Es docente de secundaria, pero desde hace un año, con la pandemia, incursionó en el trabajo sexual y la comercialización de material audiovisual con contenido erótico mediante diferentes redes sociales y aplicaciones, como Instagram y Telegram. “Fotos, videos, sexting (chat hot) y encuentros”, así enumeró  los servicios que ofrece y que, actualmente, son su única fuente de ingresos. “Trabajo de esto”, afirmó Hetaira, nombre ficticio que utiliza en las redes sociales y que pidió dar a conocer.

“Hetairas eran las cortesanas en la Antigua Grecia. Una mezcla de prostituta e intelectual. Además de saber las artes sexuales, los clientes podían hablar con ellas de cualquier tema. Hay mucho intelecto de calle en las putas”, explicó sobre su alias. 

Le contó a Caras y Caretas que el dinero que percibe “varía todos los meses”. “Tampoco diría cuánto gano, es poco, a veces me da para vivir y otros meses ando más apretada”. Las tarifas, explicó, “dependen de lo que pidan los y las clientes, de la duración del video o sexting y de las prácticas a realizar”. “Trato de chequear con otras compañeras para no cobrar ni muy barato ni muy caro”. Sobre la clientela, detalla que son hombres, mujeres y más que nada “jóvenes fetichistas”.

En su caso, trabaja por decisión propia y autónoma. “Hago todo sola. Me saco las fotos yo, las edito, lo mismo con los videos. Todo sola y también soy la que me promociono y hablo con los y las clientes”, contó. Tampoco paga por publicidad, sino que utiliza páginas que brindan la posibilidad de publicar contenidos de forma gratuita. De todos modos, dedicarse a la producción de contenidos, conlleva ciertos gastos: “Tenés que invertir en luces, lencería, juguetes sexuales, maquillaje, un celular, una computadora para editar. Aro de luz. Es mucha inversión”.

Es consciente de los riesgos de su trabajo y de que sus contenidos audiovisuales quedan en manos de la clientela  y que pueden terminar en poder de personas que no pagaron por ellos, pero no se mostró afectada al respecto. “Ese es el riesgo del trabajo virtual, pero bueno, si se los quedan, es porque les gustó y si lo difunden, al menos me hacen publicidad gratis”, comentó entre risas. 

Cuenta que la producción de los audiovisuales y “prepararse para la sesión” conlleva mucho tiempo, pero elige las libertades que le da. “Yo trato de grabar todos los días o día por medio y entre pensar ideas, prepararme para la sesión, acondicionar el lugar, y editar me llevará unas cinco o seis horas”. Si quisiera intercalar este trabajo con algún otro empleo o estudiar, no le daría el tiempo, pero no le preocupa porque ya estudió. “Prefiero este tipo de trabajo que me da más libertad”. 

Hetaira es una adulta que elige lo que hace, se muestra consciente de los riesgos y aconseja a quienes quieran iniciarse “que se informen bien”. “Acá hay leyes y también está el sindicato. Además de aprender técnicas para atraer clientes y demás. Yo, antes de empezar, hice todo un trabajo de investigación al respecto y me dio muchas herramientas. Si bien es un trabajo relacionado a la vulnerabilidad, desde la visión victimista, creo que está en nosotros, las personas que ejercemos esto, el demostrar que realmente valoramos y somos conscientes del servicio que brindamos”.

Nos contó que se comunicó un par de veces con la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras) y que en algún momento le gustaría sumarse. 

Sobre las dificultades a la hora de trabajar, la persecución policial y la violencia, dijo que no ha tenido problemas porque su trabajo es “mayoritariamente virtual”. “No estoy tan expuesta en la calle, como otras compañeras que son las más golpeadas. Igual en las redes no está la Policía, pero está la censura que es más o menos parecido”.

Hetaira asegura que nunca vivenció situaciones violentas o experiencias con personas agresivas, pero que se generan otro tipo de situaciones que requieren practicar el autocuidado. “Yo tengo poca paciencia y cuando veo que no me gusta la onda, o demora mucho en concretar, bloqueo enseguida. Más que agresivo lo que diría es acoso. Mucha insistencia para no pagar”. 

Sobre las denuncias de pornografía infantil en redes sociales y el caso de Operación Océano, confesó no tener mucha información al respecto, pero opinó que son casos se “de menores y abuso de poder”. “Cuando hablamos de trabajo sexual, en mi caso, me refiero a personas mayores a 18 años”. 

