La integración, el viejo sueño de la izquierda latinoamericana, enfrenta varios desafíos y las posiciones de parte de distintos líderes políticos difieren en varios puntos, pero lo que está claro es que los progresistas tienen su mirada fija en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) como la plataforma que hará posible la unión de los pueblos.

Lucía Barrios

A propósito de la celebración este martes en Argentina de la VII cumbre de jefes de Estado de la Celac, líderes políticos y analistas consultados por la Agencia Sputnik coincidieron en que dicho bloque demanda una mayor ins-titucionalización para lograr una integración efectiva, acompañada por una toma de decisiones rápida, que no siga los «tiempos diplomáticos».
«Es necesario que la Celac se institucionalice. Tiene el mérito de que es más amplia, porque englo-ba a más países que otras plataformas de integración», dijo a la Agencia Sputnik el excandidato presidencial chileno Marco Enríquez-Ominami.
El también fundador del Grupo de Puebla, foro académico y político de la izquierda latinoamericana, señaló que la Organización de Estados Americanos (OEA) es el otro gran mecanismo, y estimó que el planteo reciente de una moneda común es un paso a la mencionada institucionaliza-ción.
El doctor en estudios internacionales Lester Cabrera, director de la empresa ecuatoriana Ana-litik-Strategic Research, coincidió en que uno de los principales retos del bloque es la institucio-nalización, la cual definió como el mecanismo por el cual los organismos establecen reglas y patrones que tienen que cumplir los países.
Ejemplo de dicha falencia es la ausencia de comisiones en la Celac que trabajen de forma permanente, o una sede del bloque.
«Tienen que haber reglas claras que se mantengan a lo largo del tiempo y que se puedan establecer diferentes organismos que trabajen de manera constante. Uno de los elementos básicos de la institucionalización de cualquier bloque regional es que lleve una política común hacia afuera del bloque, que muestre una imagen que permita atraer a otros países por fuera del bloque. La Celac debe vincularse necesariamente con otros bloques, la OEA, Mercosur, Alianza del Pacífico, entre otros», agregó Cabrera en diálogo con Sputnik,
En la misma sintonía, el expresidente colombiano Ernesto Sam-per (1994-1998) dijo a esta agencia que la Celac tiene que «empo-derarse a sí misma», creando una secretaría general, conformando una participación orgánica de los países y equipos técnicos.
«Sin una Celac empoderada, es difícil pensar que tenga un protagonismo activo. En segundo lugar, la Celac tiene que diseñar un proceso de convergencia que le permita acercarse no solo a los países sino a los distintos organismos subregionales de integración que hay en América Latina, tiene que tener una política de convergencia respecto a lo que están haciendo organismos co-mo Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), Mercosur, entre otros», estimó.
Para Samper, Celac tiene que actuar como «una especie de cancillería externa de la región hacia afuera a través de un multilateralismo mucho más efectivo de lo que existe».
Por lo pronto, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, y su par de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunciaron el lunes tras una reunión en Buenos Aires que estudiarán la propuesta de constituir una moneda común entre sus países para efectuar operaciones comerciales y financieras.

«Muy díficil»
Fuentes de la Cancillería argentina admitieron, en diálogo con la Agencia Sputnik, que la institucionalización es uno de los desafíos que tiene la Celac, pero advirtieron que es «muy difícil.»
«Son 33 países, cuatro idiomas, mucha distancia…. cuesta institucionalizar el Mercosur y darle volumen, la Unasur es un desafío todavía. Uno de los objetivos que se cumplió es darle visibilidad y volumen a la voz del sur y lo hizo Alberto (Fernández) en la cumbre de las Américas, en el G7, en el G20», agregó.

«Sin tiempos diplomáticos»
Andrés Arauz, excandidato presidencial de Ecuador, dijo a la Agencia Sputnik que «el desafío que tiene la izquierda es más bien de gestión organizativa para lograr la integración efectiva».
«La vocación integradora está presente en la región, pero su implementación no puede confiarse a instituciones de otra era. Las cancillerías trabajan a ritmo de cumbres cuando la sociedad avanza al ritmo de mensaje instantáneo. No podemos avanzar a ritmo de valija diplomática cuando nuestros pueblos se comunican a ritmo de WhatsApp», agregó. Arauz consideró que una «integración efectiva» debería apostar a generar beneficios concretos e inmediatos a las grandes mayorías.
«En el siglo XXI, eso se logra en las economías de servicios: intercambio educativo, contenido tecnológico, identidad cultural y deportiva común. No hay que pensar mucho, hay que firmar el tratado constitutivo de la Celac con firma electrónica y los presidentes deben fijar las tareas urgentes al Secretario regional. La ciudadanía, la academia y los medios deben vigilar ese desempeño en tiempo real», enfatizó.

¿Ideología si o no?
Cabrera y Samper consideraron que es necesario impulsar una Celac sin ideologías, ya que fue un argumento muy utilizado por la derecha latinoamericana para dejar sin efecto a la Unasur.
«El principal desafío es desideologizar el espacio y el contexto sobre el cual se realiza este diálogo: lastimosamente el argumento sustancial que usó la derecha para menoscabar los intentos de integración regional, particularmente la Unasur en su momento, fue la excesiva ideo-logización (…) para evitar que esto suceda en el futuro, habría que generar mecanismos que no estén sobre una base ideológica en términos de integración sino sobre una base institucional efectiva en torno de problemas comunes», dijo Cabrera.
Samper aseguró que la «Celac tiene que desprenderse de cualquier forma de ideologización de sus relaciones», por considerar dicha práctica «el virus que ha acabado con la integración de América Latina».
«Mientras no lo radiquemos y las relaciones no se den entre Estados, sino entre gobiernos, va a ser muy difícil que prospere la integración», agregó.
En contraposición, Arauz descartó una eventual institucionali-zación sin ideologías.
«La ideología puede estar explícita o implícita. Un proyecto de integración fundamentado en la libre movilidad de los capitales puede pensarse que es «sin ideología», pero al contrario, es muy ideológico y prioriza al capital», argumentó.

Un bloque para el pueblo
Arauz y Cabrera consideraron que la Celac tiene que tener una mayor comunicación con el pueblo y sus resultados deben ser beneficiosos para la mayoría de la población latinoamericana.
«Falta que estos bloques bajen a un nivel calle, pueblo, y que tengan un aparato comunicacio-nal mucho más elaborado para que la gente reconozca lo que se está haciendo y así tener una perspectiva mucho más transparente sobre lo que se efectúa», dijo Cabrera.
Por su parte, Arauz dijo que «una integración efectiva debería apostar a generar beneficios tangibles, concretos e inmediatos a las grandes mayorías» e indicó que el tema más importante que se debería tratar en la Celac es «la política de educación, ciencia y tecnología para recuperar las décadas perdidas».
(Sputnik)



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