"Somos polvo de estrellas", de José María Maza Sancho
«Somos polvo de estrellas», de José María Maza Sancho

Paradójicamente, el origen de la vida en la Tierra no estaría en la Tierra. De esto se trata el interesantísimo trabajo de José María Maza Sancho, Somos polvo de estrellas (Paidós): de cómo el calcio —entre otros átomos— es producto de la “contaminación” que una supernova provocó en nuestro sistema solar. Todos los átomos que componen nuestro cuerpo, salvo el hidrógeno, explica Maza Sancho, han sido fabricados en el interior de una estrella. Esta idea, muy provocadora, nos plantea casi como seres extraterrestres en la Tierra.

José María Maza Sancho (Valparaíso, 1948) es un reconocido científico que en 1999 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias Exactas y es miembro de la Academia Chilena de Ciencias. Con sencillez pero sin perder la rigurosidad y con un tono muy cercano, explica el Big Bang, el origen y la evolución química del mundo, la conformación de las galaxias y cómo desde el mismísimo comienzo —desde ya los primeros segundos— el universo se configuró como un entorno poroso en el que cada sistema interviene en los demás.

"El ojo de Dios"
«El ojo de Dios»

“Aristóteles, hace dos mil quinientos años, planteó una dicotomía entre el mundo sublunar y el mundo supralunar”, escribe Maza Sancho en el corolario de su trabajo. “Newton demostró que ambos mundos están regidos por las mismas leyes. Kirchhoff nos demostró, en 1859, que ambos mundos están constituidos por los mismos elementos químicos. Hasta donde hemos estudiado, las leyes de la física que se han descubierto en los últimos siglos rigen en la Tierra, en el sistema solar, la Vía Láctea y en el universo entero. Pese a lo anterior, el hombre de la calle sigue tratando de ver como cosas separadas a la Tierra y el cosmos. No hay nada más erróneo. La Tierra entera y cada una de sus partes tienen un origen cósmico”.

La pregunta que sobrevuela el libro y que Maza Sancho no hace ni responde pero uno no puede dejar de pensar es si realmente somos los únicos seres inteligentes del universo. Si la vida, tal como la conocemos, no es más que una contaminación galáctica, quién asegura que haya sucedido sólo en nuestro mundo.

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