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Los expertos analizaron una amplia gama de datos entre los años 1999 y 2015 y los compararon con los índices anteriores y posteriores a 2007, año, cuando se produjo el ‘boom’ del ‘fracking’.

El auge de la técnica del ‘fracking’, consistente en la extracción de petróleo y de gas natural mediante fracturación hidráulica, ha venido asociada a un incremento del índice de criminalidad en Arkansas, Dakota del Norte y Virginia Occidental, estados estadounidenses, donde la mayoría de la población vive en zonas rurales. Esta es la conclusión a la que han llegado un grupo de economistas de la Universidad Federal de Ural (Rusia) en colaboración con sus colegas de la Universidad Shippensburg (Pensilvania, EE.UU.). Los hallazgos de su análisis fueron publicados el pasado mes de junio en la revista The Extractive Industries and Society.

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Los expertos recurrieron a datos del FBI sobre distintos tipos de delitos, así como a los del Centro de Investigación de la Pobreza de la Universidad de Kentucky y a otros bancos de información sobre desigualdad de ingresos, empleo a nivel estatal, etc. En total, los investigadores estudiaron las estadísticas de todos los estados del país entre 1999 y 2015, y las compararon con los índices anteriores y posteriores a 2007, cuando se produjo el ‘boom’ del ‘fracking’, detalla un comunicado de la universidad rusa.

Aquellas regiones donde se practica el ‘fracking’ tienen un nivel del desempleo más bajo, lo que se tradujo en una reducción de la cantidad de crímenes familiares y de vagabundos. Sin embargo, estos estados son más pobres y con menos gente formada, y durante el auge del ‘fracking’ se registró allí un incremento de los robos con allanamiento, mientras que el nivel de delitos violentos se disparó en un 36 %. En consecuencia, cada estado tuvo que dirigir anualmente 15,68 millones de dólares adicionales (dólares de 2008) para luchar contra la delincuencia.

¿Por qué este aumento de criminalidad?

Los especialistas señalan que esta tecnología crea un empleo temporal de baja calidad, por lo que muchos de los trabajadores suelen tener antecedentes penales. Además, la delincuencia creció a causa de la disparidad numérica entre hombres y mujeres, lo que deriva en un incremento de crímenes contra las mujeres y en el auge de negocios como la prostitución o el tráfico de drogas.

La segunda razón radica en la desigualdad de ingresos por regalía, que se concentra en manos de una pequeña parte de las comunidades locales. «La desigualdad proporciona un incentivo racional para delinquir«, explica Kazi Sohag, uno de los autores del estudio.

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Por último, los residentes de las regiones analizadas viven en un ambiente contaminado con tráfico intenso y carecen del agua de calidad; condiciones que propician un aumento de las situaciones de tensión entre los locales y los que trabajan allí de forma temporal.

¿Cuál podría ser la solución?

Para poder marcar la diferencia, habría que lograr que el ‘fracking’ fuera más tecnológico, involucrara a menos personas y infligiera menos daño al medioambiente. Asimismo, habría que reforzar a los órganos de seguridad en las zonas afectadas y redistribuir las rentas.

«Dado que los ingresos de los cánones locales se concentran en un pequeño segmento de la población local, debe mejorarse la distribución de la renta y la riqueza para mejorar el bienestar de los residentes mediante políticas fiscales óptimas», razona Sohag.



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