play_arrow

keyboard_arrow_right

Listeners:

Top listeners:

skip_previous skip_next
00:00 00:00
chevron_left
  • play_arrow

    Hiperactiva Escucha a diario toda la música de moda, con los grandes éxitos de conocidos artistas internacionales, en esta emisora online que retransmite al resto del mundo desde Minas de Corrales, Uruguay.

Noticias Nacionales

Las internas y el Masoller blanco

todayabril 12, 2024

Fondo


El argumento que daba Pomiés trata de esquivar el bulto de los problemas del Partido Nacional e instalar la explicación de que se trata de una disputa más competitiva en la izquierda, «porque la percepción de los frenteamplistas sería que su voto individual podría incidir más para decidir cuál de los dos precandidatos líderes terminará siendo el postulante en octubre. Una interna ‘cantada’ motiva menos», adelantaba Pomiés.

Para analizar una alerta tan fuerte vale recordar algunos datos y repasar anteriores interpretaciones respecto de los resultados de las elecciones primarias en Uruguay, mal llamadas internas, aunque definan la candidatura presidencial en cada partido.

En las tres últimas elecciones (2009, 2014 y 2019) los blancos siempre cosecharon en junio más votos que el Frente Amplio. Además, el FA fue cayendo sucesivamente en votos mientras que el PN permanecía estable promediando 450 mil. Así como en 2014 perdió 40 mil votos comparado con 2009, en 2019 no sólo los recuperó sino que sumó 40 mil más, casi alcanzando el medio millón.

Por su parte, el FA, que había tenido casi 450 mil votos en 2019, en plena disputa entre Mujica y Astori, y en un escenario político muy diferente tras el exitoso primer gobierno, bajó en 2014 a casi 300 mil y cayó en 2019 a poco más de 250 mil votos. Casi 200 mil votos menos que el PN.

Vale recordar que ese diferencial de más votos partidarios en las elecciones internas, a favor del PN, era el principal hecho político del resultado a mitad de camino del ciclo electoral presidencial. Era sistemáticamente muy difundido por la derecha mediática, no sólo en la noche de la elección. La derecha instalaba su impulso triunfalista a la par que se sellaba la unidad de los principales candidatos en pugna como fórmula. Así lo hizo Lacalle Herrera con Larrañaga y lo mismo hizo Lacalle Pou en 2014 con el nuevamente derrotado que, desdiciéndose, volvió a subir las escaleras del «honorable directorio» para posar en una nueva puesta en escena triunfalista.

Vale recordar el espíritu mediático de la foto de aquellos momentos. Un repaso de aquellas interpretaciones las expone Wikipedia en su página sobre aquellos resultados, por ejemplo, en 2009: «El efecto psicológico es notable, tanto en la dirigencia partidaria, como en el electorado.

La noche de la elección interna, las imágenes televisivas mostraban, por un lado, a un Partido Nacional exultante de júbilo, con sus dos dirigentes más destacados abrazándose públicamente en un gesto de unidad; y, por el otro, a un Frente Amplio con dirigentes cansados, enojados y preocupados, destacándose además la ausencia del precandidato derrotado, Danilo Astori».

Incluso hay que recordar que esa noche de junio de 2009 el FA ni siquiera hizo una conferencia de prensa única. En una carpa helada, no solo por el frío, comparecieron dirigentes secundarios de los sectores derrotados con un laconismo apabullante. A tal punto que el ganador, José Mujica, apenas pudo treparse a la chata de un camión en la esquina de Ejido y Colonia para improvisar un discurso errático que adelantaba los problemas de las dos semanas siguientes y la dificultades para poder hacer la síntesis que finalmente cuajó con la fórmula Mujica-Astori, a la postre victoriosa en noviembre, aun con mayoría parlamentaria, por cierto.

También es bueno recordar que el FA, tras aquella experiencia, igualmente más de una vez resolvió su fórmula traumáticamente, llegando al colmo del sectarismo de la fórmula pasada que excluyó a Carolina Cosse.

