Pobre Pablito Estramin, a pesar de cantar Morir en la Capital, un canto a la esperanza, una denuncia al poder que nos menosprecia hasta en el momento de morirse, debió morir en la capital.

Desde un repuesto de auto, hasta un colchón, pasando por el estudio de los chicos o la operación medio complicada o una estadía en un CTI; todos los ciudadanos del interior debemos depender de Montevideo.

Las administraciones de diferentes gobiernos nos han venido mintiendo descaradamente con la famosa y hasta tragicómica descentralización que hasta un día la escribieron y la plebiscitaron reformando la Constitución de la República.

Hicieron gárgaras con la Carta Magna, se llenaron la boca gritando en cada acto electoral en todos los rincones del país queriendo convencer a los “canarios” que todo iba a cambiar si votaban eso que tan lindo suena.

Pero los que soñamos una vez más somos la gente del interior del país, ciudadanos de cuarta categoría para los políticos mentirosos y prometedores que han manejado hasta la vida y la muerte de los seres humanos sin importarle en lo más mínimo.

No podemos dejar de reconocer que algo bastante similar pasa desde las capitales departamentales hacia el interior de los diferentes departamentos.

En todos los rubros pasa lo mismo, es el mismo esquema.

En la Salud es terrible, hay que ver las carencias casi inauditas que tienen    la mayoría de los Hospitales del Interior, pero da pena ver por ejemplo el Hospital de Minas de Corrales.

Las carencias son totales y entonces, en el Gobierno de Lacalle tuvieron la brillante idea de lograr que hubiera una ambulancia en cada centro de salud, para que LO TRASLADEN A LA CAPITAL.

Transformaron a nuestra Salud Pública en la mayoría de los centros de salud del interior en FLETEROS de pacientes.

Trasladaron y trasladaron a todo el mundo, ya sea un embarazo que venía mal, un niño que no le podían detectar cual es el motivo de una fiebre alta, la cosa era meterte dentro de una ambulancia y mandarte a otro lugar, preferentemente la capital del país.

Y que Dios te ayude. Porque ser trasladado a la capital representa un drama para la gente más humilde, que no tiene en donde parar, que no tiene dinero para comer, que no conoce nada, que pasa realmente mal y muchas veces es víctima de los engaños por desconocimiento.

Y muchos mueren, si, muchos no vuelven caminando, sino que vuelven a sus pagos en un féretro. Nadie es responsable, nadie parece darse cuenta, pero es así, la impunidad que cuenta muertes es algo que existió siempre y que nosotros, “los canarios” asumimos casi en forma sorprendente.

Los médicos en su gran mayoría son cómplices, no tengo duda, aunque suene fuerte.

Para estudiar también a pesar de haber cambiado de siglo, de disfrutar la era de la computadora, de la Internet, seguimos atrasados decenas de años.

Para una carrera Universitaria los hijos de los pobres no pueden ir a Montevideo.

Los pobres tienen que ir a una pensión, a un barrio peligroso, andar en ómnibus, cuidarnos de los chorros, de los arrebatos, andar de noche por las calles y lo peor…alejarnos de nuestra familia, de nuestros padres, hermanos, amigos vecinos.

Los que llegan en esas condiciones a recibirse de Abogados, Médicos, Escribanos, simplemente son fantásticos exponentes de lo que significa el coraje y la voluntad de la gente del interior.

Siempre andamos atrás, siempre tiene que haber mas esfuerzo, siempre mas dificultades y son muchos, pero muchos los chicos que se vuelven, que no se adaptan y regresan a sus pagos para no retornar y asumir la inferioridad en que tenemos que vivir a pesar de ser todos uruguayos y aparentemente iguales.

¿Y los derechos humanos de los que viven en el interior? ¿Se pueden violar impunemente?

Pero seguro que dentro de unos pocos años, otra ves la banda de mentirosos que quieren ir en busca de una banca legislativa, o quieren ser Presidente de la República nos falsea diciendo que hay que descentralizar y continua con todos los versos que tuvieron de autores a Sanguinetti, a Lacalle, Vázquez, Mujica y aparece de nuevo Vázquez.

Nos parece que tenemos un Presidente sordo, que no escuchó, que solo fue a buscar votos, prometer todo, criticar todo lo que hacían los otros y luego que logró éxito con ese engaño colectivo, está haciendo muchas cosas igual o peor que lo hacían los delincuentes del Frente que nos gobernaron antes.

Ahora volveremos a tener tiempos electorales, y las promesas y proyectos son algo común.

Debemos atender promesas que realmente ya hemos escuchado durante décadas.

Mentirosos patológicos, que muchos de ahora, son los hijos de los de antes.

Espero que los uruguayos tomen conciencia de la realidad, y no se dejen atropellar por unos parásitos que solo quieren su bienestar personal.



Fuente