Míster Macron finge creer que el más de 50% “soberanista” del electorado francés de primera vuelta, se reducirá significativamente en el balotaje por las indicaciones de los líderes que llamaron a no votar por Marine Le Pen en segunda vuelta (Jean Luc Mélenchon, 22%, de Francia Insumisa, Jean Lasalle, 3,1%, de Resistencia, Fabien Roussel, 2,5%, del Partido Comunista de Francia, Nicolas Dupont-Aignan, 2,1%, de Francia en Pie y ambos candidatos trotskistas, Phillipe Poutou y Nathalie Arthau, 0,8% y 0,6% respectivamente) y que contará con todos los votos de los globalistas unipolares que también lo hicieron (Valérie Pecreese, 4,8%, de republicanos de Sarkozy, Yannick Jadot, 4,6%, Verde y Anne Hidalgo, 1,5% del Partido Socialista de Francia). Es grave que alguien finja creer que el sistema político goza del prestigio suficiente para transferir todos esos porcentajes por pronunciamientos cupulares, pero tan grave sería que el electorado francés finjiese creer que Marine Le Pen es Heidi.

Eric Zammour, 7,1%, de Reconquista, más xenófobo que la mismísima Marine, es el único que llamó a votar por Le Pen, 23,1 %. Si hubiese disciplina electoral, Le Pen no alcanzaría más que el 30,2% de los votos, aproximado al 33,9 % que obtuvo en 2017 en segunda vuelta enfrentando al mismo rival que el domingo próximo, míster Emmanuelle Macron.

Madame Butterfly es una ópera de Giacomo Puccini, pero también una película de culto, con especialmente memorable actuación de Jeremy Irons, que narra las peripecias de un vicecónsul francés en Beijing, que se enamora de una cantante de ópera china, vive 20 años con ella, tiene un hijo con ella, vuelve a Francia, ella le sigue, trabaja con ella para un reparto en motocicletas y un día es detenido por la seguridad francesa, llevado a juicio por “traición a la patria”, declarado culpable y entonces descubre que su Madame Butterfly es un espía del gobierno chino y es varón.

La peli va de “basada en hechos verdaderos”, pero es yanqui. Su asidero en la realidad es increíble. Shi Pei Pu fue, en realidad, un cantante de ópera chino que creció en Kunming, en la provincia de Yunnan, donde aprendió francés y se graduó en la universidad con un título en literatura. A los 17 años, Shi ya se había convertido en actor y cantante de cierto renombre. Bernard Boursicot, nacido en Vannes, Francia, donde se graduó de contador, tenía 20 años cuando lo enviaron a trabajar en la embajada francesa en Beijing.

La embajada fue inaugurada en 1964, es la más antigua de un país capitalista en la República Popular China (boicoteada por “occidente” desde el 1º de octubre de 1949 y recién admitida en la ONU en 1971). Boursicot conoció a Shi, en ese entonces de 26 años, en una fiesta de Navidad en 1964.

Shi estaba vestido como hombre y había estado enseñando chino a familias de los trabajadores de la embajada. Desde entonces fueron amantes y vivieron juntos 20 años. Shi era cantante de la Ópera de Beijing en roles femeninos y a la vez cuadro del Partido Comunista de China, a la sazón trabajando para el comité de Inteligencia de la República Popular China. Boursicot le entregó documentos secretos en Beijing entre 1969 y 1972 (siendo ya vicecónsul e integrante del Sdece, Servicio de Documentación Exterior y Contraespionaje francés) y en Ulán Bator, Mongolia, entre 1977 y 1979.

China recibió de Boursicot más de 500 documentos secretos. En 1965 Shi y Boursicot habían adoptado a un bebé llamado Shi Du Du (luego llamado Bertrand por Boursicot y su familia francesa). Shi Pei Pu y su hijo llegaron a París en 1982, después de que Boursicot fuera relegado del servicio exterior. Boursicot fue arrestado por las autoridades francesas el 30 de junio de 1983 y Shi fue arrestado poco después. Bajo interrogatorio policial, Shi dijo que había escondido sus genitales para convencer a Boursicot de que era una mujer. También que Shi Du Du había sido adoptado sin conocimiento de Boursicot y que este había entregado los documentos por presiones del gobierno chino.

Boursicot declaró que creía que Shi Du Du era su hijo y desconocía el verdadero sexo de Shi Pei Pu y su función de espía, asimismo que ignoraba que el reparto en motocicletas era una red de comunicación clandestina del Partido Comunista de China en París. De todos modos ambos fueron condenados a prisión.

En la cárcel Boursicot fue objeto de odio y malos tratos. Intentó suicidarse cortándose la garganta, pero sobrevivió. Sin embargo, tras fuertes presiones internacionales del gobierno chino para que Francia liberara a su ciudadano, Shi Pei Pu fue indultado por François Mitterrand en abril del año siguiente “en un intento por calmar las tensiones entre Francia y China”. Boursicot fue liberado cinco meses después.

Hoy es otra Francia. Los dos candidatos definidores son amigos del Lgbtiq, pero nostálgicos de China e “Indochina” colonizadas; ¿cuál de los dos más? Sí, los dos al máximo, pero más al máximo Le pen.

