La expresidenta brasileña Dilma Rousseff afirmó que el mandatario Jair Bolsonaro está coqueteando con «dar un golpe dentro del golpe» iniciado en 2016 con el juicio político que la sacó del cargo el 31 de agosto de ese año.

Rousseff calificó su salida del poder como una «guerra híbrida» destinada a implementar un modelo neoliberal y advirtió que las manifestaciones convocadas para el próximo 7 de setiembre, en apoyo a Bolsonaro, están financiadas por asociaciones de sojeros, policías y grupos evangelistas.

«El golpe ya ocurrió (en 2016). Lo que estamos viviendo son las etapas del posible endurecimiento del régimen político en Brasil. El gobierno está coqueteando con la posibilidad de un golpe dentro del golpe», dijo la representante del Partido de los Trabajadores.

La exmandataria advirtió sobre un «ensayo general para un golpe de Estado» que ocurrirá con las manifestaciones convocadas por Bolsonaro para el 7 de setiembre, Día de la Independencia.

«Es necesario entender este juego. El golpe ocurrió el 31 de agosto de 2016. Lo que estamos viviendo ahora es la posibilidad de un nuevo golpe basado en las derivaciones de la guerra híbrida. Atrás hubo un golpe parlamentario, judicial y mediático, pero sobre todo del sector financiero, del capitalismo financiero, un golpe neoliberal», sostuvo en una entrevista con la Fundación Perseu Abramo.

Sobre el Poder Judicial y la detención de Lula

La exmandataria dijo que actualmente el Poder Judicial, en especial el Supremo Tribunal Federal, reaccionó a las movidas autoritarias de Bolsonaro. «¿Sólo ahora el Poder Judicial percibió la situación? Lo hacen porque les llegó a ellos. Cuando hace cinco años dije que el golpe no se quedaría ahí es porque sabía que habría un avance rápido sobre las instituciones», aseguró.

Rousseff también sostuvo que la detención del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva para inhabilitarlo en 2018 formó parte del avance del sector financiero para evitar perder el control del país.

Rousseff fustigó el Supremo Tribunal Federal por haber aceptado, en aquella época, «haber sido tutelado por el Ejército», en cuanto a las presiones ejercidas para mantener preso a Lula.

El Ejército al poder

En ese marco, citó el avance en paralelo del poder del Ejército con generales siendo designados ministros en el Gabinete de Seguridad Institucional y en Defensa por Temer (2016-2018) y el actual titular de Defensa, Walter Braga Netto, interventor en la seguridad interna de Río de Janeiro.

Sobre Bolsonaro, sostuvo que las manifestaciones que preparan grupos bolsonaristas para protestar contra el Supremo Tribunal «es un ensayo general del golpe que dependerá de la respuesta que tendrá».

Bolsonaro, un neofascista

Rousseff calificó a Bolsonaro como un «neofascista» que «no tiene el chip de la moderación y que necesita del conflicto» y recordó que el mandatario ultraderechista en 2019, durante una visita a Donald Trump, declaró que «no iba a reconstruir nada». «Él siempre dijo lo mismo, que quiere acabar con los comunistas e izquierdistas que operan en Brasil», agregó la exmandataria.

Bolsonaro se hizo famoso a nivel nacional en el juicio político contra Rousseff, cuando en su voto a favor del derrocamiento celebró que la presidenta hubiera sido torturada en la dictadura militar, reivindicando al jefe de la policía secreta del régimen, Carlos Ustra. «Mi voto es en homenaje a Carlos Alberto Ustra», sostuvo Bolsonaro, excapitán del Ejército.

Rousseff es una de las presas políticas de la dictadura que más tiempo pasó detenida, de enero de 1970 a diciembre de 1972. Fue torturada durante 22 días seguidos y en su gestión creó la comisión de la verdad para investigar los delitos del régimen de facto, iniciativa que le abrió una interna en el Ejército, al punto que, por criticarla públicamente por ello, fue dado de baja el entonces general de brigada Hamilton Mourao, hoy vicepresidente de Bolsonaro.

Un sospechoso ataque a un departamento de Dilma

En el nuevo aniversario de la destitución de Rousseff tuvo un hecho policial investigado por la comisaría 14 de Leblon, en Río de Janeiro. El sábado pasado, desconocidos rompieron la puerta y entraron a un departamento de la expresidenta que está vacío en el barrio de Ipanema y en el que vivió sus últimos años la madre de la exmandataria.

El edificio tiene portero 24 horas y la policía pidió las cámaras de seguridad para reclamar una investigación.



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