Hetaira asegura que se realiza regularmente los controles de salud exigidos para ejercer el trabajo sexual, algo que está comenzando a escasear con el auge de esta modalidad.

 

Regular vs. irregular

Si bien el trabajo sexual en Uruguay es legal, la modalidad virtual generó algunas dificultades que es necesario advertir. En diálogo con la presidenta de la organización Otras, Karina Núñez, explicó que la oferta de trabajo sexual por medio del espacio virtual ya existía, pero que “se aceleró con la pandemia”, debido a “un cambio de paradigma en la oferta de servicios sexuales”. Esta aceleración, señaló, trajo aparejadas dificultades, como por ejemplo, relacionadas los controles de salud inmunológica de las trabajadoras. “La mayoría personas que antes iban al médico regularmente, ahora no lo hacen porque nadie controla el medio virtual”. Otro de los problemas es que al no existir monitoreos, para “quienes manejan los hilos de explotación a mujeres, este tipo de negocios, se vuelve más redituable”. “Las trabajadoras quedan expuestas a un desgaste corporal mayor porque pueden atender el doble de clientes que antes”.

Por otro lado, Núñez asegura que con la virtualidad, el trabajo sexual “se ha visto menoscabado por el monto de cobro de los servicios: “Al estar saturado el mercado, hay más oferta que demanda”. 

Por otro lado, sostiene que con la modalidad virtual se amplía más la brecha entre trabajadoras sexuales y prostitutas. “Si no tenés libreta de trabajadora sexual, para la Constitución uruguaya uruguaya sos prostituta. Si bien no es ilegal prostituirse, la potestad de sujeto jurídico te la da la libreta”. 

Sobre el fenómeno de Only Fans, plataforma donde las personas suben diferentes tipos de contenidos y cobran dinero, mediante suscripciones, a quienes quieran acceder al material, aseguró que es otro espacio donde se ofrecen servicios sexuales. “No es una plataforma solo para subir contenidos audiovisuales, es también una forma de captar la atención de clientes y luego la negociación se sigue haciendo por fuera o mediante otras aplicaciones como WhatsApp”. 

Con respecto a esta plataforma, Núñez explicó que además del trabajo sexual que ofrecen personas adultas de forma consciente, también existe pornografía infantil. “Es necesario que madres y padres presten atención a este tipo de plataformas.  La falta de controles facilita que cualquiera pueda hacerle un perfil a una menor y esta problemática vulnera más a las mujeres pobres y menores de edad”. 

 

El fenómeno de Only Fans

Only Fans es una red social solo para adultos que nuclea dos perfiles: personas creadoras de contenidos y  fans (fanáticos, admiradores, seguidores). Las creadoras comparten imágenes y las fanáticas pagan por acceder a esos contenidos. Si bien en esta plataforma conviven perfiles y contenidos de todo tipo (artistas, chefs, referentes de fitness, etc.) se utiliza, mayoritariamente, para compartir videos sexuales y eróticos de cualquier nivel. Esto sucede porque, a diferencia de las redes sociales convencionales, esta plataforma no solo censura estos contenidos, sino que los monetiza. 

En diálogo con Marcelo Pereyra, experto en tecnologías de la información, exfuncionario de Interpol, remarcó que estas plataformas se impulsaron gracias a la pandemia, pero ya existían. “Así como Zoom explotó para el trabajo, para la parte ́llamémosle didáctica explotó Only Fans, sobre todo para lo sexual, ya que es una red que permite el intercambio de material de adultos y además te da la herramienta de monetizarlo”. “Esto se potenció con el tema de las cuarentenas: las personas que no podían salir de la casa buscaron otras formas de satisfacer sus deseos sexuales y así fue como explotó y se hizo más visible, pero no hay nada nuevo. También se suma que la gente va derribando tabúes y animándose a acceder cuando la situación se modifica”, agregó.

