Estado y mercado, es el objetivo de la construcción de estos sistemas en la región. 

Porque, como señala Rodríguez, «hay problemas que uno no necesita explicar, que todo el mundo entiende» en referencia a la seguridad o el cambio climático, «porque la gente los tiene identificados en su radar»; a los cuidados hay que «nombrarlos, hacer caer en la cuenta de que hay un problema». 

Con base en entrevista de Jacinta Rivera Trobo para EFE





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