Las vacunas COVID 19 no son vacunas, son experimentales.

Por consiguiente no son obligatorias, y por ende hay que firmar un documento antes de ser vacunado.

Esto no lo digo yo, lo dice el presidente Lacalle Pou en reiteradas oportunidades.

Nos han dado variados elementos disponibles, a los cuales todos accedemos, y entonces finalmente, es una decisión personal e intransferible el vacunarse o no vacunarse.

Cada uno de nosotros debemos resolver si nos vacunamos o no nos vacunamos, queda claro, es el derecho de cada ciudadano.

Ahora bien, explicado con claridad como estaban planteadas las cosas cuando aparecieron las vacunas experimentales, comenzó el caos.

¿Cuál es el caos al que me refiero?

Que para resolver individualmente, había que enfrentar un verdadero bombardeo mediático a favor de la vacunación.

Los informativos duraban dos horas, y el gran tema era contar la cantidad de contagiados, de internados en un CTI y de muertos.

Murieron personas mediáticas, conocidas por todos, como Alberto Sonsol, su fallecimiento fue un mojón impactante para todos los uruguayos.

Miedo a la muerte que la veíamos muy de cerca. Encerrados, con pánico, cuidando a nuestros padres, espantados con las imágenes permanentes y continuas que los medios de comunicación nos ponían permanentemente.

En esas condiciones y con poca información había que resolver si nos vacunamos o no.

¿Sabíamos que había riesgos?

Sí, sabíamos perfectamente, porque si no eran vacunas probadas, eran experimentales que por lo dramático de la situación planteada, se apuraba en varios años de tiempo la inoculación.

Es siempre, lo digo de otra manera.

Se estaban muriendo cientos de miles de personas por una supuesta pandemia y la industria farmacéutica y los laboratorios presentaban ante la Organización Mundial de la Salud una vacuna experimental apurada en su investigación, que podía ser muy buena para bajar la cantidad de muertes, sin impedir el contagio.

Y los uruguayos tenemos vacunas chinas, no muy bien vistas, de un bajo porcentaje de seguridad, pero parecería en ese momento que éramos privilegiados porque el gobierno las consiguió en las cantidades necesarias.

¿Qué hago? ¿Me vacuno? ¿No será que me hace mal y me muera?

Tres interrogantes que todos nos hicimos en algún momento.

¿Le digo a mis seres queridos que se vacunen? ¿Qué hago con mis padres ya con muchos años?

Creo que todos mis lectores se sentirán de alguna manera reflejados en esta batería de preguntas.

Vuelvo al tema de creer que esto ha sido y seguirá siendo por mucho tiempo, el mejor negocio del Mundo para los laboratorios.

Como desconfiamos de la honestidad de nuestros gobernantes de turno, siempre anda rondando que se ganan una comisión en la compra de millones de vacunas.

Todo este combo de cosas, donde lo emocional, el miedo, la angustia, el terror juegan y lo hacen fuertemente a la hora de resolver finalmente si te vacunas o no.

Vuelvo a insistir, con poca información científica y con mucha manija de los medios.

Y se resolvió, bien o mal, se resolvió. El gobierno mostró gran eficiencia en la vacunación, excelente desde todo punto de vista.

Y ahí comenzaron las grietas.

Los que resolvieron con todos sus derechos no vacunarse, comenzaron a sentir el rechazo y ser apremiados para que lo hagan.

Un pequeño grupo de no vacunados, comenzaron a mostrarse agresivos contra los vacunados y a presentar argumentos contra la vacunación que traspasaron lo sensato.

Y poco a poco el enfrentamiento fue más duro, la división más clara, la discriminación y las estrategias de acoso para que se vacunen extraordinariamente clara.

Siempre los medios a favor de la acuñación, sin voces disidentes, anuladas por los intereses económicos.

Hoy llegamos incluso a los dichos de la periodista Patricia Madrid y Sergio Puglia de proponer aislar o encerrar a los no vacunados.

Un disparate indigno de estos personajes que son protagonistas importantes en los medios.

Hay una grieta que ahora ya es un enfrentamiento entre hermanos, donde incluso familias enteras se han separado por estar o no estar vacunados.

¿Por qué no repensar esta situación?

¿Por qué no respetar al prójimo y su determinación de vacunarse o no vacunarse?

A ver, las vacunas experimentales, ninguna de las marcas que conocemos, impiden contagiarse.

Parecería ser, que ayudan y mucho a no morirse si se contagia una persona.

Pero reitero, porque es muy importante, no impide contagiarse, no nos hace inmunes al virus del Covid 19.

¿Qué diferencia hay entonces entre los que se dieron las tres dosis de vacunas y los que no se dieron ninguna dosis?

Supuestamente, los que se vacunaron tienen muchas menos posibilidades de llegar a ser internados en un CTI y de morirse.

Esto tampoco está probado en forma contundente, recién hoy el Ministro de Salud dio cifras de muertos vacunados y no vacunados y sus cifras fueron categóricas a favor de los vacunados.

No comparto las limitaciones públicas a los no vacunados, respeto que los privados hagan uso de su derecho admisión.

Si querían que fueran obligatorias, lo pudieron hacer y no lo hicieron, porque de esa manera se hacían responsables ante cualquier reacción negativa, por lo tanto, si no es obligatoria, no se debe obligar a nada a nadie.

Respetar para ser respetados.



Fuente