En relación a los peligros de esta plataforma, Pereyra explicó que “tiene el mismo riesgo que cualquier red social, que es la exposición y la falta de control de la información que subimos”. “Lo que sucede es que en plataformas como Only Fans, cuando se trata de contenido sexual, el peligro se potencia porque, al no estar regulado, y ser contenido de un interés mayor, por el morbo normal de la sociedad, después de que se sube la información, pasa a tener estado público y la persona que sube el contenido pierde el control. Eso está dentro de la reglamentación de la red social y es una advertencia a la que se le suele dar ´aceptar´ sin leer, pero lo que se está aceptando es que el contenido deja de tener carácter privado”. Esta situación deriva en que los contenidos pueden filtrarse hacia lugares donde la persona que los subió no quería, perjudicándola. “En Only Fans se sube contenido para tener un beneficio económico o para ganar seguidores y luego cobrar por los contenidos. Los riesgos aparecen cuando alguien, consciente o no, crea un perfil y sube material de otra persona, sin su consentimiento, mientras que esa persona no es participe ni se beneficia de ese material”. 

Consultado sobre qué tipo de controles de seguridad tiene la plataforma y cómo se pueden evitar las identidades falsas, Pereyra advirtió que existen controles, pero que “son fácilmente vulnerables”. “Para crear un usuario, como es necesario ser mayor de 18 años, el sistema te pide una foto de la cédula de identidad y si genera dudas, pide algún otro documento, que puede ser la libreta de conducir. Pero no deja de ser una foto y quien tiene la intención de vulnerarla, puede hacerlo con cierta facilidad y utilizando buenos editores de imágenes que existen hoy en día. Mandar una foto no hace que la plataforma sea segura. Hay menores que falsifican su edad para acceder y subir contenido y la plataforma no controla ese contenido”. 

Otro problema es que hay personas que envían datos de otras que, en muchos casos, nunca tuvieron un perfil en este tipo de plataformas y no saben ni lo que es, pero sus imágenes o vídeos terminan siendo distribuidos entre muchos usuarios. Esto se da mucho en personas que comparten vídeos o imágenes con contenidos eróticos o sexuales con alguna pareja o amigo y que luego alguien comparte y terminan en este tipo de plataformas donde una persona las sube para obtener un beneficio económico o simplemente para hacer daño”. “La persona adulta que lo hace entendiendo la situación y lo piensa como negocio, está perfecto. Lo grave es que metan a personas en algo que no tienen interés en participar. El problema es todo lo que sucede en paralelo a ese comercio: gente que no quiere estar ahí o menores monetizando contenidos cuando se entiende que la persona menor no es consiente plena de lo que está haciendo, por eso en ciertos casos, personas adultas firma por las menores”.

En síntesis, explica Pereyra, de acuerdo a la legislación de Uruguay no hay forma de regular sobre un servidor que está en otro país, como sucede con Only Fans. “La única forma seria que Antel prohíba el acceso para que ninguna persona se pueda conectar a ese sitio web desde Uruguay, pero no existe un interés del Estado porque se trata de una red que funciona de forma legítima. El problema es que hay gente que la usa de malas formas”. 

Sobre la posibilidad de hacer denuncias en esta red, el experto explicó que existe, pero que funciona mediante algoritmos y muchas veces “no llegan a buen puerto”. “No hay una persona que esté leyendo todas y cada una de las denuncias que se hacen en el mundo. Si queremos, por ejemplo, denunciar el perfil de una persona menor, es necesario que existan más denuncias sobre lo mismo. Si se reciben muchas denuncias, en un plazo de tiempo determinado, en algunos casos, el propio algoritmo da de baja el perfil o se le deriva el caso a un humano que controla el contenido para determinarla veracidad de las denuncias”.

Pereyra afirmó que en Uruguay es de público conocimiento que existen denuncias de pornografía infantil dentro de Only Fans. “Que existen perfiles uruguayos de menores es un hecho público y conocido, y que hay denuncias hechas también”. 

Según el experto, cualquier medio de comunicación puede ser utilizado para distintos fines y la clave no es dejar de usarlos, sino aprender a usarlos. “La herramienta más importante es la concientización. Los peligros en las redes sociales aparecen cuando no son bien usadas. Concientización sobre lo que son las redes en sí y sobre qué hacemos  con los contenidos que compartimos. Y no me refiero solo a fotos y vídeos con tenor sexual, sino a todo tipo de contenido, como fotos familiares o publicaciones indicando en qué lugar estoy. Todavía no hemos evolucionando lo suficiente en entender que no podemos regalar toda esa información. Ahí está la falla y en pensar que nunca te va a pasar”. 

 

 

 





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