Viví algunos años en Miami, conocí el dolor del pueblo cubano, volé con la organización Hermanos al Rescate en aviones mono motores en busca de balseros cubanos en el Estrecho de la Florida.

Encontré balseros muertos de frío y de hambre que preferían morir masticados por los tiburones que regresar a Cuba.

En Miami había un millón de cubanos, transformaron la Calle 8 y la Pequeña Habana en Cuba.

Yo iba a sus clásicas cafeterías por las mañanas a tomar ese cafecito y me hice buenos amigos cubanos.

Aprendí a ver claramente el sufrimiento de un pueblo maravilloso que estaba partido al medio.

El odio de los cubanos en el exilio que tenían con el régimen de Fidel Castro era terrible, se podía apreciar en una simple conversación.

Conozco muy bien lo que está pasando en Cuba, y lamentablemente tengo miedo de que haya una verdadera matanza entre hermanos.

La gente salió a la calle a protestar porque no da más, porque no es vida, porque se sienten oprimidos y violados en sus derechos elementales para una vida digna.

No es un reclamo, es un grito de ayuda al Mundo. Más allá de la política, del bloqueo también criminal, de una revolución que ya no es, hay seres humanos maravillosos que hace mucho tiempo la están pasando muy mal.

Ojalá no haya muertes entre hermanos y que se le pueda dar una vida mejor a mucha gente.



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