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Si el narco Hugo Pereira se escapó cruzando dos alambrados y zafando de los perros, la responsabilidad sería de los soldados que custodian la guardia perimetral.
En cambio sí salió caminando por la puerta principal, la responsabilidad es de la policía.
Esa es la cuestión a dirimir y por la que hoy hay un entredicho entre Javier García y Luis Alberto Heber.
Con la información disponible todo apunta a una fuga acordada.
¿Las razones? Pues deberá investigarlas la justicia.
Veamos algunos datos:
Pereira, un capo narco, con 15 antecedentes penales cumplía tareas como mozo del casino de oficiales en el Comcar.

Se escapó varios días antes de que la fuga tomara estado público.
Su entrega parece haber sido acordada. Lo ubican muy tranquilo en un bar muy concurrido ubicado en 18 de Julio y Gaboto. Después que hiciera una llamada telefónica, llegaron al lugar dos patrulleros, sin sirenas abiertas. Uno estacionó junto a la vereda y otro de punta frente a la entrada del bar. Los policías descendieron sin armas en la mano, Pereira salió y subió a una de las patrullas tal y como si lo hubiera ido a buscar un amigo.
La primera versión del ministro Heber a través de Twitter fue que había salido por la puerta del establecimiento carcelario.
En las últimas horas la corrigió, seguramente con información aportada por jerarcas del Ministerio, y dijo que «había salido cortando alambradas».
Esta versión tendría dos efectos: salvar la responsabilidad policial y poner a la LUC en acción. Ya que antes un preso que se fugara sin provocar daños o lesiones a terceros era recapturado sin consecuencias. Pero con la LUC se agrava su situación penal.
Pero esa versión traslada la responsabilidad al ejército, ya que son soldados los que vigilan el perímetro. Y además como «habría» cortado dos alambrados, se produjeron daños a la propiedad.
Como hay denuncia penal, por primera vez en la historia se deberá reconstruir una fuga.
Será muy interesante ver a un hombre de 60 años y con graves problemas cardíacos, cruzan dos alambrados de tres metros de altura y huir de los perros que vigilan el espacio entre alambradas.
Si no lo logra, la justicia deberá investigar la corrupción policial.

 

Nota de Redacción: En un país serio, el Inspector Luis Mendoza ya no estaría en el cargo hace mucho tiempo.

 



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