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Es considerada la mayor concesión de saneamiento básico de la historia de Brasil.

La subasta de la Compañía Regional de Aguas y Alcantarillados (Cedae), considerada la mayor concesión de saneamiento básico de la historia de Brasil, recaudó este viernes 22.690 millones de reales (unos 4.100 millones de dólares), más del doble de lo esperado.

Uno de los cuatro bloques de la compañía que se subastaban en la Bolsa de Valores de Sao Paulo quedó sin comprador, mientras que el consorcio Aegea, que tiene apoyo financiero de un fondo soberano de Singapur, se llevó dos bloques. El tercer bloque fue obtenido por el consorcio brasileño Iguá, integrado por Sabesp, la empresa pública de saneamiento básico del gobierno de Sao Paulo.

Con esta concesión por 35 años se pretenden cambiar los servicios de abastecimiento de agua y alcantarillado en la capital y otros 34 municipios del estado. Se espera que 16 millones de personas se beneficien y genere unos 26.000 empleos directos e indirectos.

Cedae (que presta servicios a 64 de los 92 municipios de Río de Janeiro) no se privatiza por completo, una parte seguirá siendo de propiedad estatal, responsable de la recolección y el tratamiento del agua, mientras que las concesionarias se encargarán de distribuirlas a la población.  

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Acciones

Están previstas acciones para descontaminar la bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, así como la cuencas del río Guandú y el complejo de lagunas de Barra de Tijuca.

Otros de los objetivos es la universalización de los servicios para 2033, con una inversión estimada de 30.000 millones de reales (unos 5.500 millones de dólares) y una inversión mínima de 1.860 millones de reales (unos 342.000 dólares) destinada a las favelas.

Alrededor de 1,6 millones de personas no tienen a agua potable en Río de Janeiro, y seis millones no viven en áreas con recolección de aguas residuales.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, participó en la subasta junto al gobernador en funciones, Cláudio Castro, y el ministro de Economía, Paulo Guedes, entre otros.

A su llegada, el ultraderechista fue recibido por una protesta. Al grito de «genocida» y «fuera Bolsonaro», los manifestantes recordaron a los más de 400.000 muertos en Brasil por la pandemia. En un momento dado, una de las personas lanzó un huevo contra la comitiva del presidente. 



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