El primer ministro nacionalista húngaro, Viktor Orban, consideró este viernes que la Unión Europea (UE) había cruzado una «línea roja» al querer suspender sus importaciones de petróleo ruso, una decisión que según él atenta contra la unidad mostrada por el bloque desde el inicio de la guerra en Ucrania.

«La presidenta de la Comisión», Ursula von der Leyen, «atacó, voluntaria o involuntariamente, la unidad europea», dijo el dirigente en una entrevista en la radio.

«Dije que sí a los cinco primeros paquetes de sanciones, pero desde el principio, expresamos claramente que había una línea roja, es decir, el embargo sobre la energía, y han cruzado esta línea (…) y hay un momento en que el que hay que decir basta», añadió.

Hungría mostró el miércoles su oposición al proyecto de embargo «en su forma actual» y Orban, cercano al presidente ruso Vladimir Putin antes de la invasión de Ucrania, fue un poco más lejos este viernes.

«Hace falta una decisión unánime. Mientras la cuestión húngara no se resuelva, no habrá un ‘sí’ de Hungría», insistió, sin querer usar la palabra «veto».

«La propuesta ha sido reenviada a la señora presidenta (Von der Leyen, ndlr) para que la retrabaje y esperamos una nueva propuesta», dijo.

Para adoptar una sanción es necesaria la unanimidad de los 27 miembros de la UE, como fue el caso en las primeras cinco series de sanciones.

La Comisión prevé en este sexto paquete de sanciones la «prohibición de todo el petróleo ruso, crudo y refinado, transportado por mar y por oleoductos» de aquí a finales de año.

Hungría es totalmente dependiente del petróleo ruso y un embargo equivaldría a «una bomba nuclear sobre su economía», dijo Orban este viernes.

La derogación que la Comisión Europea prevé hasta finales de 2023 para su país no basta, según el dirigente, ya que «la transformación total del sistema húngaro de transporte y de suministro de energía» necesitará unos «cinco años» y será muy costosa.

«No iremos a ningún lado con una derogación de un año y medio», zanjó Orban, explicando que su país aceptaría la propuesta si esta dejara fuera al petróleo crudo que entra por ductos.

Orban también protestó por incluir al jefe de la Iglesia rusa ortodoxa, el patriarca Kirill, en estas sanciones, por haber apoyado la ofensiva.

«No permitiremos que los dirigentes eclesiásticos estén en una lista de sanciones», aseguró.

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