Volviendo al Partido Nacional actual, hoy ya se preparan para una mala votación en la interna. ¿Qué tratarán de explicar? Fiel a esa negación tan usual en burbujas partidarias, buscarán instalar que los blancos aprendieron y ya no se pelean como en aquellas internas fratricidas, aunque muchas fueron de pantomima, posando con un wilsonismo de cartón piedra ante el dominio herrerista, el aparato político-financiero más importante del país por sus lazos opacos con el «establishment» nacional e internacional. El leitmotiv será que hoy todos se unen en la defensa de la continuidad del Gobierno y de la coalición.

Pero la realidad es porfiada. Esos malos resultados que ya prefiguran y buscan minimizar sus efectos, a la inversa de cuando los exageraban, tienen que ver, primero, con las carencias de sus candidaturas. La debilidad de Delgado no es solo un problema de carisma; además, tiene la responsabilidad de haber sido secretario de la Presidencia. Es decir, el primer responsable, tras el presidente de la República, de todo lo que sucedía en Torre Ejecutiva.

Tan grande es su responsabilidad que inmediatamente lo aislaron, en tanto control de daños, sobre los casos de corrupción que tenían a Torre Ejecutiva como oficina central. Delgado es responsable, si no por acción, por omisión, lo que lo deja muy mal parado para ser presidente cuando, como secretario de Presidencia, pasó todo lo que pasó, y ese es también un impacto medible sobre un actor político. Mucho más cuando su comando de campaña es dirigido por el mismísimo Lafluf, destructor de documentos públicos.

Podrán seguir intentando blindar a Lacalle Pou, pero no pueden sostener a Delgado como estadista. Y lo mismo pasa con las demás candidaturas blancas, con Raffo y su huida de Montevideo, o la residual candidatura de Gandini, cuyo slogan electoral pretende afirmar un “yo puedo” tan débil que termina instalando el lógico “yo NO puedo” que pretende negar.

El otro aspecto es la incidencia de los impactos directos de las políticas del Gobierno en sus propios votantes, lo que marca la alerta sobre la suerte electoral de la continuidad del Gobierno y nos lleva al análisis de segundo punto del escenario electoral.

Recordando que la elección de junio es aún una incógnita, y nadie sabe lo que sucederá siquiera en términos de votantes, es necesario ser muy cautos para lo que vendrá después. El escenario que debemos discernir para la elección presidencial es el de una estrecha paridad. Dicho esto, aunque el FA siga siendo el partido más votado del Uruguay y aumente su caudal en comparación con 2019, no solo está el antecedente del último balotaje, está la votación del plebiscito contra la LUC que mantuvo los mismos guarismos a mitad de período. El FA debe analizar, comprender y se debe preparar para una elección muy reñida en segunda vuelta y con resultado incierto. Eso implica que se puede ganar por poco pero también perder por poco, como ya nos pasó.

Una primera reflexión exige extirpar cualquier pose de exitismo. No porque la esperanza no sea buena para el impulso, sino porque un exitismo torpe puede incluso frenar y desmovilizar. Necesitamos una esperanza lúcida, ser conscientes de la coyuntura y capaces de asumir los desafíos presentes que trascienden a las candidaturas y nos exigen impulsar la capacidad colectiva.

En esa creatividad y en esa campaña mano a mano, puerta a puerta, casa a casa, pero también siendo productores activos en el uso de la campaña digital, habrá que actuar con todas las facetas de nuestra vida cotidiana. Sobre todo, interactuando con quienes no nos votaron, basados en nuestras ideas pero sobre todo en nuestras prácticas, que es donde se juega verdaderamente la elección.

No se trata de contraponer campaña central de candidaturas versus acciones de la gente, pero recuerden lo que sucedió en el mes entre octubre y noviembre de 2019: el FA repuntó un 9 % y pasó de apenas 40 a 49 %. Esa gesta la hicieron cientos de miles de frenteamplistas que salieron a conquistar el voto, incluso cuando la campaña, en términos de marketing electoral y hasta de ánimo dirigencial, parecía no reaccionar.

Las elecciones que definen las candidaturas presidenciales en los partidos políticos del Uruguay, no sólo por imposición constitucional sino por comportamiento del electorado, tienen características clásicas pero también cambian en dependencia de determinadas coyunturas.

