Desde hace muchos años las cárceles del Uruguay son gran tema de políticos y de los medios de comunicación.

Todos opinan, hablan, denuncian, pero, todo sigue igual y empeorando día a día.

La corrupción campea en cada uno de los sectores de las cárceles.

Los traslados son en su gran mayoría pagos.

Los abogados conocen cual es la puerta que hay que golpear para lograr los objetivos de sus clientes privados de libertad.

Jerarcas policiales están bajo sospecha, muchos de ellos señalados por los propios reclusos con actividades ilícitas.

La droga y los narcos son los dueños de las cárceles, todo giró en su entorno.

La corrupción llega a todos los puntos posibles, desde los más insignificantes, hasta facilitar una fuga.

Hay incluso políticos metidos, algunos de ellos que incluso han llegado a ocupar cargos importantes en cárceles y ahora son jerarcas del Ministerio del Interior.

Y voy a decir algo que nunca he dicho, el hoy presidente de la República tiene conocimiento de las actividades ilícitas de muchos de los que luego son designados en cargos tan importantes.

En la cárcel nadie se rehabilita, eso es un verso, a la inversa, los narcos son profesores para salir siendo más delincuentes de lo que ingresan.

Hay mucho más, muchísimo más, incluso el poder judicial involucrado en algunos casos emblemáticos.

Hemos tenido jueces que usaron el dinero que se les había quitado a narcos.

Y voy a terminar nombrando a un policía honesto, que fue director de cárceles, Enrique Navas, que lo corrieron por ser honesto.

Detrás de todo está el sistema político profesional, que maneja los intereses de esa recaudación millonaria que se origina en las cárceles.



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