El pasado sábado Nacional volvió a jugar en el estadio Raúl Goyenola, habiendo regresado a nuestro máximo escenario deportivo luego de siete años, teniendo que enfrentarse con Cerro Largo por la Primera fecha del torneo Clausura.

En lo previo al encuentro los futboleros hablaron fluidamente del estado del campo de juego, que no llegó al partido en óptimas condiciones, debido a que en otoño no fue realizada la siembra correspondiente, a raíz de los problemas judiciales que tuvieron algunos funcionarios de la comisión administradora.
Igualmente en el último mes el canchero Robert Pereira realizó un gran trabajo, logrando que el piso quedara presentable, habiendo contado con las indicaciones del ingeniero Robin Cuadro.

En lo personal entendemos que si los dirigentes quieren profesionalizar a fondo el fútbol uruguayo deben hacerlo en todos los aspectos, pues es amateur enviar una inspección cuatro días antes de un cotejo, dado que no alcanzan los tiempos para que los organizadores puedan corregir los errores marcados.

En Montevideo hay solamente siete equipos que se consolidaron como profesionales, siendo poco atractivo que un campeonato pueda jugarse con ese número de instituciones. El balompié uruguayo tiene que seguir apostando al interior, pudiendo jugarse perfectamente el torneo Intermedio en canchas de tierra adentro, dado que sin ir más lejos el estadio Atilio Paiva Olivera necesita actividad, ya que es uno de los escenarios más grandes de nuestro país, que lamentablemente está bastante abandonado.

Al mismo tiempo el estadio Silvestre Landoni, y el Juan Antonio Lavalleja de Trinidad se encuentran muy coquetos, estando aptos para recibir cotejos profesionales en cualquier momento.

Creemos que el piso del Goyenola no está en las condiciones que lo hemos visto en oportunidades anteriores, pero tiene la infraestructura correspondiente para que actúe un conjunto grande todas las veces que sea necesario.

También pensamos que nuestro balón pie necesitar jugar más cotejos en estadios de tierra adentro, dado que se hace muy monótono que los encuentros siempre se desarrollan en los mismos recintos.



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