Hace muchos años, allá por la década del 2000, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) tiró una idea al aire: emular al primer Mundial de fútbol de la historia, jugado en tierras orientales y ganado por la celeste, pero 100 años después. Así nació el proyecto Uruguay 2030, una iniciativa que fue sumando socios con el correr de los años.
Ramiro Barreiro

En 2017, el partido de eliminatorias que enfrentó a las selecciones de Uruguay y Argentina, en el estadio Centenario de esta capital, también sirvió para que ambos combinados, protagonistas de aquella final de antaño que ganó la Celeste por 4 a 2, presenten una nueva candidatura para la cita máxima de 2030.
La idea: repetir la experiencia de Corea y Japón, y organizar el torneo en dos países limítrofes.
Sin embargo, cuando el presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), Alejandro Domínguez, se enteró de esto, llamó al entonces presidente paraguayo, Horacio Cartes (2013-2018), y le propuso sumar al país guaraní en la gesta.
El último en sumarse fue Chile, en 2019, gracias a una gestión del presidente de ese momento, Sebastián Piñera (2018-2022 y 2010-2014).
El martes en Montevideo, las autoridades de los cuatro países volvieron a lanzar la candidatura, que compite con el binomio España-Portugal, y ajusta detalles para oficializar la propuesta ante FIFA en mayo del año que viene.
«Es un lugar icónico, donde la historia comenzó. Nos preguntamos si aquellos visionarios se hubieran imaginado el impacto que llegó a tener hoy el fútbol en el mundo entero y la manera en que se disputa hoy poder ser sede de un Mundial. En función de eso trabajamos con todo el corazón por honrar su memoria y demostrarle al mundo que todos tienen una deuda moral y un reconocimiento que hacer a aquellos primeros soñadores», expresó Domínguez.
La estrategia de este póker de países está centrada en el valor histórico de volver a jugar una Copa del Mundo en el estadio Centenario, justamente, a 100 años de aquella final, pero para el mandamás de la Conmebol también hay otros valores en juego.
«Los y las mejores jugadoras del mundo siguen saliendo de Sudamérica, el principio del fútbol mundial comenzó en Suda-mérica, la Conmebol es la confederación más antigua del mundo, nuestras competiciones continentales son las más antiguas del mundo y creo que, si planteamos como cualquier pueblo puede hacerlo, es muy meritorio que el mundo reconozca que Sudamérica sigue contribuyendo con el fútbol mundial», precisó Domínguez al ser consultado sobre las otras ventajas que puede tener la región.
Sin embargo, hay algunas cuestiones que pueden poner en peligro esta candidatura. Una de ellas tiene que ver con las plazas que FIFA otorga a cada confederación. En la actualidad, Conmebol tiene cuatro y un pase a la repesca, pero a partir del Mundial 2026, organizado por Canadá, EEUU y México, la zona tendrá seis plazas y media, según dijo a la Agencia Sputnik el propio Domínguez.
La realización de la Copa del Mundo previa a la de 2030 en el continente americano también podría ser un obstáculo insalvable, aunque FIFA ve al mundo en confederaciones y no en continentes, por lo que las esperanzas continúan.
El tercer posible impedimento es, tal vez, el más difícil de sortear, y tiene que ver con el factor económico.
Es cierto que Sudamérica tiene una histórica tradición futbolera, aunque también es cierto que muchos de los estadios en los que hoy se disputan torneos tendrán una antigüedad centenaria para dentro de ocho años. Y aunque se han hecho algunas refacciones en algunos de ellos en los últimos años, la cuestión estructural requiere de esfuerzos mucho más grandes.
«La estabilidad que se necesita se logra a través de la ayuda de las grandes empresas, esto es muy atractivo para las empresas del mundo, también desde el punto de vista del turismo y es por eso que los estados tienen que ayudar además de las federaciones; a todo el continente le conviene que haya una participación de todos los países», planteó a esta agencia el presidente de la Agencia chilena de Fútbol Profesional (ANFP), Pablo Milad.
La posibilidad de realizar una gran reforma estructural en el fútbol y las ciudades participantes, el atractivo económico que puede generar y, claro, la chance de que la Copa del Mundo vuelva al Cono Sur luego de 100 años hace que la iniciativa sea vista como una oportunidad para la cual Sudamérica dice estar a la altura, aunque reconoce que hay que trabajar mucho. Recién en 2024 se sabrá si aquel sueño de mediados de 2000 puede hacerse realidad.
(Sputnik)



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