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Sin apenas sobresaltos, con un gol de estrategia de Ostigard al cumplirse el primer cuarto de hora, otro de cabeza de Víctor Osimneh, de inicio suplente, en el comienzo de la segunda parte, y dos más de Gaetano y Politano al final, el Napoli, que tuvo al uruguayo Mathías Olivera de titular, consolidó su reacción en la Serie A, rumbo a su enfrentamiento de la Champions League contra el Real Madrid y más que vivo en la competencia por la Serie A de la que defiende el título.

Su segundo triunfo consecutivo en el campeonato italiano, aunque tan solo es el segundo en las últimas cinco citas, lo revaloriza y lo reconduce, porque fue efectivo en sus ocasiones y porque concedió poco a su adversario, un Lecce que venía en buena forma, que era sexto en la tabla y que la anterior jornada sufrió su primera derrota de la campaña. Este sábado fue la segunda, sin apenas ninguna opción de sorprender al actual campeón.

Porque el Napoli crece y gana de nuevo. Su triunfo convincente entre semana tuvo continuación con otra victoria frente al Lecce, aunque hubo algunas diferencias entre uno y otro éxito. La primera fue brillante, la segunda fue más práctica, pese al excesivo marcador, entre las rotaciones iniciales de Osimneh o Napolitano, que entraron después, con la mirada ya en el compromiso del martes en la máxima competición europea.

Dirigido por la potencia de Zambo Anguissa, imponente, el equipo celeste (este sábado de blanco) aprovechó su primera ocasión. Una estrategia perfecta. Por el centro de Zielinski, un regalo para el rematador, y por el cabezazo de Ostigard, con el que el Napoli tomó ventaja y anunció la confirmación de su resurgimiento. Sólo había transcurrido un cuarto de hora.

Cierto que después, durante un rato, concedió un par de oportunidades a su adversario, como un tiro desde fuera del área de Krstovic al que respondió Meret con soltura y un remate dentro del área que lo puso de nuevo en alerta, que lo invitó a recomponer su dominio sobre el terreno de juego, ya indisoluble para reponer todo en su sitio. A su ritmo.

No se fue al descanso con más botín por unos centímetros. Porque mereció el gol Giovanni Simeone, el sustituto de Osimneh en el once (en el descanso hubo cambio de papeles, con la entrada de uno por otro), con un derechazo desde lejos, o porque otra volea de Zielinski no encontró el arco, ya dentro de un guión escrito única y exclusivamente por el Napoli , que redujo ya al Lecce a unas aventuras ofensivas cada vez más limitadas.

La sentencia fue cuestión de tiempo. Osimneh entró por Simeone al descanso. Cinco minutos después, el goleador nigeriano (cinco tantos en ocho encuentros) marcó el 0-2. Su cabezazo junto al poste fue definitivo. Tanto o más lo fue el contragolpe que condujo de un lado a otro del campo Kvaratskhelia, desbordante, asistente y decisivo también ese tanto.

Aún se asustó el Napoli, con el gol de Gabriel Strefezza (un error tremendo del arquero Meret) que no subió al marcador por una mano previa. La vio el árbitro y la confirmó el VAR. Después, Rudi García dio descanso ya a Kvaratskhelia para el próximo desafío contra el Real Madrid, al que apunta el conjunto celeste en plena reacción. Una prueba de fuego. Antes, Gateano y Politano, de penal, completaron la goleada en los instantes finales.

Atascado ante Lazio, que contó con Matías Vecino desde los 67 minutos, las apariciones del agitador Rafael Leao, autor de dos asistencias a Christian Pulisic y a Noah Okafor, bastaron al Milan para superar 2-0 al conjunto romano y ocupar de forma provisional el liderato de la Serie A.

Sin brillo y sin alardes, en un partido gris, el Milan sobrevivió gracias a los picotazos del jugador portugués, el mejor de un choque en el que Lazio casi no propuso nada para mantener su tendencia negativa que le mantiene más cercad de los puestos de descenso que de los europeos.

El Milan, tras dejar atrás las cicatrices causadas por la derrota en el derbi frente al Inter (5-1) con dos victorias consecutivas, buscó la tercera frente a Lazio, actualmente en otra pantalla diferente a las que acostumbra a jugar a principios de anteriores cursos. En apenas siete jornadas, el cuadro romano acumulaba antes del duelo ocho puntos de distancia respecto al líder.

El horroroso inicio de la Lazio (tres derrotas, un empate y dos victorias), atenuado con los tres puntos que sumaron la pasada jornada frente al Torino, no auguraba nada bueno para los hombres dirigidos por Maurizio Sarri, que encima saltaron al terreno de juego sin Ciro Immobile, aquejado de una distensión en los flexores y reservado en el banquillo para caso de extrema necesidad.

Lazio aguantó bien la primera parte al candidato a ocupar el liderato al final de la jornada. El Milan se topó con una tela de araña complicada de atravesar y que sólo cedió un par de agujeros en los primeros 45 minutos.

Lo provocó Yunus Musah, que sustituyó a la media hora al lesionado Ruben Loftus-Cheek. El medio estadounidense rompió a la defensa romana por la banda derecha y su centro lo remató Olivier Giroud, que se encontró con la figura de Ivan Provedel. Justo después, al filo del descanso, fue Tijani Reijniders quien lo intentó sin suerte porque se encontró con un poste del arco de la Lazio.

Fueron prácticamente las únicas ocasiones claras de un choque que siguió por los mismos derroteros en la segunda parte. El Milan, chocó una y otra vez contra el sistema montado por Sarri, incapaz a su vez de generar excesivo peligro en las inmediaciones del área de Mike Maignan.

Sin embargo, Leao apareció justo a tiempo para llegar al rescate. Una gran jugada entre Yacine Adli, Reijnders y del jugador portugués por la banda izquierda, acabó con un centro del portugués que remató Christian Pulisic para acabar con la incertidumbre del Milan. El jugador estadounidense dio en la diana y acercó los tres puntos a su equipo.

Sin brillo, pero con el mono de trabajo puesto, el Milan mantuvo el tipo hasta sellar la sentencia en el minuto 88. De nuevo, otra jugada de Leao, esta vez rematada por Okafor, colocó al Milan en el liderato a la espera del resultado del Inter frente al Salernitana. Un par de destellos del jugador luso, que se erigió como el desatascador del choque, sobraron para arrodillar a la Lazio, que no consigue espantar su crisis de resultados.

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