¿Cómo puede un niño de 4 años caerse del décimo piso de un edificio y, apenas un mes después, estar sonriente junto a su familia?
Ese es el caso del pequeño Breno Fernandes Girdziauckas, quien el pasado 27 de diciembre cayó desde la ventana del baño en su apartamento, situado en el décimo piso de un edificio en la ciudad brasileña de Ribeirão Preto.
«Vivimos momentos de angustia mezclados con una pesadilla y un milagro», dice Paloma Girdziauckas, madre del niño, en declaraciones al programa Fantástico, de TV Globo.
“Él estaba escalando, porque había huellas aquí, pequeñas huellas sucias”, recuerda Paloma, y muestra el tramo de pared debajo de la ventana por la que cayó su hijo. También explica que el niño es autista y no habla.
Siete minutos después de llamar a los servicios médicos de emergencia, la ambulancia llegó al edificio.
“Me enviaron un mensaje diciendo: ‘Ay, un niño se cayó de 10 metros’. ¡Uf, 10 metros, ¿verdad? ¡Muy alto! Luego dijeron: ‘No, eran 10 metros, eran 10 pisos». Así que pensé: ‘¡Vaya, mucho peor!’», cuenta la ortopedista pediátrica Caroline Marconatto Flores, tratante del niño.
Cuando lo médicos examinaron a Brenno, se quedaron completamente sorprendidos. No solo estaba vivo, sino que su condición era mucho mejor de lo que podía imaginar nadie. Su cabeza había sufrido un traumatismo leve, pero estaba intacta. Tenía una pequeña lesión pulmonar, pero no era grave, y su columna
vertebral estaba intacta.
«En realidad, se trató principalmente de lesiones en las extremidades inferiores. Se fracturó los fémures de ambos lados y las tibias de la pierna. También se fracturó ambas extremidades», explica Marconatto Flores al citado programa.

Fantástico / TV Globo
Una vez descartado el riesgo de muerte, los expertos pusieron manos a la obra. Primero colocaron fijadores externos en las piernas para conectar y alinear los huesos rotos. Luego, Brenno pasó por dos cirugías más. Una de ellas consistió en la inserción de clavos y placas.
¿Cómo pudo Brenno caer desde el décimo piso, desplomándose desde una altura de unos 30 metros, y sobrevivir? Varios factores contribuyeron significativamente. Un niño con el peso y la altura de Brenno, al caer desde el décimo piso, alcanzaría la planta baja a una velocidad aproximada de 85 km/h,
según cálculos hechos por un profesor de ciencias forenses de la Universidad de
São Paulo. Sin embargo, en el caso de Brenno, la velocidad podría haber
sido menor ya que, según la policía, no cayó directamente al suelo.
«Cuando se cayó, se golpeó contra la ventana abierta», dice Carlos Daniel Fernandes, padre de Brenno. Luego, durante la caída, también chocó con una baranda.
“Al frenar y amortiguar el impacto, acaba reduciendo la velocidad de la caída”, añade Marconatto Flores.
Además, el edificio está solo a una cuadra del hospital al que llevaron al niño, y no hizo falta derivarlo a otro, ya que es un centro de referencia en cirugía infantil.
«No fue necesario trasladarlo a otro lugar para operarlo. Muchos factores positivos contribuyeron a su recuperación», refiere la ortopedista.
Ahora, el pequeño Brenno tiene otra carta a su favor respecto al proceso de rehabilitación que afronta: su edad.
«Los niños tienen huesos diferentes a los de los adultos, porque aún están en desarrollo. A menudo podemos recurrir a la remodelación ósea», explica el ortopedista pediátrico Pedro Francisco Moreno.
El caso fue registrado como accidente y se está elaborando un informe pericial para entender la dinámica de la caída.
La familia de Brenno, agradecida por su suerte ante lo que pudo ser una tragedia, lidia con una situación difícil.
“La gente no piensa antes de hablar, no sabe lo que es vivir con una persona autista. Brenno no tiene amigos en la escuela, nunca lo han invitado a una fiesta de cumpleaños. Siempre estamos pendientes de Brenno las 24 horas del día. Este chico nunca se ha roto un brazo. Pero el juicio siempre
llega. Pero el peor juicio es el que me hago a mí misma. Nos culpamos. Yo me
culpo, ya no puedo dormir”, expresa la madre.