 

La inocencia del bolígrafo

A míster Macron no puede ganarle por derecha nadie, porque la realidad sigue siendo un asidero imprescindible para cualquier construcción de campaña con posibilidad de éxito. No es Hollywood. Y la realidad es que a la derecha de Macron no hay nada. Macron es el deep state y la reserva federal, es Rothschild. Y en política internacional (la verdadera política) ha actuado de acuerdo a su esencia desde las grandes líneas estratégicas hasta el más pequeño detalle (fue la única persona del mundo que esperó la muerte de Maradona para tuitear atacándolo por haber sido amigo de Fidel y de Chávez). Entonces Marine Le Pen, astutamente, salió a ganarle la izquierda (sin cuyos votos no llega el domingo a presidenta).

El travestismo político actual de Marine Le Pen es realmente admirable, no tiene nada que envidiarle a la versión del interrogatorio policial a Shi Pei Pu y a la de la película. Para empezar, felicitó a Israel por sus nuevas relaciones con las monarquías del golfo. ¿Antiárabe y antisemita ella? Enseguida declaró: “Abogué por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas de Francia con Siria. Considero que cada vez que rompemos relaciones diplomáticas con un país, nos volvemos ciegos”. ¿Xenófoba? A continuación, propuso un «acercamiento» de la OTAN a Rusia tras el fin de la operación militar especial en Ucrania, con el objetivo de evitar una «unión estrecha» entre Moscú y Beijing. ¡Ahí está el lío!

Sobre Vladimir Putin dice que solo se entrevistó con él una vez, en 2017. Aunque no se sabe qué quiera decir que sea amiga de Putin, del presidente húngaro Orban o de Duda. Andrezj Duda, presidente de Polonia, es en este momento uno de los mayores enemigos de Putin.

De “inseguridad”, nada. Su campaña se centró en el capítulo de su programa titulado “economía patriótica”, con un acápite soberanista de Charles De Gaulle en letras destacadas.

Y es verdad que la situación económica de Europa por su seguidismo a Washington es tristísima, que su enclave dependiente la asemeja a un estatus de Puerto Rico más grande, y por eso Marine dice no proponer salirse de la Unión Europea, pero “¡qué bien le fue a Reino Unido!” (¿qué película está viendo?). Lo que sí propone con definición es abandonar el mando de la OTAN.

Salir del mando de la OTAN, consigna compartida por Francia Insumisa, por el Partido Comunista de Francia, por Francia en Pie y con los gaullistas en general, puede darle votos para pelear la presidencia.

Está muy fresca la humillación de Macron ante el Pentágono cuando le birlaron el negocio de la venta de 20 submarinos diésel a Australia, para colocar 12 submarinos yanquis a propulsión nuclear. Antes de votar a Macron en balotaje, los soberanistas franceses se lo van a pensar dos veces.

Pero Francia es una potencia atómica: si sale presidida por Le Pen del mando de la OTAN, puede ser un juego peligroso, incluso para Rusia, cuya unión con China, el bolígrafo no quiere que se estreche. Y para el mundo. O puede ser pronta paz en Ucrania porque un país decisivo de Europa rompe el bloque atlantista antirrruso.

 

Las chances de Marine para correrlo a Macron por izquierda

Uno de los mejores analistas internacionales, Pepe Escobar, que vive en París, sin descartar del todo una “sorpresa electoral” el 24, alertó en Brasil 247 que las cinco grandes corporaciones mediáticas en Francia están controladas por macronistas. “Es prácticamente imposible que no sea reelecto”, pero la campaña fue lo bastante direccionada para que Mélenchon no entrase a segunda vuelta (que no ocurrió por un punto) para resultar, independientemente de la voluntad de sus autores, fascistizante.

Lo mismo ocurrió en Brasil con el golpe al PT. El candidato de red Globo y Bandeirantes y toda la mediática hegemónica no era Bolsonaro. Era Geraldo Alkmin (probable futuro vice de Lula), pero al hacer la campaña contra Lula, el resultado fue Bolsonaro.

Por otra parte, los votos de la extrema derecha francesa se fueron acumulando, en un proceso sostenido, de traspaso desde la antigua base social del Partido Comunista de Francia, que en 1981 obtenía el 25% del electorado, con la candidatura presidencial de George Marchais, pistero de gasolinera (de estación de nafta, diríamos aquí, por influencia rusa batllista).

Si Le Pen convirtió una vez esos votos al Frente Nacional actual, Le Pen puede intentarlo también con los de los jóvenes que el domingo 10 hicieron de Jean Luc Mélenchon el candidato más votado entre los de 18 a 23 años. No son votos orgánicos partidarios seguros de conceder, a pedido del candidato compañero, un voto en balotaje al candidato más cajetilla.

Marine necesita, además, los votos del noroeste, donde también ganó Mélenchon. Sin descartar los del Partido Comunista que, en su más reciente congreso, con el nuevo liderazgo de Fabien Roussel, retomó un perfil más popular y no “sorista” (diría Manini) y mejoró su votación en proyección a las legislativas.

No sé. Macron puede ganar con luz o la elección del domingo puede resultar reñida. Depende bastante del debate del miércoles. Por las dudas, amigo que votaste a Fabien, pero ahora has decidido votar a Marine, por favor, en honor a los camaradas Shi y Boursicot, aunque tal vez ya tengas razón, pensalo tres veces.



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