Una de esas características alerta sobre el peligro de confundir junio con octubre. Hoy, ante el notorio avance electoral del FA en todas las encuestas, en comparación con 2019, la derecha ya viene ensayando la estrategia de pretender indicar cuál sería la mejor candidatura de la izquierda. Eso no solo lo hacen ciertos analistas, periodistas o comunicadores, también lo intentan fundamentar con mediciones las empresas encuestadoras y hasta políticos blancos y colorados lo manifiestan abiertamente.

Para la izquierda es muy peligroso caer en ese viejo cuento de la derecha, que es antiquísimo, no solo en Uruguay, y que incluso pretende influenciar la candidatura presidencial de la izquierda según las propias preferencias de la derecha.

Primero, es una falacia muy difícil de establecer. Segundo, tampoco es tan sencillo de medir. Para entender que no solo se trata de una receta local, basta ver que en Chile, aun antes de iniciar su propio ciclo electoral presidencial, esta semana lanzaron una supuesta encuesta, de la empresa Cadem, del mes de abril, que señala que «al comienzo de la carrera presidencial, la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, lidera en intención de voto espontáneo con 25 %», y adelantan ya que «de esta forma, Matthei aumentó de 9 a 13 puntos su ventaja sobre Kast y, además, se impone en todos los posibles escenarios de segunda vuelta», al punto de llegar a afirmar hoy que Matthei superaría por 31 puntos al líder republicano José Antonio Kast (56 % contra 25 %).

Así de apresurado es el manejo mediático, en este caso de Canal 13 de Chile, pero repetido por toda una corte de otros medios, para incluso adelantar una segunda vuelta en la que nada menos que el líder de la ultraderecha es derrotado, no por una candidatura de la izquierda, faltaba más, sino por la representante de una Democracia Cristiana volcada a la centroderecha. Así se intentan construir escenarios políticos desde el campo conservador.

Y para seguir con el ejemplo chileno, vale saber que también esta semana se inició otro modus operandi conocido: además de las fake news ya dieron el paso para el «lawfare» que se impone mediante la formalización judicial como arma para eliminar adversarios políticos.

Según publicó el periodista Omar Iturrieta León, desde Santiago de Chile, el próximo 29 de mayo, Daniel Jadue, el alcalde comunista de Recoleta, «enfrentará una formalización junto a otras siete personas por sospechas sobre supuestos delitos de cohecho, administración desleal, fraude al Fisco, ocultación de bienes y estafa, y está siendo investigado por supuestas irregularidades cometidas por la Asociación Chilena de Municipalidades con Farmacias Populares (Achifarp), de la que fue representante legal en un momento (al integrarla por ser alcalde de un municipio), en la compra y venta de insumos sanitarios durante la pandemia del covid-19».

O sea que el candidato que perdió por poco con Boric la elección primaria, y que se mantiene muy bien posicionado como para ser el candidato presidencial y continuar con otro gobierno de izquierda, es atacado judicialmente replicando el mismo método que se ha venido repitiendo sistemáticamente en toda latinoamérica. Una guerra jurídica acompañada por operaciones mediáticas y en las distintas redes sociales.

Vale tenerlo en cuenta por los hechos sufridos por Orsi, con la fantasía armada por la militante del PN, Romina Celeste, como por los ataques de todo el gobierno a Carolina Cosse por el Antel Arena, que ponen de manifiesto los objetivos de la derecha en la defensa de sus intereses ante su notorio nerviosismo electoral.

Sin embargo, que la derecha uruguaya exprese sus miedos electorales mediante diferentes estrategias, por más que sea el síntoma de una coyuntura política favorable al Frente Amplio, no nos debe hacer caer en la trampa de creer que la elección está ganada. Ni siquiera un gran resultado en octubre que nos deje a la puertas de la victoria, como el peligroso guarismo adelantado por la encuestadora Cifra, que proyectó un 47 % para el FA, asegura un triunfo en noviembre. Quien lo crea estará jugando con fuego. Pero el juego con esa «cifra» será motivo de otro análisis sobre los vaivenes de la campaña.

Votos en elecciones internas

2019

PN: 448.132

FA: 255.072

PC: 181.384

Total de votos: 1.076.660

2014

PN: 408.963

FA: 297.856

PC: 137.452

Total de votos: 989.696

2009

PN: 491.862

FA: 441.043

PC: 128.842

Total de votos: 1.157.842





Fuente

Escrito por hiperactivafm


0%