Solamente tenían 11 y 7 años, cuando por cosas de la vida se quedaron sin su mamá.

A una edad tan corta eso no se espera, ni se piensa,  pero por cosas de la vida pasa en cualquier familia.

Una tarde a la salida de la escuela, encuentra a su tía que la estaba esperando, cosa que la sorprende.

La tía la saluda, y le comenta que iba de visita a su casa y por ese motivo, cruza por la escuela y la espera.

Cuando llegan a la casa, no encuentran a ninguno de los integrantes de la familia, su hermano de siete años, ni a su papá, ni a su mamá.

A los veinte minutos de estar en la casa llega el papá, la saluda, y luego se sienta junto a ella para hablarle sobre lo sucedido.

Un momento muy difícil para ese padre, como explicarle a su pequeña hija, que su mamá, por cosas de la vida, ya no estaría junto a ellos.

Acongojado y en un profundo llanto que no pudo evitar, esforzándose y con las palabras que le salieron, le dijo a su hijita lo que había sucedido.

Para esa niña fue algo muy fuerte, algo que le costó entender, para ella era como que le estaba diciendo algo que no era verdad. Seguro esa dura realidad los marcará para el resto de sus vidas.

No podía aceptar que su mamá se hubiese ido para nunca más volver a estar con ella.

Se abrazó a su papá con mucha fuerza, y se reveló a que lo que estaba escuchando fuera una realidad, pero por cosas de la vida, realmente era una dura realidad que la sacudía sin piedad.

Tan pequeña, tan indefensa y con tan poca vida, el destino la hacía ser partícipe de un gran dolor, el dolor más fuerte que hay para una criatura, perder a su mamá. La tía que era la hermana de su mamá, abrazaba a ese padre y a esa hija que desconsoladamente lloraba por una pérdida irreparable, un hecho que jamás hubieran querido vivirlo, pero por cosas de la vida la desgracia golpeó a esa familia.

Se fue con su papá y su tía al sepelio de su mamá, allí encontró a su hermanito, y a muchos rostros conocidos.

Abrazó a su hermano que estaba con su abuela materna, y juntos lloraron la pérdida de esa madre que por cosas de la vida el destino se los había arrebatado.

Esa noche, cuando ya estaban en la casa, los tres se sentían perdidos, a pesar que en la casa había más personas. Ese padre se preguntaba cómo serían sus vidas sin ella, de que manera llevarían adelante sus vidas, como hacer para evitarles tanto sufrimiento a sus dos hijos. No sabía qué hacer, veía todo oscuro, sentía que sus vidas no tenían futuro, pero se decía a sí mismo que no podía caer, era consciente que sus hijos en ese momento, y de ahí en más, iban a necesitarlo más que nunca.

Daba pena ver a ese padre y a esos hijos, sabía que el dolor por mucho tiempo los iba a acompañar en las cosas de la vida.

La abuela materna y el abuelo se fueron a vivir a la casa de ellos, tenían que acompañarlos, no podían dejarlos solos en un momento tan duro para ese padre y sus dos hijos. La vida de ellos cambió rotundamente, solo les quedaba esperar que el tiempo ayudará aliviar ese dolor tan profundo.

Ese padre no tenía ganas de seguir adelante con su vida, pero entendía que a sus hijos, les tenía que dar a entender lo contrario.

Él debía cumplir con el rol de madre y padre, tenía que velar por ellos, tenía que hacer que ellos se sintieran protegidos, debía esforzarse para que no sintieran tanto la falta de esa madre, algo muy difícil, pero haría lo que fuera por no ver a esos niños con tanto sufrimiento. Ese padre se preguntaba porque a ellos les tenía que suceder algo así, pero pienso que en su interior entendía que eso es parte de las cosas de la vida.

Seguirán sus vidas sin ese ser tan amado, ese ser que había partido al más allá, y que para ellos era alguien que los acompañaría por siempre en todas las cosas de sus vidas.

Quiera Dios los ayude y los ilumine, para que lleven una vida con mucho amor, y comprensión de todos los que los rodean, y que esos niños aprendan a vivir sin ese ser tan importante en sus vidas, que un día, por cosas de la vida el destino les arrebató tan bruscamente.



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