Fotografía del 16 de junio de 2021, tomada desde un dron, que muestra la zona norte de la ciudad de Quito (Ecuador). EFE/José Jácome
Fotografía del 16 de junio de 2021, tomada desde un dron, que muestra la zona norte de la ciudad de Quito (Ecuador). EFE/José Jácome
(Jose Jacome/)

Quito, 17 jun (EFE).- Quito, la primera capital americana en ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, es una mágica ciudad enclavada en los Andes, que se deja admirar desde el mismo cielo y a través de sus templos sincretizados por el tiempo.
Pero, sin duda, lo mejor de Quito «es su gente», porque es «amable y cariñosa con el visitante», comentó a Efe el guía turístico José Luis Rodríguez, quien consideró que esta ciudad posee un gran potencial para constituirse en un destino ineludible para el turista extranjero.
Según él, sólo basta llegar a la Plaza de la Independencia, en el corazón del centro histórico, y acudir a las cúpulas de la Catedral Metropolitana, para empezar a ver a Quito desde lo alto.
Otro de los miradores icónicos del centro de Quito es El Panecillo (nombre colonial, en cuya cúspide se levanta la escultura de una virgen gigante (la de Lergarda) sobre un monumento inca, en una clara muestra del sincretismo cultural de los Andes.
La escultura, de 41 metros de alto, se posa en una esfera mundial que parece surgir de la edificación inca, y desde donde el turista puede observar la grandeza de la capital ecuatoriana.
Casi frente al Panecillo se levanta otra pequeña loma de 2.929 metros, denominada Itchimbía, coronado en su planicie por un majestuoso centro de convenciones conocido como el «Palacio de Cristal», con una vista de 360 grados para admirar el centro histórico y el norte moderno de Quito.
El Itchimbía se presenta como un gran parque, pero también hay zonas residenciales donde confluyen exclusivos restaurantes que ofrecen platos típicos de la ciudad y de la cocina internacional.
Cerca de allí, el exclusivo barrio González Suárez es la puerta de entrada hacia el mirador de Guápulo, un barrio bohemio, artístico y religioso, metido en el recodo de un gran descenso a los valles y punto de inicio de la Vía Interoceánica, la que usó Francisco de Orellana en el siglo XVI para ir por la Amazonía hasta al Atlántico.
En el centro histórico también hay edificaciones que presentan las condiciones de miradores turísticos, como el caso del hotel Mama Cuchara, en un acogedor barrio del casco colonial que también es refugio de artistas y hábiles artesanos.
Este barrio, cuya forma pareciera idear a la madre (Mama) de todas las cucharas, desemboca en el redondel donde se levanta el hotel y su «rooftop», que permite disfrutar de un bar de excelencia con una vista de 360 grados del centro histórico de Quito y desde donde se tiene vista directa hacia la virgen de El Panecillo.
Algo más hacia el norte, justo cuando el casco histórico empieza a perderse con la modernidad quiteña, se levanta la Basílica del Voto Nacional, una iglesia gótica coronada por torres de cien metros de alto, a cuya cima se sube por una escalera en espiral.
En la subida por la escalinata, el visitante puede admirar la ciudad a través de pequeñas ventanas ovaladas y redondas, que se asemejan a ojos de sus poderosas paredes.
En las faldas de la montaña y un poco más hacia el sur, se erige el Templo de la Patria, un museo que recoge la historia de la Batalla de Pichincha de 1822, la gesta libertaria más importante de Ecuador, que selló la independencia colonial del país.
La también llamada Cima de la Libertad evoca la gesta independentista, pero también es un museo sobre la historia militar del país y un mirador turístico que marca la unión umbilical del quiteño con su identidad de montaña y cielo.
Pero si uno quiere acudir al mismo cielo, Cruz Loma es el sitio indicado, a 4.050 metros de altura, muy cerca de la cima del volcán Guagua Pichincha, la capital ecuatoriana se posa a sus pies, con todo su esplendor y sus mejores alegorías.
Y si bien la altura puede eventualmente afectar la respiración, un moderno teleférico conecta a Cruz Loma con la ciudad, en un recorrido por el contorno de la montaña, sobre una distancia de 2.500 metros hacia arriba, cuyo cómodo trayecto tarda unos diez minutos.
Ya desde las cabinas se puede apreciar la grandeza de la ciudad, que se peremniza en su mirador, desde el cual se pueden observar los volcanes nevados que rodean a la capital como el Cotopaxi, el Antisana y el Cayambe, los tres alineados de sur a norte.
Muchos suelen ir a Cruz Loma para caminar por los senderos que conducen al volcán Guagua Pichincha, en un recorrido relativamente corto y que, desde esa parte del cielo, aparece como un coloso que protege a Quito.
Fernando Arroyo León



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